49
Ivy
Durante unos segundos todavía medio dormida extiendo la mano buscando a Ewan entre las sábanas, para acabar descubriendo que me he despertado sola.
Abro los ojos inmediatamente. La otra mitad de la cama sigue intacta. Me incorporo lentamente entre las mantas y noto la vergüenza llegarme de golpe unos segundos después. La noche anterior diciéndole: Te espero en la habitación. Y él decidiendo dormir en cualquier otro sitio antes que conmigo.
Bajo a la con cara de alguien que ha dormido fatal y lo encuentro allí, bebiendo café con la misma ropa de ayer.
—Buenos días.
Lo miro unos segundos.
—¿Dónde dormiste anoche?
—En el despacho.
—Qué detalle lo de avisar. Muy considerado —suelto con cierto enfado.
—No quería despertarte.
—¿Qué querías exactamente que entendiera, Ewan?
—No empieces —gruñe.
—No, explícamelo tú. Porque hace dos noches prácticamente me decías que mandáramos el pacto a la mierda y ahora desapareces de nuevo.
Ewan aprieta la mandíbula. Ese maldito gesto suyo que aparece justo antes de encerrarse completamente.
—Esto se está complicando demasiado.
—¿Sabes qué es lo peor? —levanto la voz acercándome un paso—. Que ni siquiera me estás dejando decidir si esto merece la pena. Lo haces tú solo. Constantemente.
—Ambos sabíamos que no merecería la pena, Ivy.
Abro los ojos como platos.
—No puedes hacerme sitio en tu vida de esta manera y luego actuar como si todo esto hubiera sido demasiado intenso, demasiado sentimental para tu gusto y herirme como si fuera una mierda.
—No estoy intentando herirte.
—Pues felicidades, porque te está saliendo increíblemente bien.
Ewan pasa una mano por su nuca con cansancio.
—No sé hacer esto bien.
Abro la boca para responder algo. Lo que sea. Pero el sonido de un motor entrando en el camino de grava nos corta de golpe.
Los dos giramos la cabeza automáticamente hacia la ventana.
Callum.
—Bueno —expreso apartándome de él—. Parece que el universo ha decidido acelerar la humillación.
—Ivy… —Ya estoy saliendo de la cocina antes de que termine la frase.
Subo las escaleras demasiado rápido, entro en la habitación y cierro la puerta con fuerza antes de apoyarme unos segundos contra ella intentando respirar normal.
No funciona bien.
Empiezo a meter ropa dentro de la maleta casi sin mirar lo que hago. Jerseys. Libros. El cargador. Las botas. La habitación empieza a vaciarse demasiado deprisa.
Desde la ventana veo mi coche aparcado frente al castillo y a Callum hablando con alguien junto al camino de grava.
Tardo un segundo en reconocerla, es Morag.
No puedo evitar preguntarme a quién demonios habrá dejado encargado del pub para venir hasta aquí en mitad de la mañana.
Aunque, sinceramente, conociéndola, probablemente haya abandonado el local en manos del primer cliente utilitario que pasara cerca de la barra.
Ewan aparece junto al coche y Callum le señala algo bajo el capó mientras Morag observa la escena con los brazos cruzados.
Incluso desde arriba se nota que algo va mal. Que nosotros vamos mal.
Cierro la cremallera de la maleta y me obligo a bajar antes de seguir pensando demasiado.
Cuando salgo al exterior, Ewan levanta la vista inmediatamente al escuchar mis pasos sobre la grava.
—Muchacha —indica Callum incorporándose—. Ya debería funcionar sin problemas mecánicos durante una buena temporada.
—Increíble concepto —murmuro.
Morag me observa y después mira a Ewan.
—Ay, por el amor de Dios —resopla—. ¿Qué habéis hecho ahora?
—Nada —respondemos los dos al mismo tiempo.
Ella pone los ojos en blanco y Callum, con bastante instinto de supervivencia, decide revisar algo al otro lado del coche y desaparecer de la conversación.
Morag se y me abraza fuerte.
—Vas a volver —me dice bajito al oído.
Intento reírme un poco.
—Eso ha sonado menos a predicción y más a amenaza.
