El hijo de la oscuridad (El despertar de Osharan 5) Laen’dah
52%

Laen’dah

Quien sí me entregaría al ser que llevaba en las entrañas era Alhanna. Al final, Asthaluss y yo obtendríamos al Juez y, por más que ella se esforzara en ocultarlo, nada lograría apartarlo de nosotros. Reclamaríamos a Lándarhos llegado el momento.

Me arrellané en el sillón y crucé los brazos mientras observaba el paraje del exterior a través del ventanal de mi estancia.

Mi nuevo acólito leía tranquilo junto a la chimenea; tenía un largo camino por delante para convertirse en mi recipiente, aunque sentía una presión en el pecho que no me abandonaba y me impedía gozar del momento, percibía el filo de un cuchillo en mi garganta.

Contemplé al pequeño dárico y este me devolvió una mirada curiosa.

Por primera vez, sentí que no me quedaba tiempo.

No lo comprendía, pues todo marchaba según mis planes.

Un sudor frío me resbaló por la nuca y mis manos temblaron.

Cerré los ojos y busqué el motivo de aquella desazón.

La hallé en la oscuridad de mi mente y me agarré a los posabrazos con angustia. Unos ojos rojos como la sangre me observaban sin compasión.

«Te reduciré a cenizas», le oí decir en mi cabeza.

Jamás había podido conocer los pensamientos de Osharan, pero en cambio, él parecía ser capaz de descubrir los míos.

Eso me colmó de miedo y duda, pues siempre estaría en desventaja.

Debía evitar errores en adelante, necesitaba ganar aquel juego y evitar la Oscuridad.

Necesitaba mantener mi existencia, a costa de Lándarhos si era preciso.