23. Liana
LIANA
Dario llama a mi puerta cerca de la medianoche, pero ya estoy despierta, sentada en el borde de la cama y completamente vestida.
He elegido unos vaqueros, unas botas y un jersey negro de cuello alto, sin saber muy bien qué esperar.
Dario lleva un atuendo semiformal: pantalones de vestir a medida y una camisa abotonada.
—¿Sin traje?
—No es ese tipo de reunión.
Sus palabras son enigmáticas y no ofrece ninguna explicación.
Marie está en la habitación contigua a la de Sonny, así que la despierto para que lo vigile.
El corazón me martillea cuando subo al coche y espero a que él arranque.
Lo hace al cabo de unos minutos, y el trayecto hasta la ciudad transcurre en un silencio sepulcral. Pienso en encender la radio, pero hay algo que no acaba de encajar.
Tengo frío, lo cual no me sorprende con este tiempo, pero también noto que he palidecido, como si se me hubiera vaciado el rostro de sangre. Algo va mal. Aunque no consigo determinar qué.
El almacén al que me conduce Dario está vacío, y frunzo el ceño mientras miro a mi alrededor.
Dario se lleva un dedo a los labios para indicarme que no hable, y yo asiento despacio.
Una fracción de segundo después, suelta una maldición y me empuja al suelo, detrás de una caja. Las balas silban a nuestro alrededor y el corazón amenaza con salírseme del pecho al galope.
Dario desenfunda la pistola y responde a los disparos; el grito de dolor de alguien me llena los oídos. Bien. Le ha dado a uno.
¿Por qué me ha traído aquí? ¿Por qué me ha puesto en peligro?
Me asomo por un lado de la caja y veo a Dario abalanzarse sobre uno de los pistoleros. Algunos de los demás se ponen en pie a trompicones y huyen. Solo quedan un hombre tendido en el suelo, supuestamente muerto, y aquel con el que Dario está forcejeando.
—¿Quién te envía? —sisea Dario mientras golpea al hombre una y otra vez. Lo está moliendo a golpes, imponente sobre aquel hombre más pequeño.
Algo frío se quiebra en mi bajo vientre y, en su lugar, empieza a arder. Estoy aterrada, pero también excitada al verlo encargarse de la situación.
Está claro que haber crecido en este mundo me ha trastornado.
—No me mates —balbucea el hombre.
Dario deja de golpearlo y lo mira desde arriba, respirando con dificultad.
—Primero te cortaré el meñique —dice Dario como un demente, pero todo está calculado y su tono grave me provoca otra descarga de placer por todo el cuerpo—. Después, el pulgar...
—No, no, hablaré. Le diré lo que quiera saber, jefe.
—¿Quién te ha enviado?
Vacila y Dario vuelve a golpearlo, haciendo que el hombre más pequeño escupa sangre en el suelo.
—Beth —logra decir al fin con voz ronca—. Ella me ha enviado para matarte.
Dario deja de golpearlo, se levanta y saca la pistola de la parte trasera del pantalón.
—No, espera...
Las súplicas del hombre quedan interrumpidas por dos disparos amortiguados por un silenciador.
Me tapo la boca con una mano para contener un grito.
¿Beth? ¿De qué estaba hablando? Beth no ha hecho esto. Ella no enviaría a nadie para matar a Dario. Es su primo.
Que no se lleven bien no significa que ella fuera a...
¿O sí?
El aliento se me atasca en la garganta. Ella sabe que Dario es el padre de Sonny. Sabe lo que sentía por él...
No lo haría.
No lo haría.
Me levanto con las piernas temblorosas y Dario se vuelve hacia mí, con el pánico reflejado en el rostro.
—¿Estás herida? ¿Te han dado?
Sus manos flotan junto a mis costados sin llegar a tocarme.
Niego con la cabeza.
—Estoy bien. No me han herido, pero... ¿qué significa todo esto, Dario? ¿Qué intentas demostrar?
—¡Que no puedes confiar en Beth! —suelta mientras se pasa una mano por el pelo—. Que tienes que quedarte conmigo. Estarás a salvo conmigo, Li.
¿A salvo?
—Acabo de verte matar a dos hombres delante de mí —digo sin emoción—. ¿Y crees que eso hace que me sienta a salvo?
—¡Tenía que hacerlo! Venían a por mí...
—¿Y culpas a Beth? ¿Por qué iba a hacer algo así? Es mi mejor amiga. Ella no haría daño a... —Dejo la frase en el aire, porque no quiero que sepa lo que sigo sintiendo por él.