—Correcto.
Cuando se aparta, le lanza a Ewan una mirada capaz de atravesar piedra.
—Y tú deja ya de actuar como un hombre al que le da alergia ser feliz cinco minutos seguidos. Estoy mayor y cansada. Ya no tengo paciencia para idiotas.
Miro hacia el coche. Hacia la carretera y a cualquier cosa que no sea Ewan, aunque me resulta imposible no mirarlo por el rabillo del ojo, sobre todo, cuando sigue con los ojos fijos en mí, sin moverse, mientras el viento le despeina el pelo y la mano vendada cuelga inútilmente junto a su cuerpo.
—¿De verdad vas a irte ya? —pregunta al final—. ¿Así sin más?
Aprieto con fuerza el asa de la maleta antes de responder.
—Es lo que querías, ¿no? Tú mismo dijiste que ninguno debería complicar más las cosas.
—No he dicho que quiera que desaparezcas en cinco minutos.
—No hace falta que lo digas, Ewan. Llevas mucho tiempo intentando convencerte a ti mismo de que esto ha sido un error.
—No ha sido un error.
—Pues disimulas fatal.
Él deja escapar aire despacio y se acerca otro paso.
Lo bastante para que vuelva a notar su calor cerca y el olor familiar de su jersey Callum vuelve a desaparecer muy inteligentemente dentro del coche y, a varios metros, Morag finge mirar el móvil con el entusiasmo de alguien que claramente está escuchándolo todo.
—Si me quedo —murmuro más bajo ahora— esto solo va a hacerse más difícil.
Una parte de él quiere detenerme. Lo noto perfectamente. Está ahí, justo debajo de todo ese autocontrol con el que lleva días intentando convencerse de que alejarnos es lo correcto.
Pero al final hace lo de siempre. Se traga las palabras. Baja la vista hacia la maleta, aprieta la mandíbula y termina asintiendo sin añadir nada más.
Me obligo a apartar la vista de Ewan antes de terminar diciendo alguna estupidez y me giro hacia Callum.
—Te haré una transferencia en cuanto llegue a Londres, por aquí la cobertura no es muy buena —le digo intentando recuperar la voz normal—. Y más te vale fiarte de mí después de todo lo que ha sufrido este coche contigo.
—Tranquila. Después de todo lo que me ha hecho sufrir ese coche a mí, ya nos hemos convertido prácticamente en familia. ¿Entonces qué? ¿Vas a seguir la ruta por las Highlands o vuelves directamente al sur?
Miro un instante hacia la carretera antes de encogerme ligeramente de hombros.
—Lo decidiré sobre la marcha.
Morag se acerca y me coge las manos entre las suyas.
—Llámame de vez en cuando —señala mirándome muy seria.
—Cuenta con ello.
—Ha sido un placer conocerte, Ivy Harper.
—También ha sido un placer conocerte a ti. —Me aprieta las manos una última vez antes de soltarme despacio. Y ya no queda ninguna excusa más para seguir retrasando esto.
Miro el castillo una última vez antes de abrir la puerta del coche. Las ventanas. La piedra húmeda. La luz encendida en la cocina. Todo parece exactamente igual que hace diez minutos.
Y, aun así, siento que estoy dejando algo muchísimo más grande detrás de mí que un simple edificio viejo en mitad de las Highlands.
Dejo la maleta en el asiento trasero y me siento al volante intentando ignorar el nudo que tengo instalado en la garganta.
Él sigue ahí. Quieto.
Arranco el motor y el sonido rompe el silencio del patio inmediatamente. Nadie habla.
Callum se aparta unos pasos. Morag se cruza de brazos.
Levanto la vista hacia Ewan una última vez y después meto primera antes de arrepentirme.
El coche empieza a avanzar lentamente sobre la grava.
Él da un paso hacia delante instintivamente. Solo uno y lo veo detenerse inmediatamente después.
Aprieto las manos sobre el volante intentando no pensar demasiado mientras atravieso el camino principal y llego a la carretera. No vuelvo a mirar atrás enseguida. Solo cuando el castillo empieza a desaparecer entre los árboles.