El hotel de las navidades imposibles CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

LA LLAMADA DE ALICIA

VERA

Alicia espera hasta que estoy sola para enseñarme sus cartas.

—Altura ha hecho una propuesta formal a Lumen —dice por videollamada—. Quieren que auditemos activos en el Pirineo.

—Los Abetos es un cliente actual.

—Por eso legal está revisando el conflicto.

—No hay nada que revisar. No podéis aceptar mientras trabajemos para los Valdés.

—No dramatices. Las líneas de equipo estarían separadas.

—Compartirían dirección.

—Vera, no seas ingenua. Si el hotel no es viable, se venderá. Nuestro trabajo puede facilitar una transición ordenada.

Miro la puerta del despacho. Leo está reuniéndose con Tomás en mantenimiento. Nadie oye.

—El hotel tiene una vía viable.

—Aún no has enviado el modelo.

—Lo enviaré cuando esté revisado.

—Envíalo hoy.

—No.

El silencio de Alicia dura varios segundos. Nunca le he dicho que no de esa manera.

—¿Está pasando algo que afecte a tu objetividad?

Mi cuerpo recuerda la cama de Leo, su boca, el café sin azúcar. La culpa llega antes de que responda.

—Estoy alojada en el apartamento familiar por un problema de disponibilidad. Lo documenté.

—No te he preguntado eso.

—No hay nada que altere mis cifras.

No es una mentira exacta. Las cifras son correctas. Yo ya no soy neutral.

—Necesito un borrador mañana —dice—. Incluye un escenario de venta.

—Incluiré todos los escenarios relevantes.

—Y no compartas información de Altura con el cliente.

—Los Valdés son el cliente.

—Por ahora.

Cuelga.

Paso una hora revisando el código ético de Lumen. Debo declarar cualquier relación personal que pueda percibirse como conflicto. No existe una cláusula que explique qué hacer cuando una se acuesta con el propietario después de reparar un transformador.

Podría pedir que me sustituyeran. Llegaría otra persona sin contexto, probablemente cuando el banco ya estuviera decidido. Podría terminar el informe y contárselo a Alicia después. Eso protege el proyecto y compromete mi posición.

Leo entra con una carpeta.

—Tomás ha calculado mantenimiento para el cierre parcial. ¿Qué pasa?

—Nada.

—No pongas esa cara y digas nada.

—Alicia quiere un borrador mañana.

—¿Y?

—Falta información.

—¿Altura?

—Han propuesto contratar a Lumen.

La calidez desaparece de sus ojos.

—¿Habéis aceptado?

—No. Legal lo estudia.

—¿Y tú sigues trabajando para ellos?

—También trabajo para vosotros.

—No se puede estar en ambos lados.

—Eso acabo de decirle a Alicia.

Leo camina hasta la ventana.

—¿Qué no me estás contando?

La respuesta debería ser: nuestra relación. Mi obligación de declararla. El riesgo de que Lumen me retire. Pero si se lo digo ahora, creerá que debe apartarse para proteger el informe. Quizá tenga razón.

—Nada confirmado —respondo.

Él se vuelve.

—No te he preguntado qué está confirmado.

—Alicia quiere un escenario de venta. Lo incluiré porque es profesionalmente necesario, no porque lo recomiende.

—Quiero ver el borrador.

—Lo verás cuando esté listo.

—Soy el cliente.

—Inés firmó el contrato y yo conservo independencia sobre conclusiones.

—Qué conveniente.

—No hagas esto.

—¿Qué?

—Convertir el miedo en una acusación.

Leo aprieta la carpeta. Después la deja sobre la mesa.

—Esta mañana me pediste que no te escondiera cosas.

—No escondo nada que afecte al hotel.

En cuanto lo digo, sé que he elegido mal las palabras. Nuestra relación afecta al hotel, al menos al modo en que Alicia juzgaría mi trabajo.

—Bien —dice—. Entonces confiaré en ti.

Sale.

No hay triunfo en haber evitado la conversación. Solo un plazo nuevo.

Abro el borrador y trabajo hasta que las letras se mezclan. En el escenario de continuidad, el hotel mantiene la plantilla, cierra un ala en días de baja demanda, renegocia deuda y desarrolla experiencias. En el de venta, Altura paga más de lo que la familia debe y elimina casi todos los puestos.

Objetivamente, uno es seguro para el patrimonio de los Valdés.

El otro conserva su vida.

Al subir, Leo duerme. Me tumbo a su lado sin despertarlo. Su mano me busca por costumbre y se apoya en mi cintura.

Mañana diré la verdad, decido.

Es una promesa peligrosa: se parece demasiado a todas las que esperan un momento más cómodo.