El Hilo de Plata (El Legado de A’aru 1) Capítulo 24
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Capítulo 24

Capítulo Veinticuatro

L a cafetería del campus no estaba tan llena como de costumbre. Augustine vislumbró enseguida a Amanda y David sentados en un rincón y se acercó animada, pero apenas con un vistazo intuyó que su ánimo no era el mejor.

David tenía los ojos rojos, visiblemente afectado, con la cabeza apoyada sobre su brazo recostado sobre la mesa, derrotado.

—¿Qué pasó, David? —Augustine formuló la inevitable pregunta.

—Su novia terminó con él justo antes de terminar el fin de semana largo —explicó Amanda, sentada a su lado, mientras le propinaba palmaditas en la espalda a modo de consuelo.

—Lo lamento. —Augustine no sabía cómo consolar en esos casos. Se sintió torpe y también le dio algunas palmaditas en el brazo.

—¿Qué hacen? —Una voz a sus espaldas le dio escalofríos. Milán se sentó con ellos sin preguntar.

Augustine notó la mirada de desagrado de Milán al ver el contacto entre ella y David, pero no retiró su mano.

—Estamos teniendo una conversación privada, ¿podríamos hablar en otro momento? —respondió Augustine, mirándolo de frente.

Milán parecía contrariado, pero lo disimuló rápido.

—Por supuesto, me retiro… Veo que estás muy ocupada.

Augustine lo vio alejarse con una sensación de rechazo cada vez más punzante. Desechó sus pensamientos y se concentró de nuevo en David, quien no parecía haber notado nada y seguía con la mirada perdida.

—Bien hecho —la elogió Alderian sin quitarle la vista de encima a Milán mientras abandonaba la cafetería.

David les contó entonces lo sucedido: su novia había estado viendo a alguien más a sus espaldas; lo responsabilizó a él por no quedarse en la universidad de la misma ciudad donde vivía ella y, así, David agonizaba entre el impacto de la inesperada noticia y la culpa venenosa de haber podido hacer algo distinto.

—Bueno, siempre me pareció que tú estabas más enganchado a ella que al revés —declaró Amanda, tratando de animarlo—. Mereces estar con alguien que sí te valore realmente, alguien que vea el tipo genial que eres...

David no levantó la vista. Un largo silencio cayó sobre los tres.

—¿Sabes, David? —dijo Augustine con timidez—.

Aunque no tengo mucha experiencia, creo que el amor no tiene una única manera de existir…

Y un amor no cumplido es como una promesa rota, como una carta que no será jamás abierta.

Pero creo que, si le preguntas a alguien que ha amado si preferiría no haber vivido esa experiencia para evitarse el sufrimiento, quien verdaderamente amó se aferrará al recuerdo, aunque sea lo único que le quede.

Todavía es pronto, pero llegará el día en que tu corazón esté de nuevo preparado para volver a amar…

porque es una sensación grandiosa, ¿cierto?

David se incorporó y la miró con detenimiento. Sonrió apenas y dijo:

—Me hubiera ido mucho mejor teniendo una novia como tú.

—Si eres capaz de bromear en un momento como este, es que definitivamente estarás bien —respondió Augustine, sonriendo también.

Amanda lucía incómoda, como si hubiera interrumpido un momento íntimo que no le pertenecía.

* * *

Al día siguiente, el celular de Augustine se llenó de notificaciones. Pensó que eran de su canal de YouTube, aunque creía haberlos desactivado.

No. Eran de su perfil de Instagram.

Alguien la había etiquetado en una publicación en un foro anónimo de Confesiones de Campus y, al parecer, había causado gran revuelo a juzgar por la cantidad de comentarios que llegaron a lo largo de la noche.

Abrió la publicación y sintió que la sangre se le iba a los pies. Se sentó, incrédula, y releyó el texto.

En ese momento, Alderian apareció a su lado, visiblemente agitado.

—¿Qué pasó? Te sentí muy alterada hace un momento —preguntó con voz ronca.

No esperó la respuesta y se asomó por encima de su hombro. Augustine pudo escucharlo maldecir por lo bajo.

¿Conocen a Augustine de último año de Física? Se ve muy inocente y bonita, pero es una perra cualquiera, una puta fácil que se acuesta con cualquiera que le ofrezca. Incluso se metió en la relación de su supuesto amigo David y por eso él terminó su noviazgo. Si tienes novio, mejor cuídalo de ella.

Augustine estaba tan pálida que Alderian se asustó.

El teléfono empezó a sonar. Era David.

La joven temblaba, pero contestó la llamada.

—Augustine, no mires tu teléfono —fue lo primero que le advirtió.

—Ya lo hice.

El silencio al otro lado de la línea fue sepulcral.

—¿Qué quieres que haga, Augustine? Perdóname, no entiendo cómo pasó esto…

—No es tu culpa, ¿por qué me pides perdón? —Augustine estaba conmocionada, no podía evitar las lágrimas que caían por sus mejillas.

—Ya comenté en la publicación que no es cierto y pedí que bajaran el post, pero tú sabes cómo son estas publicaciones… tendrá su momento viral y pasará…

Augustine no era capaz de hablar.

—El problema es que alguien puso en los comentarios que tienes un canal de YouTube… Espero que no hayan llegado personas problemáticas ahí también…

Augustine sintió que se le paralizaba el corazón. Colgó rápido la llamada y fue a mirar su canal.

Ahí estaban; no muchos, pero sí varios comentarios malintencionados, llamándola de las formas más hirientes que pudiera imaginar. Había perdido cientos de seguidores en pocas horas.

—Deja el teléfono —imploró Alderian.

Augustine lo miró con ojos llorosos. Impotente, Alderian se arrodilló frente a ella, en un gesto que inútilmente intentaba secar sus lágrimas.

—Tengo clases ahora, ¿qué voy a hacer? En este momento solo quiero esconderme y que nadie me vea nunca más.

—¿Por qué ibas a esconderte tú? ¿Qué has hecho de malo? —respondió Alderian irritado.

—Es que no entiendo… No recuerdo haber hecho nada a nadie para que me hagan algo así… ¿Quién tendría tanto interés en mí como para hacer algo tan cruel?

Una idea demasiado horrible para ser real la paralizó.

¿Quizás Milán?

Augustine decidió seguir su rutina de siempre y así partió rumbo a la universidad.

Cuando llegó al campus, al principio todo pareció normal, pero la situación cambió en cuanto entró a la sala de clases.

El incómodo silencio y las miradas disimuladas se sintieron como agujas en la piel.

Se sentó en la última fila, lejos de David y Amanda.

Cogió su celular y escribió:

Es mejor que se mantengan alejados de mí… no quiero que los rumores los afecten a ustedes también , envió en el chat que compartían.

David levantó la cabeza en cuanto leyó el mensaje para buscarla. Cuando sus miradas se encontraron, pudo ver lo afectado que estaba él también.

—¿Más tranquila? —preguntó Alderian cuando ya todos ocuparon su lugar.

Augustine sacudió la cabeza levemente. Parecía a punto de ponerse a llorar.

Alderian tenía la mandíbula apretada.

—Quédate en clases tranquila, yo volveré antes de que termines.

Se sorprendió al escuchar que iba a dejarla, pero no pudo preguntar más.