32
Ewan
Dormir después de besar a Ivy ha resultado una idea bastante optimista.
Me he pasado media noche dando vueltas en la cama y la otra media intentando convencerme de que el beso no va a cambiar nada.
O, más bien, de que no vuelvo a sentirme como alguien que espera cosas.
Porque las expectativas tienen una forma especialmente cruel de convertirse tarde o temprano en decepciones.
Bajo a la cocina con la esperanza de que esté vacía.
Era poco probable.
Ivy está sentada en la encimera con un té entre las manos y el pelo todavía algo desordenado de dormir. Lleva uno de esos jerséis enormes que le resbalan ligeramente por un hombro, uno que me gustaría tocar y besar muy a mi pesar.
Los dos nos quedamos estáticos mirándonos sin saber muy bien cómo iniciar la conversación matutina.
—¿Qué tal has dormido? —acaba diciendo ella primero.
—Mal, ¿y tú? —decido no mentir y abro un armario con más fuerza de la necesaria.
—Lo de anoche… —empieza ella.
—No.
Ivy frunce ligeramente el ceño.
—Ni siquiera sabes lo que iba a decir.
—No hace falta.
—Vale.
Deja la taza de té en el fregadero, y sale de la cocina sin decir nada más.
El resto de la mañana empeora. Ivy intenta actuar normal. Yo también, pero ninguno lo consigue.
Ella habla menos. Yo respondo peor. El castillo entero empieza a sentirse raro, como si las habitaciones hubieran notado antes que nosotros que algo se ha fracturado durante la noche.
A media tarde la encuentro en el salón, sentada en el suelo con un libro abierto sobre las piernas y varias hojas sueltas desperdigadas a su alrededor como si llevara horas allí.
Levanta la vista en cuanto entro y noto el impacto de sus ojos verdes inmediatamente.
Mierda.
Debería haber seguido de largo por el pasillo, salir fuera, fingir que tengo algo urgente que hacer o directamente arrojarme al lago antes de enfrentar otra conversación con ella después de lo de anoche.
—¿Vas a seguir evitándome mucho tiempo o esto va forma parte de la experiencia completa de la casa?
Dejo las manos en los bolsillos del pantalón y me quedo junto a la puerta, manteniendo una distancia bastante deliberada entre los dos.
—No te estoy evitando.
—Claro —suena agotada.
No me acerco. Ni un paso. Porque soy demasiado consciente de lo fácil que sería volver a besarla si me arrimo demasiado, y convertir algo tan simple como cruzar una habitación en una decisión horrible.
Cierra el libro de golpe y el sonido seco rebota suavemente entre las paredes. Después se pone de pie.
—¿Sabes qué es lo más desesperante de todo esto?
La observo avanzar un poco hacia la mesa sin perderme de vista. No digo nada, ella tampoco parece necesitar que lo haga.
—Que llevas días acercándote a mí para luego actuar como si te molestara haberlo hecho.
Aprieto la mandíbula antes de contestar.
—No me molesta.
—Pues tienes una manera rarísima de demostrarlo.
El comentario llega rápido, y está claro que hay algo debajo. Algo mucho menos divertido que el tono que intenta usar. La veo cruzarse de brazos mientras espera una respuesta que claramente no sé darle.
Y entonces, como un absoluto idiota, digo exactamente lo peor que puedo soltar por mi boca.
—Solo fue un beso.
Ivy se queda completamente quieta. Después se ríe una vez, una sola, claramente carente de humor.
—Ah. Vale.
—No era eso lo que quería decir. —Me paso una mano por la nuca, frustrado conmigo mismo.
—Entonces hoy estás teniendo problemas gravísimos de comunicación, porque llevas toda la mañana diciendo exactamente lo contrario de lo que parece que piensas—hace una pausa antes de continuar—.
¿Sabes qué creo, Ewan? —Da un paso más hacia mí—.
Creo que te gustó demasiado. Y que llevas desde anoche intentando convencerte de que no significó nada porque admitir lo contrario sería muchísimo más complicado para ti
—No conviertas esto en algo más grande de lo que es.
—¿Y qué es exactamente para ti? —la pregunta queda colgada entre nosotros. No tengo respuesta, la verdad sería admitir demasiadas cosas a la vez.
Por ejemplo que besarla fue una mala idea. Que probablemente vuelva a hacerlo si me da medio segundo de oportunidad. Y que llevo todo el día pensando en ello aunque me niege a admitirlo. Ninguna de las tres opciones parece sustancialmente inteligente.
—Eres el heredero más imposible de Escocia. —Niega lentamente con la cabeza.
—Eso no debería haber pasado —señalo al final, con la voz más baja.
Suelta aire despacio antes de coger otra vez el libro de la mesa.
—Pues llegas un poco tarde a esa conclusión.
Pasa por mi lado sin tocarme, pero el roce mínimo de su perfume al cruzarse conmigo basta para que todo mi cuerpo reaccione antes siquiera de que pueda impedirlo.
Me paso una mano por la cara y cierro los ojos un instante.
Besar a Ivy no fue un error. El error fue olvidar, aunque solo fueran unos días, por qué dejé de permitir que la gente me importara lo más mínimo.