Capítulo 12
A ilsa estaba a punto de pedirle a Callum que se detuviera por segunda vez cuando, de repente, se oyó un gruñido y Callum ya no estaba allí.
Él la había estado besando y utilizando la lengua para abrirle la boca. Ailsa, sin embargo, quería que el beso terminara. Le había puesto las manos en el pecho y había murmurado su nombre, seguido de un:
—Por favor, no.
No había pensado que Callum la hubiera oído ni entendido, porque en lugar de separarse, la estaba atrayendo hacia él.
Inesperadamente libre, Ailsa trastabilló hacia atrás, con la mirada perdida buscando dónde se había ido Callum. Un gemido procedente del suelo le llamó la atención, y se dio cuenta de que había salido de Callum.
—Te dijo que pararas.
A Ailsa se le cortó la respiración al oír el tono letal en la voz de Tavish. Entonces supo que Tavish debía de haberla seguido y, al ver su forcejeo, le había dado a Callum un puñetazo tan fuerte en la mandíbula que el hombre había caído.
Callum era muy guapo, pero también era grande y musculoso, incluso más que Tavish.
El hombre no estaba acostumbrado a encontrarse en el suelo y no se estaba tomando muy bien la idea de que le hubieran dado una paliza sin previo aviso.
Estaba furioso. Sus ojos destellaban, y Ailsa pudo ver cómo Callum cerraba los puños a pesar de que aún estaba en el suelo. Cuando se levantara, iba a atacar.
Tavish también lo sabía.
—Apártate, Ailsa —ordenó, preparándose.
Ailsa hizo instintivamente lo que le habían dicho, pero protestó:
—Tavish, no.
Él no la miró.
—Tú dijiste que parara, y Callum va a aprender a hacerlo cuando una mujer diga que no, especialmente si esa mujer eres tú.
—¿Tú la insultas y luego tienes la osadía de pensar que puedes enseñarme a mí cómo tratar a una mujer?
—le espetó Callum, ya de pie—. Si alguien se ha merecido alguna vez que le den una lección sobre sensibilidad hacia los sentimientos de una mujer, ese eres tú.
Te la has ganado desde hace mucho tiempo, Tavish. Me encanta ser yo quien te la dé.
Para horror de Ailsa, la pelea comenzó. Callum era más corpulento y fuerte, pero Tavish era ligeramente más alto y tenía velocidad y precisión. Cada golpe parecía dar en el blanco, y ambos hombres ignoraban sus gritos para que pararan.
Entonces vio a Ruairí lanzarse en medio, obligando a los dos hombres a dar un paso atrás o a tener que lidiar con un tercero en la refriega. Afortunadamente, no parecían dispuestos a golpear a Ruairí.
Aunque asestar varios golpes parecía haber calmado la ira de Callum, no había servido para mitigar la de Tavish.
La furia seguía emanando de él en oleadas, pero en lugar de reanudar la pelea, Tavish se giró, le lanzó a Ailsa una mirada larga y penetrante, llena de traición y angustia, y luego salió de la torre.
Callum se limpió la sangre de la barbilla y luego comentó:
—Esto ha acabado un poco diferente de lo que había planeado, àluinn, pero gracias por el beso. Lo he disfrutado y lo recordaré con mucho placer.
Entonces él también se marchó.
Ailsa sintió los brazos de Maegan rodear su cuerpo paralizado mientras la abrazaba con fuerza.
—Lo siento muchísimo. No tenía que haber pasado esto. Si Ruairí y yo lo hubiéramos sabido... oh, lo siento mucho, Ailsa.
Ailsa permaneció allí, abrazada por Maegan, durante varios minutos en silencio mientras asimilaba lentamente todo lo que había sucedido y todo lo que se había dicho. Era casi demasiado.
Amaba a Tavish y este había estado celoso al ver como otro hombre la besaba. Cualquier sentimiento que pudiera haber tenido por ella acababa de consumirse en la llama de su furia.
Y, de alguna manera, Maegan y Ruairí daban a entender que habían orquestado todos los acontecimientos para provocar aquel resultado.
—¿Qué quieres decir con que lo sientes, que nunca fue vuestra intención que esto pasara? —preguntó Ailsa con voz forzada.
Maegan se apartó e intentó explicarle lo de Brenna y Bonny.
—Pero no hay duda. Tavish te ama. De verdad. No habría reaccionado de esa manera si no fuera así.
—Sean cuales sean los sentimientos que tenga por mí, han desaparecido o desaparecerán. Lo conozco. Perdió el control y se asegurará de que eso no vuelva a pasar nunca.
Maegan negó con la cabeza.
—No, te quiere. Te desea.
Ailsa miró entonces a su amiga, con voz fría y penetrante.
—No importa. No tenemos futuro. Ahora más que nunca.
Maegan se llevó la mano a la boca.
Ruairí, al ver que Maegan empezaba a temblar por el dolor que creía haberle causado a Ailsa, la atrajo hacia su pecho para darle apoyo. Luego, dirigiéndose a Ailsa, comentó:
—Maegan tiene razón. No estaba seguro hasta esta noche, pero ahora sí lo estoy.
Tú quieres a Tavish, y no cabe duda de que él te quiere.
