Capítulo 36
Capítulo Treinta Y Seis
L a Guardiana de los Hilos se sobresaltó. La estabilidad de los Hilos había mostrado una señal inequívoca, una alteración del frágil equilibrio que sostenía la unión entre A’aru y el mundo humano.
Se encontraba sola en un amplio balcón de su palacio, mirando el cielo nacarado y el horizonte infinito de A’aru, cuando se percató. Duró solo un par de minutos, pero no tenía duda: un Hilo de Plata estaba comportándose de forma anormal.
Considerando los eventos recientes y la amenaza que se cernía sobre ellos, debía ser especialmente cuidadosa a la hora de decidir cómo actuar. Alzó la mirada hacia el complejo entramado de miles, millones de Hilos Plateados que se cernían sobre ella.
¿Quiénes eran?
¿Quiénes osaban alterar el sagrado equilibrio que ella había impuesto?
Lívida, comprobó la identidad de los culpables.
—Eres tú de nuevo, Aldana… —murmuró con los dientes apretados. No le importaba lo que dijera el Guardián del Olvido, ella era una amenaza creciente. Si había alguien que pudiera precipitarlos al vacío, era esa vil A’aruin.
Con decisión, cruzó el umbral del ventanal hacia su salón, pero, en lugar de llegar ahí, se encontró en medio de un jardín en el mundo humano. Una mujer joven estaba despertando sentada en una banca y se miraba las manos, como si las viera por primera vez.
Era Aldana, sin duda. Aunque humana, extrañamente mostraba una apariencia que, de cierta manera, evocaba su forma ancestral.
Se acercó recelosa, examinando el Hilo de Plata que brillaba con total normalidad en esos momentos. Su A’aruin no se veía por ninguna parte, lo que le pareció especialmente sospechoso, ya que de seguro él también había notado la anomalía.
La joven levantó la vista y la Guardiana de los Hilos se sobresaltó. Por un segundo, pensó que la estaba mirando de frente, pero al verla continuar contemplando el jardín con indiferencia, asumió que solo había sido una coincidencia.
Revisó el Hilo con cuidado. Sacó de su bolsillo un cristal que le permitía ver el tejido interno con detalle. Se sorprendió al notar que ese Hilo, en particular, se mostraba firme, sano y estable. Sí, sin duda era un Hilo Pilar. Uno de los hilos de linaje más antiguo de A’aru.
¿Cómo no lo había notado antes?
No quedaban muchos de esos. La fortaleza de esos Hilos hacía que actuaran como columna vertebral en la unión entre A’aru y el mundo humano. Cortarlo amenazaría la arquitectura completa del sistema.
Quizás por eso el Guardián del Olvido defendía tanto a esa niña. Seguramente, conocía su linaje anterior al Nuevo Orden y asumía que tendría un Hilo Pilar.
Hizo rechinar los dientes, molesta. Cortar ese Hilo de Plata, por el momento, no parecía una solución razonable. Tendría que seguir observándola para entender qué había ocurrido.
Se preparaba para marcharse cuando lo sintió.
Su agudo instinto la alertó sobre un peligro invisible, pero latente: había Sombras acechando el lugar.
Se volteó, dispuesta a acabar con ellas de forma inmediata, antes de que otra Grieta pudiera fisurar el plano humano, cuando notó un leve gesto de la mano de la joven en dirección de donde ella podía sentirlas.
Estas se retiraron, dóciles y sin dejar rastro.
El Hilo de la joven nunca alertó que estuviera en peligro.
No podía ser… ¿se lo habría imaginado?
* * *
Despertó al día siguiente sintiéndose extrañamente lúcida.
Evocaba su encuentro con Alderian de manera recurrente mientras se preparaba para salir.
Volver a su vida normal se sentía, en cierta forma, insípido y vacío.
Quizás por eso Alderian le había advertido de los peligros de adentrarse demasiado en el mundo de los sueños.
Por otro lado, sabía que estaban jugando a un juego peligroso. La visita nocturna de esa mujer le sugería que no estaban pasando del todo inadvertidos.
