El Heredero Secreto del Don (Crowned in Sin 6) 29. Liana
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29. Liana

LIANA

Beth consigue meterme en la casita de juegos, pero se lleva a Sonny. Él grita «¡Mamá!» y se me encoge el pecho mientras extiendo los brazos en vano.

Cierra la puerta de golpe. Me dirijo a la ventana, pero es la ventana de una casita de juegos infantil. En realidad no se abre y, aunque lo hiciera, sería demasiado pequeña.

No hay aire acondicionado y aquí dentro el ambiente está cargado.

Estoy de verdad en la casita donde jugábamos de niñas. Ni siquiera puedo ponerme completamente erguida. ¿Adónde se ha llevado a Sonny? Por favor, que esté en un lugar seguro.

Empiezo a respirar de forma cada vez más entrecortada mientras me siento en el suelo con las piernas cruzadas. Creo que podría estar sufriendo un ataque de pánico.

Hundo la cabeza entre las rodillas, las rodeo con los brazos y respiro despacio, con calma.

—Beth, necesito agua —suplico, con la esperanza de que pueda oírme. Al cabo de unos instantes, entra en la casita, agachándose igual que yo.

Me trae una botella de agua y me la bebo casi entera de un tirón antes de hablar.

—No podemos quedarnos aquí para siempre, Beth.

—Claro que no, para siempre no —dice con despreocupación—. Solo vamos a escondernos aquí hasta que Dario deje de buscarte. Creo que había un localizador en tu coche y otro en tu teléfono. Me he deshecho de los dos. Ahora ya no podrá encontrarnos.

¿Mi teléfono? Me quedo rígida. ¿Ha visto el mensaje que le he enviado a Dario? ¿Está enfadada conmigo?

Pero posa una mano sobre mi hombro.

—Sé que aquí no se está muy cómoda. Es demasiado pequeña. ¡Es que ya no somos unas niñas! —Se ríe con demasiada estridencia.

—Beth... —empiezo, cogiéndole la mano y apretándomela contra la mejilla—. ¿Por qué no hablamos y aclaramos todo esto?

Me mira desde arriba con cierta vacilación en los ojos.

—Estamos hablando.

—Pero no estás escuchando —le digo con firmeza, estrechándole la mano—. Tenemos que salir de aquí. Llama a Dario y⁠...

—¿Dario? ¿Por qué íbamos a llamar a Dario? —Se zafa de mí con brusquedad—. No me digas que todavía sientes algo por él.

—¡Claro que no! —respondo con una voz tan aguda que casi parece un chillido—. Pero puede ayudarnos. Puede ayudarnos a llegar hasta⁠...

—No lo necesitamos —afirma con firmeza—. No necesitamos nada de él, Liana, ¿es que no lo entiendes? Solo conseguirá empeorar las cosas.

—Vale —digo despacio, al darme cuenta de que se niega siquiera a hablar de Dario—. Entonces, ¿podrías traerme a Sonny?

—¿Pero para qué? Necesitas descansar. Eso que te he dado es fuerte. Hay que esperar a que se te pase el efecto —dice como si tal cosa.

—¿Qué me has dado, Beth?

—Solo una cosa que guardaba de mi último trabajo como auxiliar de veterinaria. No te preocupes. No creo que sea peligroso.

—No me dejes —digo con rapidez, agarrándola de la muñeca—. Siempre has querido... algo más de mí, ¿verdad?

Beth me mira con curiosidad en sus ojos verdes.

—¿Qué quieres decir con «algo más de ti»?

—Quiero decir que mi amistad... nunca fue suficiente para ti, ¿verdad?

Le coloco despacio la mano en la parte alta de mi muslo, pero ella la retira.

—No te comportes así, Liana. —Su voz suena un poco asustada—. Esto es por su influencia, ¿verdad? Él te ha hecho creer que quiero algo sucio de ti. No se trata de eso, Liana. Solo quiero que seamos amigas, como siempre. Como lo hemos sido toda la vida.

—¿La influencia de quién?

—¡De Dario, claro! —resopla—. Siempre es él, ¿verdad? Lo ha sido desde que lo conociste. Es como si se hubiera apoderado de todo desde el primer momento.

—Él no⁠...

—No, porque no voy a permitírselo. No va a arrebatárteme otra vez. Nunca más, Liana.

Beth se pone de pie y yo grito. No se me ocurre ninguna otra forma de salir de aquí. Quizá alguno de los vecinos esté lo bastante cerca para oírme.

—¡No! Si sigues gritando, le haré daño a Sonny.

Sus palabras caen sobre mi cabeza como un martillazo.

—Tú... Tú no lo harías.

—¿Crees que no? Podría empezar rompiéndole los dedos. Mi padre me enseñó a hacerlo, ¿sabes?

Se me hiela la sangre.

—No. A Sonny no. Tú no le harías daño.

—No quiero —dice con cantinela—. Pero lo haré si me obligas.

—No lo haré —susurro, porque oigo en su voz que habla en serio. De verdad sería capaz de hacerle daño a Sonny. No se parece en nada a la persona que yo creía que era.

¿Significa eso que Dario tenía razón desde el principio? ¿Que solo intentaba protegerme?

Joder. Debería haberlo escuchado.

Beth se incorpora y sale de la casita, cerrando la puerta tras ella.

Dario. Por favor, ven a buscarme.