Marial-Pat
«Me impediste decirlo antes de la batalla y ahora temo que nunca pueda hacerlo. Te amo, Gastor. Lamento haber tardado tanto en darme cuenta».
El general dobló el papel con cuidado y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta.
Cuando llegara al cuartel ordenaría a Beres que dejaran de vigilar el barco de Runna.
Ya no tenía sentido, pues Quiazz se había marchado y ellos debían enfocar sus esfuerzos en asuntos más importantes. Una guerra los esperaba en las Avíseas.
—Has cambiado tu verdadero aspecto para parecer humana —dijo Alhanna nada más llegar a su lado, ganándose una sonrisa por parte de la chica—; Eres Záfira.
—Me alegra mucho que me recuerdes. Lo que hago no es tan distinto a lo tuyo, ambas fingimos tener una apariencia humana a pesar de no serlo.
—Se recogió un mechón de pelo detrás de la oreja.
Sus ojos eran negros y profundos—. He escapado de mi encierro junto al Lashvaeg para venir a buscarte.
Al Dragón no le gustará cuando lo descubra, pero creo que merecerá la pena.
—Ladeó un poco la cabeza ante el silencio de Alhanna—.
Mi hermano Jaeglar me pidió que te acompañara en tu viaje. Espera una respuesta.
Alhanna sonrió mientras negaba con la cabeza con incredulidad. Záfira era uno de los seres Olvidados. ¿Estaba allí para saber si se uniría a ellos en el Vacío?
—Tranquila, tienes tiempo para pensarlo. —Su sonrisa se acrecentó—. Pero no te demores mucho, la paciencia de Jaeglar no es infinita.
Záfira observó los dos cristales que Alhanna llevaba al cuello y acercó su mano para acariciarlos, pero no llegó a tocarlos. La inmortal se apartó un poco.
—Portas el lanfe del Dragón Negro y el del dárico gris. —Záfira borró cualquier rasgo alegre de su rostro—. Me pregunto a cuál de ellos sacrificarás llegado el momento. Y no vayas a decir que jamás le harías daño a Raehlan. Ya se lo hiciste en el pasado, aunque no lo recuerdes.
—Cállate, no sabes nada sobre mí —espetó ella con un tono agrio y cortante.
—Parece que aún no estás dispuesta a aceptar la verdad sobre quién eres. —La inmortal acortó la distancia entre ellas—. Pero déjame decirte que no puedes huir eternamente de ti misma. Avísame cuando estés preparada, te ayudaré a recomponer tu memoria.
Alhanna se alejó un poco de ella, la cercanía de la Olvidada la perturbaba.
Desvió un momento la vista hacia Kishur y descubrió que él las observaba fijamente.
Su pupila izquierda era de color gris por completo.
Sintió que arañaba su piel con aquella mirada, que, de alguna forma, alcanzaba su lanfe. Alhanna se estremeció.
—Sabe lo que somos —dijo Záfira atrayendo su atención—. No permitirá que te unas a mis hermanos en el Vacío, aunque tenga que usar la Canción para acabar con tu vida. Espero que nunca olvides que su lanfe procede del Juez de Muriath.
El miedo mordió sus entrañas, pues sabía que era cierto. ¿Estaba preparada para enfrentarse a Kishur? Debía encontrar el modo de impedir que fuera al Vacío, porque de otro modo temía acabar luchando contra él.