Revisó rápido su correo electrónico antes de salir de casa. Un mensaje llamó en especial su atención: se trataba de una invitación a participar en un podcast conocido en el medio por hacer divulgación científica. Abrió el mensaje, incrédula, mientras leía su contenido.
Muy estimada Srta. Augustine:
Hemos seguido con gran interés el desarrollo de su canal de YouTube y vemos con buenos ojos cómo aplica usted principios científicos sofisticados para desarrollar sus ideas. Nos encantaría tenerla como invitada en uno de nuestros programas en el podcast Ciencia Cotidiana …
El correo continuaba dando detalles de fechas y direcciones, pero Augustine no siguió leyendo. Dio un gran grito de emoción y tiró de su Hilo de Plata con urgencia.
—¿Qué pasó? —Alderian jadeaba, parecía que había estado haciendo algún tipo de deporte a juzgar por el sudor de su frente.
—¡Me han invitado a un podcast que amo! Siempre los menciono en mis videos, ¡no puedo creer que se hayan fijado en mí!
—Tonta, me asusté —reclamó él, pero sonreía ampliamente mientras revisaba con ella el correo—. Es pronto, ¿te sientes preparada?
—¡Claro que sí! Los programas son de conversación, no es nada que no pueda responder.
—Qué famosa eres —bromeó Alderian.
Pocos minutos después salió de casa y se encontró con un escenario inusual: una docena de A’aruin se encontraban apostados en su antejardín.
Le fue difícil disimular ignorancia y no intentar esquivarlos mientras caminaba hacia la salida.
De reojo, pudo notar que los atuendos de los invitados eran distintos: parecían guerreros, con elegantes armaduras plateadas y un aspecto estoico que transmitía respeto. No se trataba de A’aruin ordinarios.
—¿Qué está ocurriendo? —preguntó Alderian detrás de ella. Augustine se sorprendió de la jerarquía que transmitía su voz. Notó que tenía sus alas negras visibles y que había adoptado una postura aguerrida.
Augustine comenzó a organizar algunos maceteros del jardín con disimulo, a la vez que revisaba su celular, deseosa de escuchar la conversación.
—Tenemos a esta humana bajo vigilancia por instrucción del Alto Consejo —respondió el A’aruin de mayor rango—.
Anoche se produjo una actividad atípica en alguno de los Hilos de la zona, por lo que debemos mantener la vigilancia activa sobre ella y los humanos vinculados a ella por sangre hasta que el Consejo no decrete lo contrario.
¿Se referían acaso a su familia?
Augustine no necesitó escuchar más para entender que lo que estaba ocurriendo se relacionaba con su encuentro con Alderian y la visita de esa mujer. Una sensación de opresión en el pecho la invadió, una especie de rabia visceral al sentir que intentaban controlar su libre albedrío.
—He visto estas redadas antes. Someten a los miembros de un clan específico a una presión tal que finalmente alguien termina delatando y proceden al corte de los Hilos.
—La voz de Alderian se oía firme, exigente—.
Es una medida coercitiva que ha terminado con inocentes injustamente acusados y castigados.
—¿Te opones a la instrucción del Alto Consejo?
—Exijo ser recibido por el Alto Consejo para revocar esta medida.
El A’aruin sostuvo la mirada de Alderian durante algunos segundos, hasta que terminó por ceder y bajarla. Asintió en silencio y desapareció. Alderian partió tras él.
Augustine transpiraba frío mientras escuchaba la tensa discusión.
Deseaba golpear la mesa y confrontar a esos intrusos, pero intuía que debía dejar el asunto en manos de Alderian.
Lo que le daba mala espina era que estaba segura de ser la principal sospechosa.
No en vano, esa mujer había examinado su Hilo de Plata con tanto esmero.
¿Qué pretendía entonces sometiendo a toda su familia a vigilancia?
Le preocupaba que los involucraran a ellos en algo de lo que eran completamente inocentes.
Salió de casa apurada, con todos los eventos de la mañana se había retrasado más de la cuenta. No se sorprendió demasiado al notar la seguían de cerca tres de los A’aruin.