Capítulo 12
Capítulo Doce
A ugustine estaba sentada en su escritorio, concentrada en su ordenador. De fondo sonaba una canción de Billie Eilish que tarareaba con voz casi inaudible.
Una notificación iluminó la pantalla de su celular. Era Bruno con un mensaje cálido, casual. Resultaba evidente que él esperaba que lo considerara en serio y no tenía intención de dejar que su declaración se enfriara.
Tomó el celular para responder.
¿Puedes verme hoy? No estoy en el campus, no tengo clases, pero podríamos quedar en el mismo café del otro día , escribió Augustine.
Un par de intercambios más y ya habían acordado los detalles.
Tiró tres veces de su Hilo de Plata y se presentó Alderian frente a ella. Tenía peinado el pelo hacia atrás, muy ordenado, dejando su frente despejada.
—Te ves muy bien así —lo halagó, espontánea. Alderian le sonrió en agradecimiento, acercándose al escritorio.
—¿Estás estudiando?
—Solo estaba ordenando mis referencias.
Cerró la laptop y dio vuelta su silla para mirarlo de frente. Alderian retrocedió un par de pasos y Augustine supo que con ese gesto estaba poniendo distancia entre ambos.
—Te llamé anoche… y no viniste.
—Lo siento, estaba cumpliendo con mis deberes... Debo sumergirme en las aguas de Lethe con cierta regularidad y no puedo interrumpir ese sagrado momento.
Alderian parecía haber practicado esa respuesta institucional.
—Entiendo, no era mi intención interrumpir.
—¿Hay algo que necesites? —preguntó Alderian con genuino interés.
—Quería pedirte un favor —respondió Augustine—. En un rato más me reuniré con Bruno… Me gustaría ir sola, si no es problema.
Alderian mantuvo su expresión gentil. Sonrió levemente sin pestañear.
—Seguro, no es problema. Puedes llamarme si surge algo… ¿Irás pronto?
—Voy a arreglarme y saldré. Gracias por entender.
Augustine se puso un primaveral vestido que acentuaba las curvas de su cuerpo. Con una cola de caballo y solo un poco de maquillaje, dejó la casa y a Alderian atrás.
El café se hallaba casi vacío. Cuando entró, Bruno ya estaba esperándola.
—Pedí un cappuccino para ti… recuerdo que bebiste eso la vez pasada —saludó sonriendo, visiblemente nervioso. Se había esmerado en su aspecto y Augustine tuvo que admitir que se veía muy apuesto.
—Gracias…
La conversación al principio transcurrió cómoda e informal. Se conocían lo suficiente como para tener temas en común. Cuando ya estaba a la mitad de su café, Augustine suspiró profundo.
—Quería verte para darte mi respuesta.
Bruno se inclinó hacia adelante, mirándola esperanzado.
—¿Sabes? Sinceramente, me ha tomado por sorpresa saber que me ves distinto a cómo verías a una amiga… —comenzó Augustine—. Nos conocemos desde hace varios años y hubiera podido jurar que nunca me ibas a ver como algo más.
—¿Por qué pensarías algo como eso? Es cierto que al principio solo te veía como una amiga, pero los sentimientos no tienen por qué permanecer estáticos en el tiempo.
Ambos hemos crecido y madurado en estos años…
he visto la mujer que eres y puedo imaginar la mujer en la que te convertirás.
Quiero estar ahí para verte y acompañarte mientras eso ocurre.
Augustine sonrió.
—Agradezco tus sentimientos hacia mí. Yo, por el contrario, no puedo decir que no te vea como algo más… Si soy honesta, cuando recién nos conocimos me gustaste mucho—confesó.
Bruno recibió la noticia con perplejidad.
—No me di cuenta…
—Me alegro… Trabajé muy duro para que así fuera. Eres un chico al que podría amar, sin duda.
Bruno hizo el gesto de alcanzar su mano, pero Augustine la retiró.
—Sin embargo, no estoy ahora mismo preparada para tener una relación —concluyó—. No quiero hacerte daño y, sobre todo, no quiero mentirte. Soy un desastre ahora mismo…
—Déjame ayudarte a salir de ese desastre —pidió Bruno.
