El hombre amable (Freeman 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

Greck volvió al aula con una carpeta mucho más fina que los otros días.

Esta vez no llevaba el cuaderno grueso.

La dejó sobre la mesa.

—Hasta ahora hemos hablado de crímenes que ya habían ocurrido.

Abrió la carpeta.

—Cuando estaba recopilando material para mi primer libro, tuve la oportunidad de obtener el diario de un hombre al que llegué a entrevistar.

Levantó ligeramente las hojas.

—Os he dicho varias veces que un crimen no empieza cuando aparece una víctima.

Miró la primera página.

—Empieza mucho antes.

Y comenzó a leer.

Cuaderno — Sujeto número once

Primera observación

Martes.

Centro cultural.

15:16.

Estoy aparcado enfrente, al otro lado de la calle.

Desde aquí veo la entrada principal y la parada de autobús. Es suficiente.

La puerta del centro cultural se abre cada pocos minutos.

Sale gente.

Una mujer mayor con una bolsa de tela.

Dos hombres. Uno fuma antes de llegar a la acera.

Una pareja se queda junto a la entrada. Hablan un rato. Desde aquí no puedo oírlos.

Se van.

Espero.

15:41.

Sale ella.

La veo enseguida.

Altura media. Delgada. Pelo oscuro, por debajo de los hombros. Vestido claro. Bolso pequeño.

Se queda unos segundos en los escalones.

Mira hacia la calle.

Baja.

No se despide de nadie. Nadie sale detrás de ella.

Sola.

Cruza hacia la parada de enfrente.

Hay seis personas esperando.

Ella se coloca en un extremo, dejando un pequeño espacio entre ella y los demás.

No consulta ningún horario.

Se aparta el pelo de la cara. La humedad vuelve a pegárselo a la mejilla y vuelve a apartarlo.

15:47.

Pasa un autobús.

No se mueve.

15:51.

Llega el 28.

Se acerca a la puerta antes de que el autobús termine de detenerse.

Conoce la línea.

Sube.

Espero a que cierre las puertas.

Arranco.

Dejo un coche entre el autobús y yo.

Primera parada.

No baja.

Segunda.

No baja.

En la tercera el semáforo cambia antes de que yo llegue. El 28 cruza y yo me quedo detrás.

No importa.

Sé por dónde va.

Lo recupero dos calles después.

Cuarta parada.

No baja.

Quinta.

Tampoco.

A partir de aquí hay menos tráfico.

Tengo que dejar más distancia.

Sexta parada.

No baja.

Séptima.

Sigue dentro.

Dejo de contar las paradas y empiezo a memorizar el recorrido.

El centro queda atrás.

Menos tiendas.

Más bloques.

Aparcamientos.

Canales estrechos entre algunas calles.

Agua oscura.

El 28 gira dos veces y entra en una zona que no conozco.

Lo dejo alejarse un poco.

Durante unos segundos lo pierdo detrás de una fila de coches.

Después vuelve a aparecer.

16:18.

El autobús se detiene.

La veo bajar.

Ella.

Sola.

Paso de largo.

No puedo detenerme justo detrás del autobús.

La veo por el retrovisor mientras sigo avanzando.

Camina hacia el interior del barrio.

En la siguiente esquina giro.

Después otra vez.

Busco una calle paralela.

Tardo demasiado.

Cuando vuelvo a verla está más adelante.

Reduzco.

Bloques de viviendas. Pocos comercios. Coches aparcados a ambos lados. Palmeras bajas junto a la acera.

Ella camina deprisa.

Desde el coche parece pequeña entre los edificios.

No mira hacia atrás.

Paso junto a ella.

No la miro al pasar.

Sigo hasta el final de la calle y giro.

Cuando regreso, ya no está.

Miro las entradas.

Nada.

Las esquinas.

Nada.

Podría aparcar y buscarla andando.

No lo hago.

16:27.

Hasta aquí.

No necesito saber dónde vive hoy.

Sé dónde baja.

Eso basta.

Puede vivir aquí.

Puede venir a ver a alguien.

Puede trabajar cerca.

Una sola tarde no demuestra nada.

Repaso antes de marcharme.

Martes.

Centro cultural.

Salida: aproximadamente 15:40.

Sola.

Bajada: 16:18.

Zona de bloques.

Camina desde la parada hacia el interior del barrio y desaparece.

La próxima vez volveré al centro cultural.

Mismo día.

Misma hora.

Si vuelve a aparecer, empezaré a tener algo.