El hijo de la oscuridad (El despertar de Osharan 5) Calar
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Eduar poseía un don sobre el que nadie tenía constancia, ni siquiera los dáricos. Kishur había recomendado al hombre que lo mantuviera en secreto por el bien del niño. Al menos, el Testigo no podría manipularlo de nuevo.

Eduar abrió los ojos muy despacio y se quedó mirando a la joven.

—¿Ha vuelto ya Ferian? —preguntó con un hilo de voz.

—Me temo que no —respondió Alhanna con un nudo en la garganta—. Quizá no regrese jamás, pero no tengas miedo de echarla de menos. Eso es bueno, porque así ella estará siempre contigo. Si la olvidaras sería como si Ferian nunca hubiera existido.

—Pero va a volver, sé que está viva —insistió Eduar con lágrimas en los ojos.

Las palabras del niño la conmovieron. Daraes les había pedido que no intentaran convencerlo de la muerte de Ferian, que ya tendría tiempo de asimilarla poco a poco.

Alhanna se quitó la pulsera de cuero que le entregó Shudei y que siempre llevaba en la muñeca.

Se la puso al niño y este la observó con curiosidad.

—Quería darte un regalo antes de irme. —Alhanna tomó la mano de Eduar—.

Tu padre me dio esta pulsera el día que nos despedimos.

Dijo que la había hecho él mismo y que era su amuleto.

—El niño contempló con sorpresa el objeto—.

Sé que estás enfadado con él por haberte abandonado.

A veces, los padres son terribles. Puede que te cueste entender lo que voy a decirte, pero quiero que lo intentes.

Ya sabes que tu padre era un soñador, y no uno cualquiera.

Al igual que a ti, el Testigo lo manipuló y lo obligó a soñar con las muertes de todas las personas que fueron importantes para él, porque ese ser necesitaba que Shudei se quedara solo. Por eso te dejó, para protegerte.

—¿Y por qué no se enfrentó al Testigo? Dicen que era un gran guerrero. —Eduar se incorporó un poco y torció el gesto al sentir dolor en la cabeza—. ¿O es mentira?

—Descubrimos que era el Testigo quien manejaba sus sueños mucho después de que Shudei hubiera muerto.

No te quepa duda de que se habría enfrentado a él —dijo Alhanna con orgullo—.

Shudei fue un buen hombre, me protegió y estuvo a mi lado cuando más sola me sentía.

Ojalá lo hubieras conocido. —Pensar en Shudei la puso triste, lo cierto era que lo añoraba—.

Sé que temes tu poder, pero debes superarlo.

Es un don extraordinario; hazte fuerte y úsalo en tu beneficio.

Recuerda lo que hiciste con aquella flecha y piensa en las vidas que podrás proteger si consigues dominarlo.

El niño se limpió las lágrimas y asintió.

Alhanna sonrió y acarició su rostro una vez más.

Luego, abandonó la habitación para dejar que Eduar descansara.

Fuera, se encontró con Litzzia. Ambas se ignoraron como de costumbre y Alhanna se alejó por el pasillo mientras Litzzia entraba en la estancia.

Nunca llegarían a entenderse, aunque ya no se guardaban ningún tipo de rencor.

Buscó a Kishur y lo encontró en el porche con la vista fija en el bosque.

Ni siquiera reparó en la presencia de ella, tan concentrado como estaba.

Quiazz salió detrás de la joven y guardó silencio.

—¿Qué dice el bosque? ¿Oyes su canción? —preguntó Alhanna al cabo de un rato.

—La oigo, pero sigo sin comprenderla. —Kishur la miró entonces y Alhanna vio el brillo plateado de su ojo izquierdo.

¿Contemplaba su lanfe?—. Han llegado los barcos de Runna, Sandar ha ido al encuentro de sus hajaeks.

Se quedarán aquí unos días para expulsar a los zarefíes que continúan en el bosque, pero yo partiré hoy mismo.

—¿Tan pronto? —se sorprendió Alhanna.

—No tiene sentido posponerlo ni un solo día. —Kishur le colocó un mechón de cabello detrás de la oreja. La joven sonrió con nostalgia—. Quédate a mi lado, Alhanna. No te enfrentes a mí en el Vacío, encerrar al Dragón no es la solución. Juntos venceremos a los Olvidados y protegeremos a tu hijo.

Alhanna bajó la mirada y negó con la cabeza. Las palabras quedaron atrapadas en su garganta; sentía aquel momento como una despedida, y creía que era lo mejor.

—Dijiste que no importa a dónde vayamos Quiazz y yo porque el Dragón vendrá a por nosotros para llevarnos a Zahel.

Bien, pues que lo haga. —Alhanna tomó la mano del dárico entre las suyas—.

No seré yo quien conduzca a Quiazz hacia la muerte.

Me da igual lo que suceda conmigo, si tengo que desaparecer que así sea.

—Alhanna…

—Nunca debí regresar de Asthaluss —lo interrumpió la joven—. Mi llegada solo ha traído desgracia. Khaleria no fue mejor, los escasos recuerdos que tengo de ella lo muestran. Pero existe un ser mucho peor, y ese es el Dragón. Merece una lección.

Kishur fue a decir algo, pero ella no se lo permitió.

Le dio un casto beso en los labios para sellarlos y luego lo abrazó con fuerza.

Percibió al dárico como parte de ella, una de la que jamás podría desprenderse.

Las palabras de Hagnak acudieron a su mente: «Tienes que traerme al dárico gris».

Sintió que su corazón se encogía de pesar.

Por más que deseara ayudar a Hagnak, jamás podría hacerle daño a Kishur.

Esperaba que ambos la perdonaran algún día.

—Te quiero, Kishur —murmuró Alhanna contra su pecho—. Nunca lo olvides.

El dárico la rodeó con sus brazos y ella pudo notar los potentes latidos de su corazón.

Cuando se separaron ambos tuvieron la certeza de que era un adiós.

Y como si Quiazz hubiera esperado al momento adecuado, se unió a ella.

Alhanna agarró su mano para conducirlo hacia la nieve. Kishur los observó sin comprender.

—Desde que llegué a Muriath he usado mi poder sin saber bien lo que hacía, impulsada por algo que guardaba dentro de mí.

Fue difícil aceptarme a mí misma. —Alhanna levantó el brazo derecho y fue dibujando una línea—.

Supongo que temía la verdad, pero ya no me asusta, no importa quién fui en el pasado.

Ahora solo soy Alhanna. Recuerda eso, Kishur.

La joven creó una abertura ante la sorpresa del dárico.

Salió por ella una oscura bruma que cubrió los pies de los jóvenes.

Kishur abandonó el porche, pero Alhanna se precipitó por la brecha y arrastró a Quiazz con ella.

El dárico no tuvo tiempo de alcanzarlos, ambos desaparecieron junto con aquella puerta.

Kishur se quedó inmóvil, perplejo ante lo que acababa de presenciar.

Sonrió con resignación. Alhanna iba un paso por delante de él. ¿De verdad creía que podría esconderse de Osharan? El tiempo le mostraría quién de los dos tenía razón.