El hijo de la oscuridad (El despertar de Osharan 5) Cadarsia
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Cadarsia

«Gracias por facilitarnos las cosas», le había dicho Jaeglar. Después de eso, solo recordaba oscuridad. Despertó allí, tumbada sobre una manta raída.

—Shanarás se ha marchado —dijo Gaelos al irrumpir en la sala.

Lumiatz no se inmutó por su llegada, ni siquiera apartó la mirada de las llamas.

En su mente, repasaba una y otra vez todos los acontecimientos.

Revivía sin descanso la noche en la que había estado a punto de acabar con la vida de Kishur.

Sentía su sangre entre los dedos, recordaba el tacto de su piel al desgarrarla.

Pero Osharan lo había salvado. Ya entonces debería haber sospechado que el Dragón intervendría en la batalla.

Pensó en el hermoso fuego blanco que abrasó a los humanos y consumió los edificios.

Rememoró los alaridos de terror. El sabor de la victoria continuaba pegada a su paladar a pesar de todo.

—Me preocupa tu silencio —murmuró Gaelos a su lado—.

¿Qué haremos una vez nos recuperemos? Debemos trazar un plan.

Shanarás volverá en unos días, cuando consiga averiguar el paradero del Dragón Negro.

Quiere que nos alejemos de él todo lo posible.

—Lumiatz torció una amarga sonrisa—. No debiste usar a los dragones grises ni atacar a los dáricos. Solo debías destruir a los humanos.

—Cállate. —La dama roja se apartó el cabello de la cara.

Muchos de los hijos de Khaleria habían caído en las garras de Osharan, y otros habían sido atrapados por Alhanna. La desgraciada tenía demasiado poder.

—Khaleria siempre tuvo el favor del Dragón, sin importar los crímenes que cometiera —dijo Lumiatz notando como la bilis ascendía por su garganta—. Devoró al propio Hagnak. ¡Al hijo de la Oscuridad!

—¿Y si no fue de ese modo? —preguntó Gaelos atrayendo por fin la atención de su hermana—.

Cuando presencié la discusión entre Hagnak y Khaleria me marché antes de su desenlace.

¿Y si ella no fue la responsable de su desaparición?

Hagnak era lo único importante para el Dragón; si Khaleria lo hubiera devorado, ¿crees que se habría conformado con desterrarla a Asthaluss?

—Puede que tengas razón. —La dama se palpó con mucho cuidado el costado empapado de sangre—. Y entonces, ¿quién acabó con la vida del Juez?

—Llevo haciéndome esa pregunta desde que Trivaz confesó quién era Alhanna.

Las dos se miraron, intrigadas. Lumiatz casi podía masticar la ira que la invadía.

Estaba cansada de los secretos, de ser ninguneada por todos.

Ellos eran dioses. Incluso los seres Olvidados habían tomado ventaja, le habían arrebatado su ejército de kalastys.

Lumiatz se sintió insignificante, una pieza más en el juego de otros.

Observó sus manos manchadas de sangre y rio a carcajadas al notar como su cuerpo se rompía de puro dolor.

Esta vez no entraría en el baile de los demás.

Dejaría que se destrozaran entre ellos. Puede que los Olvidados estuvieran realizando un acto atroz al devorar el mundo venidero, pero no sería ella quien los juzgara.

Aguardaría el momento adecuado para regresar, si es que quedaba un lugar al que hacerlo.

—Permaneceré aquí una larga temporada, Gaelos. Deberías marcharte cuando tus heridas hayan sanado. —Lumiatz se recostó de nuevo—. Sé que deseas ir en busca de nuestra hermana. Hazlo.

Gaelos observó a la dama roja. Por primera vez, vio aceptación en su mirada. Asintió despacio y comenzó a caminar hacia la puerta para dejarla a solas. Pensaría en ello, quizá fuera en busca de Alhanna.