El Highlander más codiciado (Los indomables Kincaid 7) Capítulo 5 #3
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Capítulo 5 #3

Sin embargo, sucesos como el de la noche anterior no ayudaban.

En su segunda salida, Bonny, Brenna y Maegan se habían sumado al grupo y al día siguiente el tiempo no había acompañado.

El día anterior había comenzado de forma similar al primero.

Ailsa le había enseñado un par de trucos sobre cómo medir mentalmente cada elemento antes de intentar plasmarlo en el lienzo.

Tavish tenía toda la intención de practicarlos siguiendo sus instrucciones, pero también tenía la intención de tomarse un descanso en algún momento y dedicarse a otras cosas más placenteras físicamente.

Sin embargo, lo único fundamental para su plan era lo único que no tenía: la presencia de Ailsa.

Justo después de darle sus consejos, ella le había indicado que siguiera practicando. Luego se había puesto de pie, se había sacudido el polvo del vestido, había cogido su bolso y había empezado a regresar al castillo.

Tavish se había levantado de un salto y la había perseguido.

—¿Me vas a dejar aquí? ¿Solo?

La diversión había llenado los ojos verdes de Ailsa mientras se acercaba y le apretaba el bíceps.

—Pareces lo suficientemente capaz como para enfrentarte a cualquier cosa aterradora que pueda surgir.

Tavish había tragado saliva. Ailsa solo lo había tocado brevemente, y la parte inferior de su cuerpo se había endurecido.

Cualquier movimiento para ocultar el hecho solo habría provocado que ella bajara la mirada.

Debería haberse despedido y haberla dejado marchar, pero ya parecía desesperado.

Y, sin embargo, cuando abrió la boca para decirle que tuviera cuidado, lo que realmente salió fue:

—¿Cómo sabré si lo hice bien y si estoy listo para la próxima lección?

—Mañana me lo puedes enseñar.

—Pero tengo que lavar los paños por la noche.

—Pues mañana me puedes dibujar algo.

—¿Y esta noche? —había insistido Tavish, comportándose de una forma totalmente ajena a él.

Y, sin embargo, a una parte de él no le había importado.

Había pasado casi una semana desde que había puesto fin a su mal concebido plan de ignorarla y, aparte de su primera salida, aún no había pasado ningún rato a solas con ella, solo con ella.

Ailsa había suspirado y lo había mirado fijamente.

—¿Qué tal después de cenar? —había sugerido—. ¿En el gran salón?

Tavish había asentido y había esperado a que ella se diera la vuelta y se marchara antes de volver a la manta y a sus bocetos.

Durante toda aquella tarde, a lo largo de toda la comida y hasta el momento en que se abrieron las puertas, había estado deseando que llegara su encuentro.

Había planeado no solo enseñarle los dibujos, sino también lo que podrían haber estado haciendo si ella no se hubiera marchado antes de tiempo de su clase.

Por otra parte, reunirse por la noche en el gran salón tenía varias ventajas: nada de viento, ni transeúntes inesperados, ni la puesta de sol obligándoles a poner un final inoportuno a su tiempo juntos.

La noche debería haber terminado solo después de que Ailsa hubiera sido besada a fondo y repetidamente.

Pero cuando por fin llegó la hora de encontrarse en el gran salón, nada había salido según lo planeado.

Él había llegado primero y su corazón había comenzado a latir con fuerza al oír entrar a Ailsa y verla con una enorme y acogedora sonrisa. Le devolvió la sonrisa, pero solo brevemente, pues justo detrás de ella venían Bonny y Brenna.

Al verlo, ambas chillaron y corrieron hacia él, parloteando sobre lo mucho que querían ver lo que su tío Tavish estaba aprendiendo a hacer.

Tavish no recordaba ningún momento en el que sus sobrinas hubieran estado tan habladoras o críticas. Le habían señalado todos los defectos de sus bocetos y lo que, en su opinión, debía practicar más.

Luego le habían hecho a Ailsa pregunta tras pregunta sobre sus dibujos.

Bonny, que nunca antes se había interesado por el arte ni los mapas, no había dejado de darle codazos, diciéndole que prestara atención, cosa que él se había negado rotundamente a hacer.

En cambio, se había quedado allí sentado, estirado y de mal humor, mientras se bebía varias jarras de cerveza.

No le había importado que estuviera siendo grosero e inmaduro.

Tampoco le habían importado Bonny ni Brenna.

No fue hasta esa mañana, cuando se despertó con un enorme dolor de cabeza y los recuerdos de su comportamiento grosero, que sintió unas punzadas de arrepentimiento que le llevaron a una conclusión reveladora.

Tenía que poner fin a su inútil empeño por besar a Ailsa.

Si sucedía, sucedía, pero el esfuerzo de intentar hacer que ocurriera lo estaba volviendo —si cabe— aún más loco.

Tavish se había saltado la comida de la mañana y había convencido a Fiona para que le dejara llevarse algo de comida a su habitación. Se había quedado allí durante la comida del mediodía, así que aún no había visto a nadie. No tenía ni idea de lo enfadada que estaba Ailsa.

