El heredero más imposible de Escocia 34
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​​ Ewan

Abro los ojos de golpe y durante unos segundos no entiendo qué es exactamente lo raro que siento en este despertar. Después noto su mano apoyada sobre mi estómago.

Ah. Claro.

El techo de la habitación sigue medio oscuro y afuera llueve con esa constancia gris que aquí parece durar siglos enteros. Ivy está dormida pegada a mi lado, envuelta en una mantas y con el pelo completamente descompuesto sobre la almohada.

Anoche subimos aquí después del incendio de la cocina riéndonos como dos idiotas. Todavía puedo verla apoyada contra la pared del pasillo, con olor a humo y vino, mirándome como si estuviera a punto de volver a besarme incluso antes de que yo me acercara.

Y lo hice en cuanto cerré la puerta.

Ivy se mueve un poco entre las mantas y resopla dormida antes de acercarse todavía más. Su pierna roza la mía y cierro los ojos un segundo porque mi cuerpo reacciona inmediatamente, como un imbécil divinamente entrenado.

Fantástico.

Ni siquiera está consciente y ya consigue alterarme el sistema nervioso.

Bajo la vista hacia ella otra vez. Dormida parece distinta. Sin esa expresión alerta que suele aparecer justo antes de lanzar algún comentario capaz de desesperarme.

Hace mucho tiempo que no compartía silencio con alguien sin sentir la necesidad de llenarlo o escapar de él. Y no sé si me gusta o me espanta.

Ivy abre los ojos despacio unos segundos después y tarda un momento en enfocarme. Cuando lo hace, sonríe y ese gesto es suficiente para complicarme el día entero.

—Hola —murmura con voz dormida.

—Buenos días.

Se queda observándome unos segundos antes de entrecerrar ligeramente los ojos.

—Tienes cara de haber cavilado demasiado antes incluso de desayunar.

Resoplo una risa corta.

—Eso no reduce mucho las posibilidades.

—No, pero hoy pareces algo preocupado por existir.

La frase me hace sonreír pese a todo. Se incorpora un poco apoyándose sobre mi pecho y aparta la manta con la pierna.

—¿Qué hora es? —pregunta.

Cojo el móvil de la mesilla.

—Las nueve —murmuro, dejándolo otra vez sobre la tabla.

Ivy emite un sonido de protesta amortiguado contra la almohada antes de taparse media cara con la manta.

—Eso roza la violencia institucional para ser sábado. —Bosteza despacio y vuelve a dejar la cabeza sobre la almohada mientras me observa con los ojos todavía medio cerrados.

—Anoche casi provocamos un incendio.

— Provocamos es una manera muy elegante de culparnos a los dos por una tragedia que empezó claramente contigo.

Ivy levanta una ceja.

—Perdona, yo no fui quien decidió distraerse en mitad de una cocina llena de fuego real.

—Técnicamente reaccioné bastante rápido.

—Reaccionaste porque empezó a oler a sartén carbonizada y muerte inminente —indica.

La risa se me escapa antes de poder contenerla y noto cómo ella sonríe también al escucharla.

—Tú tampoco estabas especialmente preparada para la alta cocina anoche.

—Aquella sartén me tuvo manía desde el principio.

—La sartén solo intentaba hacer su trabajo.

—Y yo intentaba sobrevivir a un escocés con problemas graves de autocontrol.

Le lanzo una mirada de reojo.

—Lo que dices es bastante parcial.

—Porque estoy elaborando mi versión oficial de los hechos —claudica.

Debo quedarme mirándola demasiado tiempo porque levanta la vista hacia mí de repente.

—¿Por qué me miras así?

—No te estaba mirando.

Ella suelta una risa baja, claramente poco impresionada por mi capacidad para mentir.

—Ewan, llevas como medio minuto completamente ausente. Eso ya entra dentro de la categoría de mirar intensamente.

—Estaba pensando.

—Eso sí me preocupa.

—Eres agotadora desde buena mañana —bromeo.

—Y tú rarísimo cuando estás relajado.

Resoplo por la nariz.

—En el fondo, te gusta tener a alguien aquí. Reconócelo —añade.

La frase me descoloca lo suficiente como para no responder enseguida. Y, por supuesto, ella lo nota.

Claro que lo nota.

Ivy tiene una capacidad enorme para detectar silencios concretos.

—Eso es una acusación bastante seria —mascullo al final.

—Y aun así todavía no la has negado.