—Me odia, Li. Siempre me ha odiado. Por favor, piensa un poco. ¡Está intentando matarme!
—Pero ¿por qué? No quiere el imperio y, de todos modos, ni siquiera es la siguiente en la línea de sucesión. Piénsalo, Dario. No tiene ningún sentido.
—La que no tiene ningún sentido eres tú, belissima —resopla—. Nunca has corrido peligro. Giovanni y Rocco están en la parte de atrás.
—¡Me han disparado, Dario! —casi chillo—. No puedo creer que no entiendas que eso es algo malo. Si sospechabas de Beth, deberías habérmelo contado sin más.
—¡No me habrías creído! —me grita, con el rostro encendido por la ira—. No me habrías dejado decir ni una palabra sobre tu adorada Beth.
Lo fulmino con la mirada.
—No puedes estar hablando en serio, joder. Estás celoso de ella.
Él se mofa.
—¿Celoso?
—Sí. Porque ella está a mi lado, porque siempre ha estado a mi lado, y tú no lo soportas.
—Ella no te merece —dice con un matiz suplicante en la voz—. Solo... quédate conmigo, Liana. Sonny y tú podéis quedaros todo el tiempo que queráis.
Niego despacio con la cabeza, retrocediendo mientras él da unos pasos hacia delante.
—Me voy. Y no me sigas, Dario. Lo digo muy en serio, joder.
La ira me invade. No puedo creer que me haya hecho esto. No puedo creer que esté tan puto celoso de Beth que intente acusarla de deslealtad.
—¡Li, no!
Me persigue hasta fuera y suelto un resoplido cuando llego al coche.
—No me sigas. No me llames. Esto se ha acabado, Dario. Para siempre. Conseguiré la anulación en cuanto pueda y, mientras tanto, no quiero verte.
—Li, no hagas esto —suplica, con los ojos oscuros brillantes mientras se acerca al coche.
—Déjanos en paz a Sonny y a mí —digo con voz ahogada, pero él da otro paso hacia el coche.
Tomo aire de forma entrecortada.
—Te odio. Preferiría vivir en mi puto coche antes que pasar un segundo más viviendo contigo.
Su expresión se hace añicos, pero solo durante un instante, antes de que sus facciones vuelvan a quedar inexpresivas.
—L-Li... —tartamudea, pero lo dice en voz baja, apenas un susurro, y el corazón se me parte por la mitad.
Subo al coche y me alejo a toda velocidad, esperando llegar a su casa antes que él.
Lo consigo y corro de un lado para otro preparando un par de bolsas con ropa para Sonny y para mí. Ya me preocuparé más tarde por el resto de mis cosas.
Ahora mismo solo necesito alejarme. Ir a algún lugar seguro.
A algún lugar donde Dario no pueda encontrarnos.
Así que no voy a casa de Beth. Es el primer sitio donde buscará.
Me registro en un hotel con el nombre de Elena Villanova, uno de los alias que he utilizado en el pasado.
Por suerte, Sonny duerme durante todo el proceso y solo gimotea un poco cuando lo dejo en la cama del hotel. Le doy una almohada para que la abrace y me siento en el borde de la cama, con la mirada perdida.
Es evidente que pasa algo entre Beth y Dario, pero no tiene nada que ver conmigo. No creo que ella haya intentado matarlo de verdad, aunque está claro que están inmersos en algún tipo de pelea.
Y a mí me han arrastrado hasta dejarme en medio.
Pero Beth sabrá más. Entenderá por qué estoy tan disgustada.
La llamo y responde al tercer tono, casi sin aliento.
—¿Liana? ¿Dónde estás? Llevo toda la noche llamándote.
Ni siquiera he mirado el móvil. Estaba nerviosa por no saber adónde iba a llevarme Dario.
—He estado... ocupada —digo, con la voz cada vez más ronca por la emoción y lo avanzado de la hora—. Tenías razón sobre Dario. Nunca debería haber confiado en él.
Ella emite un murmullo.
—No voy a decirte que ya te lo advertí. ¿Dónde estás?
—Estoy en un hotel del centro.
Algo en mi interior vacila antes de darle la dirección, pero solo es paranoia.
Dario ha perdido la cabeza si cree que Beth está intentando matarlo de verdad. Esto no es más que una pelea absurda entre ellos que ha llegado demasiado lejos.
Beth me lo explicará cuando llegue.
Después de darle la dirección, cuelga.
Y yo me limito a esperar, intentando no escuchar los pensamientos que se agolpan en mi cabeza.