—Ese es el mayor problema. No quiero dejar este desastre. Quiero ver qué tan lejos me puede llevar. Sé que no tiene sentido para ti lo que estoy diciendo… ni siquiera lo tiene para mí, pero ahora mismo no tengo espacio en mi corazón para ti.
Bruno sopesó sus palabras antes de responder.
—Dices que alguna vez tuviste sentimientos hacia mí y que soy un chico al que podrías amar… ¿No quieres siquiera intentarlo? Haré que olvides lo que sea que en este momento te impida tener un futuro conmigo. Sé que puedo lograr que lo olvides todo.
Augustine no respondió de inmediato.
—Quizás tengas razón, Bruno… pero no quiero que eso ocurra. Sobre todo, lo que menos quiero es olvidar.
Cuando llegó a casa, le sorprendió ver que Alderian seguía ahí. Encendió las luces y se dispuso a prepararse una cena liviana. Prendió la televisión y puso las noticias mientras cortaba los vegetales que metería en el horno.
Alderian se mantuvo en silencio y pensó que seguiría con esa extraña actitud que había tomado últimamente, pero al final lo escuchó hablar a sus espaldas.
—¿Ya eres novia de Bruno? —preguntó con un tono que se esforzaba por sonar casual, pero que Augustine percibió como forzado.
—Pensé que era un tema que no te interesaba —respondió sin voltear, concentrada en los cebollines.
—Me interesa —aclaró Alderian.
Augustine dejó el cuchillo en la tabla y giró para mirarlo de frente.
—No somos novios. Lo he rechazado —respondió sin rodeos. No tenía intención de jugar al tira y afloja con Alderian.
Él la miró largamente sin decir nada.
—Incluso ahora, parece que no tienes nada que decir —señaló Augustine mordaz—. ¿Tal vez te ha decepcionado mi decisión? Después de todo, Bruno es un buen…
—¿Por qué? —la interrumpió Alderian sin apartar la mirada ni responder a sus afilados comentarios—. Te gustaba antes, podrías volver a sentir algo por él sin esfuerzo, ¿por qué lo rechazaste?
—Me conoces lo suficiente como para saber la respuesta ¿En serio necesitas preguntar?
El silencio tenso entre los dos parecía quemar el aire.
—No juegues conmigo, Augustine… —advirtió Alderian en voz baja.
—No me siento especialmente juguetona en estos momentos —respondió ella.
El sonido del celular de Augustine los interrumpió. La llamaba Ana, una antigua amiga a quien no veía desde hacía algún tiempo. Dudó un momento en contestar, pero Alderian le dio la espalda.
—¡Hola! —saludó con aparente entusiasmo.
—¡Hola, Augustine! ¿Estás ocupada?
—No, para nada. Estaba por comer algo. ¿Cómo va todo?
—Bien, todo fenomenal. Por cierto, vi el último video que subiste, ¡tiene muchísimas reproducciones! Te felicito.
—Gracias, cada día es más difícil mantener la regularidad en mis publicaciones y ya no sé cómo crear más ideas. Estoy seca.
Escuchó a Ana reír al otro lado de la línea.
Se pusieron de acuerdo para juntarse para tomar un café ese mismo fin de semana, de cuatro días libres. Ana quería que se reunieran también con Kathy, como en los tiempos de la escuela.
Sería bueno cambiar de aires, para variar.
Dejó el teléfono a un lado y se acercó a Alderian, que seguía dándole la espalda.
—Si necesitas que lo diga, lo rechacé porque estoy hecha un desastre ahora mismo…
y, en parte, es debido a ti. No me digas nada, porque sé que tu vives mi anomalía y nuestro vínculo de otra manera, pero yo soy una simple humana que quiere seguir al lado de cierto A’aruin, aunque eso signifique violar las leyes de A’aru.
No cabe nadie más entre tú y yo… no para mí, al menos.
Al ver que Alderian no decía nada, se acercó y se puso frente a él. Estaba con los ojos cerrados, como meditando profundamente. Ya no tenía puesta esa máscara de indiferencia que tanto la irritaba.
—Que así sea, entonces —declaró Alderian, abriendo los ojos e inclinándose hacia Augustine hasta quedar a sólo centímetros de ella —. Seremos solo tú y yo a partir de ahora. Si eres un desastre, seremos un desastre juntos.