Con cualquier otra mujer, Tavish no habría tenido que preguntárselo. Ya lo sabría. Ella le habría echado una bronca aquella noche antes de acostarse y, lo más probable, es que se hubiera despertado con algo igual de amargo gritado desde el patio.

Pero ese no era el estilo de Ailsa.

Lo único que recordaba era que ella les había susurrado a las chicas que la próxima vez que decidieran reunirse con el tío Tavish deberían avisarle primero. Que tenían suerte de que se hubiera quedado con ellas y no se hubiera marchado, sobre todo cuando no se lo estaba pasando bien.

¿Lo decía en serio? ¿O Ailsa solo había dicho eso para consolar a sus dos sobrinas?

Tavish vio a Ailsa acercarse y dejó de dar vueltas. Se protegió los ojos del sol que brillaba en lo alto e intentó adivinar su estado de ánimo por su expresión, pero no pudo deducir nada más que el hecho de que no sonreía.

Tragó saliva.

—¿Estás enfadada por lo de anoche?

Ailsa ladeó ligeramente la cabeza y lo miró con curiosidad.

—Pensaba que tú estabas enfadado conmigo —dijo, abanicándose con la mano—. Annora insistió en que Brenna y Bonny vinieran conmigo, y sé que no te gustan las sorpresas.

Tenía razón. No le gustaban. Y Annora también lo sabía.

Se había preguntado cuál sería la reacción de su cuñada si sospechara de su deseo por Ailsa.

Ahora tenía la respuesta. A diferencia de sus hermanos, Annora no iba a allanarle el camino hacia el amor verdadero.

Lo cual era bueno, porque él no quería el amor verdadero ni ninguna de las cargas que conllevaba.

Solo quería un beso. Annora debía de haberse dado cuenta y, por desgracia, ella veía besarle como el primer paso de una mujer hacia el desamor.

—Anoche todavía estaba un poco thòin .

—Así es.

Ailsa se rió al recordarlo.

—Por eso fue tan divertido molestarte. Solo te ponías más gruñón. Hicimos una apuesta sobre quién conseguía que gruñeras más fuerte.

Tavish frunció los labios. Una vez más, Ailsa lo estaba desconcertando hasta el punto de dejarlo sin palabras.

—¿Quién ganó? —preguntó finalmente.

Ailsa se mordió el labio inferior en un intento por ocultar su sonrisa.

—Nos prometimos no contarlo.

Luego se abanicó de nuevo.

—Hace un calor extraño para esta época del año. Si sigue así, quizá tengamos que vernos después de la primera comida, antes de que el sol esté en lo alto.

Tavish negó con la cabeza.

—Entonces no puedo. Entreno por las mañanas.

—¿Tienes que entrenar a esa hora? ¿No podrías, eh, tomarte un descanso durante unas semanas?

Tavish flexionó el músculo del brazo que ella le había tocado el día anterior.

—Si no lo hiciera, sería un palillo como Maegan. Y manejar una espada es una habilidad que hay que practicar con regularidad para mantenerla.

—Entonces, ¿qué vas a hacer cuando te vayas en primavera? La imagen de ti blandiendo una espada en el aire cada mañana no es muy halagadora.

Tavish soltó una carcajada ante la idea.

—Tendré muchas oportunidades para mantener mis habilidades.

No es como si fuera a estar durmiendo al aire libre bajo las estrellas todo el tiempo.

Voy a viajar y cartografiar el territorio a petición del rey Robert.

Así que la mayoría de las noches me alojaré como invitado en casa de un terrateniente, igual que tú lo estás haciendo con mi hermano.

Mientras esté allí, entrenaré con sus hombres en la medida de lo posible.

Una vez que termine, me trasladaré al siguiente clan y cartografiaré sus tierras.

Ailsa lo miró fijamente durante varios segundos, incrédula.

Sabía que Tavish pensaba que, cuando se separaran en primavera y tomaran caminos distintos, sus viajes iban a ser mucho más duros e incómodos.

Él se lo había dado a entender varias veces.

Y ella le había creído, pensando que cazaría cada noche para alimentarse, durmiendo en el suelo con solo una manta para protegerse del frío o la lluvia.

Ahora solo le apetecía reírse.

Sí, Tavish tendría que buscar su comida de vez en cuando. Pero, por lo que describía, la mayoría de las noches le servirían una deliciosa comida compuesta por una amplia variedad de platos.

Los comerciantes rara vez disfrutaban de tales lujos, ni siquiera los ricos como su padre. A diferencia de ella, Tavish iba a estar acurrucado en un colchón, en una cama acogedora, con una gran chimenea encendida para calentarlo.

Su cama, acolchada con mantas, estaría dentro de su carreta y habría que montarla y desmontarla cada noche.

Si sus dos futuros se invirtieran, a Tavish le costaría mucho más sobrevivir al de ella.

Una opinión que decidió que era mejor guardarse para sí misma.

Aun así, no pudo evitar comentar:

—A juzgar por lo de anoche y lo de hoy, tienes mucho que trabajar en tu perspectiva. La tuya está claramente sesgada.

Tavish bajó la vista hacia el lienzo que tenía en las manos y se dio cuenta de que estaba en blanco porque lo había limpiado. Suspiró profundamente. Creía que había estado mejorando.