Puede que él no quiera admitirlo. Tiene toda su vida planeada y ni una sola vez se le ha ocurrido incluir a nadie en esos sueños, y mucho menos a una esposa.
Pero si lo amas, lucha por ello. Busca la forma de estar con él y de crear nuevos sueños que podáis compartir.
Porque, si no lo haces, ambos seréis infelices sabiendo siempre que conociste a la persona con la que se suponía que debías estar, pero que nunca tuviste el valor de hacer las concesiones necesarias para incluirla en tu vida.
Porque acabarás haciéndolas tarde o temprano.
Todos las hacemos de una manera u otra. Solo quiero que no mires atrás con remordimientos.
Ailsa se dijo a sí misma que respirara. Notaba que su corazón latía con fuerza y no sabía si era por la ira o por la esperanza. Lentamente, miró a Ruairí y luego a Maegan.
—Puede que tengáis razón, pero os equivocasteis al entrometeros.
Tavish y yo estábamos bien antes de esta noche.
Faltan meses para la primavera y teníamos tiempo.
Quizá lo hubiéramos resuelto por nuestra cuenta.
Ahora mismo, las cosas no están mejor, sino mucho peor.
La próxima vez, entrometeos en vuestros propios asuntos amorosos y no os metáis en los míos.
Maegan vio cómo Ailsa desaparecía por la escalera. Se le partía el corazón por lo que había pasado. Sabía que Tavish podría enfadarse, pero no hasta aquel punto. Parecía como si quisiera matar a Callum, y los instintos de Callum lo habían percibido y habían respondido en consecuencia.
—Ruairí, ¿qué hemos hecho?
—No importa. Ya está hecho, y ahora depende de Ailsa.
Maegan se giró entre sus brazos.
—¿Por qué Ailsa? ¿Por qué no Tavish?
—Porque él no puede. Tiene tantos muros alrededor de su corazón que es incapaz de ver la verdad por sí mismo. Con suerte, Ailsa ha visto la verdad esta noche e intentará encontrar una manera de que funcione. Sé que yo la he visto.
Maegan levantó la vista.
—¿Qué quieres decir?
Ruairí inclinó la cabeza y tomó su boca, respondiendo a su pregunta de la forma con la que había soñado durante meses. La besó larga y ardientemente, con la esperanza de llegar a lo más profundo de su alma.
En cuanto sus labios se tocaron, la conexión entre ellos recorrió sus cuerpos de parte a parte. Cada nervio se despertó con una pasión baja y seductora que le cortó la respiración a Maegan.
Ruairí la sintió estremecerse en sus brazos, pero ella no se apartó. Animado, rozó su boca persuasivamente contra la de ella. Maegan era tan dulce como la miel. Lentamente, deslizó la lengua por el contorno de sus labios. Casi gimió en voz alta cuando ella abrió la boca para dejarlo entrar.
Maegan podía sentir la urgencia en Ruairí, la tensión en los brazos, la rigidez de sus hombros, espalda y cuello bajo sus manos.
El poder de su boca sobre la de ella recorrió su cuerpo hasta la punta de los dedos.
Inconscientemente, se apretó contra él y siguió sus instintos para deslizar la lengua en su boca.
Sus dedos imitaron el movimiento en su cabello.
Cuando Maegan se inclinó hacia él y le devolvió el beso con creciente entusiasmo, una presa de deseo se rompió en Ruairí. El beso pasó rápidamente de ser una caricia suave a uno de pasión salvaje. Pronto, sus lenguas se entrelazaron una y otra vez. Él estaba casi fuera de sí de querer más.
El corazón de Maegan latía con fuerza y le temblaban las piernas.
Tenía un nudo en el estómago. Cuando Ruairí profundizó el beso, el calor del mismo derritió el último pensamiento racional que le quedaba.
La sensación de su lengua invadiendo su boca, tocando cada rincón, saboreándola, la abrumó por completo.
Se sentía tan increíblemente bien. Como si fuera la pieza que le faltaba en la vida y que había estado negando durante demasiado tiempo.
Lo único que podía hacer era aferrarse a él con impotencia, dejando que las sensaciones se apoderaran de su mente y su alma.
Ruairí solo había pretendido darle a Maegan un beso suave, pero lo que estaban compartiendo era mucho más. Era el beso más increíble que había experimentado jamás, y no se habría detenido si ella no hubiera empezado a temblar.
Cuando la soltó, Maegan se quedó atónita, mirándolo con los ojos empañados y llenos de pasión, y sus labios, rojos e hinchados, le invitaban a saborearla de nuevo. De alguna manera, se resistió.
—Al igual que Ailsa y Tavish, tienes una idea fija sobre tu futuro, pero ¿te va a hacer feliz? ¿O es hora de cambiar esos planes y dejar espacio para alguien que te amaría tan profundamente como ningún otro hombre lo ha hecho o pueda hacerlo?
Le besó la frente, rozando suavemente sus labios contra su piel antes de depositar un último beso suave y tierno en sus labios.
—Te quiero, Maegan. Lo sabes, y te he dado tiempo. Ahora tienes que decidir si eso significa algo para ti.
Ruairí se marchó con el corazón a mil. Sabía que Ailsa y Tavish estaban confundidos y dolidos, pero si tuviera que volver a vivir aquella noche, no cambiaría nada.