El Hilo de Plata (El Legado de A’aru 1) Capítulo 23
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Capítulo 23

Capítulo Veintitrés

A lderian regresó a A’aru mientras Augustine se mantenía concentrada preparando nuevo material para su canal. No quería que dejara de vivir su vida cotidiana por él.

Sentía la presencia de Aldana con fuerza en su habitación. Había dejado las cartas encima de la mesa de apoyo, junto a una cama que casi nunca ocupaba.

Por un momento, pensó en devolverlas a donde pertenecían. Sin embargo, la curiosidad y la ansiedad lo habían estado comiendo vivo toda la mañana.

—Dejemos de jugar al gato y al ratón, amor mío —dijo, mientras tomaba los papeles y se sentaba al borde de su cama.

04 de febrero 2004

Nunca había intentado escribir una carta en A’aru…

Es una manera lógica de comunicarme contigo, Alderian, pero nunca antes lo había pensado. Me siento un poco absurda, porque es como intentar hablarte en un futuro que no nos pertenece.

Te he acompañado ya por veintitrés años humanos y no quiero romper demasiado las reglas hablándote de tu vida en esta dimensión, pero quiero que sepas que, en estos últimos años, te he visitado muchas veces en tus sueños. Demasiadas.

Tu compañía me da consuelo y nostalgia al mismo tiempo, ¿puedes creerlo?

Nunca hemos coincidido en A’aru, pero te extraño…

Hoy, una muchacha hermosa te invitó a salir… le dijiste que lo pensarías. Y te odié por pensarlo. Por considerarlo…

En nuestras últimas vidas me ha pasado con frecuencia y ya no sé cómo manejarlo. Siento que me vuelve loca pensarte con alguien más, ser testigo de que te enamores, de que te cases y que nunca sea conmigo.

¿Has sentido algo similar cuando me ves?

¿O solo me pasa a mí?

Aldana

Alderian levantó la vista de la carta y sonrió.

—Claro que no solo te pasa a ti, tontita —confesó mientras pasaba la página y se encontró con otra entrada.

10 de febrero 2004

Rechazaste a la chica que te invitó y me hiciste inmensamente feliz, pero sé que es una felicidad pasajera.

Me doy cuenta de lo inútiles que son mis sentimientos al pensar en todas las cosas que jamás haremos… Y, pese a todo, sé que hoy volveré a visitarte en tus sueños…

Aldana

Alderian miró al vacío después de terminar de leer ese breve mensaje.

Sabía que, a lo largo de los años y en las innumerables vidas de Aldana, él también la había visitado demasiadas veces en sueños, mucho más de lo que otros A’aruin solían hacer.

Se sintió un poco aliviado al descubrir que ella tenía la misma costumbre.

—Gracias por venir a verme, amor mío —susurró en voz alta, con el corazón apretado de la emoción. El anhelo que sentía en ese momento casi le arrancó las lágrimas. Tuvo que tomarse unos minutos para calmarse antes de seguir leyendo.

01 de mayo 2004

Hoy me pasó algo extraño cuando entré en Lethe…

Siento que tuve una especie de… recuerdo… No sabría describirlo, porque no tiene sentido.

¿Quieres que te lo cuente?

Era como un sueño que ocurría en el palacio donde vivimos… pero estaba lleno de gente, luces y… cómo decirlo… colores.

Era una fiesta y se celebraba que mis alas habían surgido. Eso significaba que ya había alcanzado la adultez. Todos lucían felices y yo me sentía en las nubes…

Era un sueño hermoso… pero lo más sorprendente es que, en medio de esa multitud, estabas tú.

¿Qué significado tendrá esta visión que me mostró Lethe?

Aldana

Alderian quedó pasmado ante esa revelación.

¿Lethe le había mostrado un recuerdo a Aldana?

Jamás había oído de algo semejante, pero, si provenía de Lethe, entonces no podía tratarse de una anomalía, sino de un regalo.

Le resultaba desconcertante, sobre todo, por el contenido de esa visión.

¿Gente en el palacio?

¿Una fiesta para celebrar que ella había alcanzado la adultez?

Nada de eso se parecía a las costumbres de A’aru, y no recordaba un solo día en que alguien más, aparte de él, hubiera estado allí.

Y, ciertamente, jamás había habido un día en que existieran colores ahí.

16 de julio 2004

Nuevamente sucedió…

Lethe me ha mostrado una nueva visión del día en que llegué a vivir en nuestro palacio.

Era un día… ¿soleado?

No tiene sentido, ¿cierto?

¡Pero había un sol en A’aru! Y se sentía caluroso. El jardín estaba lleno de flores de miles de colores, como un cuadro del mundo humano.

Te vi en medio del jardín, estabas entrenando con una espada junto a alguien más. Eras muy hábil…

Tus alas blancas lucían hermosas, como una aparición.

