El hijo de la oscuridad (El despertar de Osharan 5) Las Puertas de la Jistar
30%

Las Puertas de la Jistar

Las florecillas reposaban entre las angulosas ramas del Qad’has, adormecidas y silenciosas. Parecían cerezas maduras a punto de caer.

Fuera de allí, el mundo cambiaba. El cielo mostraba una capa densa de nubes que impedía al sol brillar con fuerza.

El viento silbaba de modo distinto, más afilado.

Las mareas cambiaban, embraveciendo el mar.

El lado mortal enfermaba y el inmortal se apagaba como una llama bajo la nieve, pero eso no destruiría Muriath, solo lo convertiría en el mundo que los Olvidados conocieron al nacer. Un lugar asolado y sombrío.

Jaeglar contemplaba la playa desde las puertas entreabiertas de la Jistar.

Las sentía a su espalda como si fueran un ente vivo.

El eldo y el Niño lo acompañaban en silencio, interrumpido solo por los embates de las olas y el gorgoteo de alguna ave moribunda.

Muy pronto, Kishur atravesaría el puente de piedra con la intención de luchar contra ellos.

Jaeglar estaba listo para enfrentarse a su antiguo alumno.

El aire le sacudió el cabello y las ropas, percibió a sus otros hermanos alimentándose del Qad’has.

Cuando tuvieran el poder necesario, devorarían la Jistar y la harían caer de una vez por todas.

—Debemos acabar con la endómica y el dárico gris. —Eleagor lo desgajó de sus pensamientos con su voz carente de emoción—. Ya hemos esperado demasiado. Záfira ha fracasado en su cometido.

—Aún hay tiempo. Alhanna no abandonará al dárico por las pocas palabras que le ofrecí, necesita un pequeño empujón para ponerse de nuestro lado.

—Jaeglar observó la niebla blanca y densa que ocultaba el horizonte más allá de las puertas—.

Záfira lo hará bien llegado el momento, no debemos precipitarnos cuando estamos tan cerca de nuestro objetivo.

Si no actuamos con cautela, seremos nosotros quienes fracasemos.

—Miró entonces al eldo, que se ocultaba con la capucha— ¿Por qué tienes tanta prisa por deshacerte de ellos? ¿Qué te preocupa?

—Eleagor tiene miedo de la reencarnación de Khaleria, no quiere que recupere su memoria y lo recuerde. —El Niño soltó una carcajada.

—Permitir que esa maldita tome el poder de Zahel jugará en nuestra contra si decide convertirse en nuestra enemiga.

—Eleagor desconfiaba del plan de sus aliados—.

Los kalastys mantendrán entretenido al dárico, pero ¿y a ella?

Y con un arma así en poder del nuevo Guerrero, puede que el Dragón no acuda al Vacío.

—Vendrá. Cuando consumamos la Jistar se verá obligado a hacerlo, pues hablamos de su lanfe. —Jaeglar lo miró intensamente—. Deja de preocuparte y limítate a obedecer. A menos que tengas otro motivo oculto para temer al dárico y a la chica.

El eldo creía que podía engañarlo, pero Jaeglar sabía que había una razón detrás de su temor.

¿Qué podía recordar Alhanna que lo asustara tanto?

Eleagor se había unido a ellos buscando venganza, para hacerle pagar a Osharan por la desaparición de su pueblo.

Khaleria les había mostrado conocimientos que jamás debieron tener; lo más lógico sería estar agradecido con la que fue su maestra, alegrarse de su regreso.

Sin embargo, Eleagor le tenía pavor. Jaeglar estuvo tentado de sacarle la información a la fuerza, pero decidió esperar un poco más. Tarde o temprano lo descubriría.

—¿Y si no logramos consumir la Jistar antes de que lleguen nuestros enemigos? —insistió Eleagor—. No tendríamos el poder suficiente para atraer y someter al Dragón.

—El eldo tiene razón —intervino el Niño en un tono respetuoso.

Jaeglar bajó la mirada hacia su hermano, quien se estremeció ante su escrutinio.

—Está bien, pronto buscaremos a Alhanna —claudicó Jaeglar con una sonrisa.

Se fijó entonces en el colgante que el Niño llevaba en el cuello y frunció el ceño.

Era una medalla con el grabado de una rosa sin abrir.

¿De dónde la habría sacado? Sin duda, se trataba de un objeto humano.

Jaeglar sintió una gran curiosidad. Decidió que ya habían descansado suficiente, así que entró en el recinto.

Lo hizo solo, Eleagor se quedó fuera, quizá se marchara de nuevo en busca de carne fresca de la que alimentarse.