El heredero más imposible de Escocia 3
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​​ Ivy

Cuando la puerta del castillo se ha abierto, lo primero que he pensado ha sido que este hombre debe medir cerca de dos metros.

Quizá no llega exactamente a esa cifra, pero desde mi posición —empapada, cansada y con la dignidad ligeramente deteriorada por el día que he llevado— la sensación ha sido esa: una pared humana ha ocupado todo el marco de la puerta.

Ancho de hombros, fuerte, con ese tipo de físico que no ha parecido construido en un gimnasio sino en la vida real, levantando cosas pesadas y moviéndose mucho. El cabello castaño, algo revuelto, y una barba de varios días que le da un aspecto todavía más serio.

Y, para ser completamente honesta, también muy atractivo. No del tipo amable que sonríe a los desconocidos en las estaciones de tren. No. Ha sido más bien el tipo de hombre que parece capaz de desmontar una puerta si algo no le gusta… y luego arreglarla él mismo.

Lo segundo que he pensado ha sido que pare enfadado con el mundo. No conmigo en particular —aunque también—, sino con la existencia en general.

Su tono al hablar ha sido seco, directo, casi brusco. Cada frase ha parecido salirle con el mínimo número de palabras posible, como si hablar demasiado fuera una pérdida de tiempo.

Ahora lo sigo por el interior del castillo. En silencio. Bueno… en mi silencio, al menos.

Ewan MacKenzie camina delante de mí con paso seguro, como alguien que conoce cada rincón de este lugar. Sus botas resuenan sobre el suelo de piedra mientras subimos una amplia escalera que parece haber sobrevivido a varios siglos sin demasiados problemas.Intento no quedarme demasiado atrás.

El vestíbulo que hemos dejado atrás ya me había parecido impresionante, pero el resto del castillo no se queda corto.

Las paredes son gruesas, de piedra oscura, y en algunos lugares todavía se conservan antiguos tapices que han perdido algo de color con el tiempo.

La iluminación es cálida, creada por varias lámparas modernas que contrastan con la arquitectura antigua.

El lugar tiene algo curioso: no parece abandonado ni tampoco completamente habitado.

Es como si estuviera en una especie de pausa.Como si el castillo estuviera esperando decidir qué quiere ser.

Él gira por un pasillo largo.

A través de las ventanas veo la noche extendiéndose sobre las colinas. La lluvia ha vuelto a empezar, golpeando los cristales con una constancia que empieza a resultarme familiar.

—¿Siempre llueve de esta manera? —pregunto finalmente.

—No —su respuesta llega sin que se detenga — aveces es peor.

No puedo evitar una pequeña sonrisa.Seguimos caminando unos metros más hasta que se detiene frente a una puerta de madera clara y la abre.

—Esta servirá.

Entro detrás de él.La habitación es mucho más acogedora de lo que esperaba.

Las paredes están pintadas en un tono crema que suaviza la piedra original, y una gran ventana ocupa casi toda una de las paredes, con vistas a las colinas que rodean el castillo.

La cama es enorme, con un edredón grueso que parece especialmente diseñado para sobrevivir a inviernos escoceses.

Hay también una cómoda antigua, una pequeña mesa de trabajo y una butaca colocada cerca de la ventana.

No parece una habitación improvisada.Más bien parece una habitación que alguien preparó con cuidado hace tiempo.

—No es un hotel —dice Ewan, apoyado en el marco de la puerta—. Pero debería ser suficiente para un fin de semana.

—Es perfecta.

Y lo digo en serio.Después del día que llevo, podría dormir feliz incluso en el suelo.Me acerco a la ventana. Desde aquí el paisaje es impresionante incluso en plena oscuridad. Las colinas apenas se distinguen, pero la sensación de espacio es enorme.

—El baño está al final del pasillo —añade—. El agua caliente funciona… la mayor parte del tiempo.

—Suena prometedor.

No responde. Cuando me giro, lo encuentro observándome con esa misma expresión seria que tenía cuando abrió la puerta.Como si todavía estuviera intentando decidir qué hago aquí.

—Gracias por dejarme quedarme —manifiesto.

Su respuesta tarda unos segundos en llegar.

—Solo hasta que arregles tu coche.

Hace un pequeño gesto con la cabeza, como si eso cerrara el asunto.

Cuando se marcha y la puerta se cierra detrás de él, me siento en la cama. El colchón es bastante cómodo.

Miro la habitación una vez más y luego dejo escapar una risa cansada.

Vine a Escocia buscando tranquilidad. Y acabo pasando el fin de semana en un castillo con un hombre que parece tener una batalla personal incluso con la forma en que funciona el mundo… y, por lo que he visto, va ganando.

No sé si eso cuenta como mala suerte.O como el tipo de situación que, en las novelas, siempre termina complicándolo todo.