Cuando lo recuerdo, mi corazón palpita, me siento como una tonta…

Pero también me siento asustada. No me atrevo a contarle a nadie lo que me está pasando, parece una anomalía. Si hablo, me quitarán estos recuerdos… y, aunque sean solo visiones de Lethe, no quiero olvidar. No todavía.

Aldana

Alderian sacudió la cabeza y miró sus alas negras, grandes e imponentes, oscuras como las de un cuervo.

Aldana sabía que tenía alas negras, ¿quién no lo sabía?

¿Por qué, entonces, lo recordaría con alas blancas en esas supuestas visiones?

¿Habría, quizá, existido una época en que en realidad tuvo sus alas blancas como todos los demás?

Pero, si aceptaba ese hecho, debía asumir que los recuerdos de Aldana eran reales, y eso no tenía ningún sentido… ¿Un sol en A’aru?

Imposible.

Además, él jamás había empuñado una espada. No sabría cómo blandir una, aunque le dijeran cómo.

18 de julio 2004

Hoy has hecho algo imposible, Alderian.

Como humano, tienes muchos talentos, pero en uno en particular has destacado: el dibujo.

Hoy hiciste un bosquejo nuevo y, ¿sabes qué dibujaste?

Me dibujaste a mí…

¿Es que me recuerdas?

¿Puedo pensar que tú también piensas, aunque sea un poco, en mí?

Alderian contuvo la respiración.

¿Él la había dibujado?

¿La había recordado ?

Eso se parecía demasiado a la anomalía de Augustine para ser una coincidencia.

29 de noviembre 2004

Pareces deprimido, Alderian.

¿Qué te pasa?

Estás nostálgico y melancólico, como si algo te estuviera marchitando por dentro.

Cuando entro en tus sueños te ves radiante, feliz… pero no me compartes ninguna de tus preocupaciones.

¿Es que quizás mi continua intromisión en tu inconsciente te está haciendo daño?

Perdóname…

Perdóname, Alderian.

He sido tan codiciosa… me he preguntado tantas veces si podrías pertenecerme solo a mí… confiar solo en mí… mirarme solo a mí…

No debería tener estos sentimientos.

Perdóname.

Sin saberlo, él era un espejo de los sentimientos que ella ya había experimentado en el pasado. Esa contradicción (querer poseerla, consolarla, ser todo para ella y, a la vez, saber que no tenía permitido desearla de esa manera) lo hacía sentirse miserable.

Saber que ella se sentía de la misma forma no aliviaba su dolor.

¿En qué momento habían entrado en esa espiral en la que se perseguían mutuamente, como siguiendo un espejismo?

02 de febrero 2005

Siento que no puedo más.

¿Qué me está pasando?

Hoy tuve un «recuerdo» y ni siquiera estaba en Lethe.

Estos recuerdos me llenan de felicidad y de nostalgia en igual medida. Quiero llorar y romperlo todo… ¿Algo de lo que estoy viendo fue acaso verdad?

No parece posible, recuerdo un mundo que no se parece en nada a A’aru, excepto que sí es A’aru…

No tiene sentido, y no sé si quiero recordar nada más. Si se trata de un tiempo anterior a la memoria, al que no podemos volver, no quiero saber más…

Siento que me está rompiendo por dentro.

Una pregunta empezó a generarse en su mente. Una que todavía no llegaba a formular por completo.

—¿Quién eres, Aldana?

13 de febrero 2005

Alderian… ¿Qué haces?

¿Qué hago?

Hoy no me pude resistir y entré en tus sueños.

No me dijiste nada y me besaste, me besaste como siempre me imaginé… me dijiste que me necesitabas, aunque no sabías quién soy… Dijiste que serías mi escudo y mi espada, que me darías libertad. Me pediste que te permitiera acompañarme, a donde sea que yo tuviera que ir…

Sí, mil veces sí. Quédate conmigo… ámame…

Dime que todo lo que me dijiste esta noche es verdad y que sientes lo mismo que yo, aunque no lo entiendas, aunque no me recuerdes…

Mañana, enfrentarme a tu Olvido será más doloroso que hacerlo contra los recuerdos de nuestro pasado distante.

Todavía puedo sentir tus labios sobre los míos y el calor de tus manos en mi espalda…

Interrumpió la lectura, helado.

Había besado a Aldana en un sueño, mientras él era humano.

Quería decir que el beso que ese día le había robado a Augustine no era el primero que compartían. Ya antes, él mismo, y también en un sueño, había perdido el control.

No poder recordar lo volvía loco. Se puso de pie, tratando de entender lo que estaba pasando.

Debía de estar loco. Humano o A’aruin, sus sentimientos por esa mujer eran su mayor debilidad.

Miró las cartas y las guardó. Todavía quedaban un par de hojas sin leer, pero lo que había ya leído suponía más información de la que podía procesar.

Se descubrió a sí mismo queriendo volver al mundo humano, queriendo entrar de nuevo en los sueños de Augustine y terminar lo que ese día había empezado.