Cadarsia
Gaelos no respondía a su llamada y eso le extrañaba, pues siempre había acudido sin tardanza. ¿Qué estaría tramando? Shanarás no tenía tiempo para preocuparse de ella.
Caminó entre las calles húmedas y entró en la biblioteca.
El pesado ambiente lo asfixió, las paredes se desgranaban a su paso y llenaban de un fino polvo las estancias, como si Lumiatz quisiera enterrar el edificio con ella dentro y convertirlo en su tumba.
La sala dónde ella residía estaba en penumbras, la chimenea apagada.
Tardó en localizar a su hermana, tendida sobre las frías baldosas.
Tenía el cabello extendido alrededor a modo de corona y sus manos se engarfiaban sobre el pecho.
Shanarás pisó sobre los cristales en los que habían quedado reducidas todas las vitrinas.
Olía a papel quemado. Los muebles se encontraban destrozados, con profundas marcas de garras.
Los per gaminos que una vez rescatara Trivaz habían sido reducidos a ce nizas.
La dama roja ignoró la presencia de Shanarás un buen rato.
—Menudo desastre has organizado, pensaba que ansiabas la muerte del dárico, ¿no deberías estar feliz? —Shanarás se inclinó un poco sobre ella.
—El maldito se ha marchado en paz, sin arrodillarse ante mí. —Le brindó una mirada gélida, sus pupilas azules parecían dos piedras oscuras—. Me ofrecí para luchar a su lado en el Vacío, ¿cómo se ha atrevido a irse antes? Debía agradecérmelo.
—Una vez te dije que tu obsesión por él acabaría contigo —le recordó él.
Los dedos de Lumiatz se crisparon sobre la tela del vestido. Volvió a cerrar los ojos para ignorar la presencia de su hermano. Él movió el sombrero frente al rostro de la dama roja y se enfrentó una vez más a su ominosa mirada.
—¡Márchate de una vez! —le gritó ella con rencor.
—¿Y dejarte en este estado tan lamentable?
Ciertamente debería, pero creo que serás más útil si cumples tu palabra y vas al Vacío.
—Shanarás se colocó el sombrero—. Nuestra hermana Khaleria irá, no hay duda.
Ya no es el dragón plateado de antaño, tan solo un vestigio del pasado encerrado en forma humana.
Le vendrá bien tu ayuda. Nos queda por delante una larga existencia, siempre y cuando venzamos a los Olvidados.
—Le tendió la mano—. Acabemos juntos con esto de una vez y comencemos de nuevo.
Creyó que ella se negaría. Sin embargo, Lumiatz aceptó y se incorporó del suelo con su ayuda.
Les quedaba un arduo camino por delante, pero esta vez no se quedarían al margen de los acontecimientos.
Shanarás apoyaría la lucha contra kalastys y dragones, y Lumiatz combatiría al lado de Alhanna.
Al menos, no se aburrirían y languidecerían allí.
Se preguntó una vez más que estaría tramando Gaelos, y si la verían en la batalla.
—Acepto solo porque deseo sentir sangre entre mis garras, quizás eso me calme —dijo Lumiatz de pronto—. Llevo demasia do tiempo aquí cencerrada.
—Bien, me alegra oír eso. —Shanarás sonrió.
Cadarsia había sido su retiro temporal, el lugar en el que curar sus heridas, pero los seres como ellos no podían conformarse con migajas, necesitaban recuperar parte de su gloria.
Y luchar en la nueva guerra de las razas les aportaría nobleza, los mortales se arrodillarían agradecidos ante ellos.
Lumiatz torció una sonrisa, estaba dispuesta a todo.