El heredero de mi padre (Una pasión secreta) CAPÍTULO 53
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CAPÍTULO 53

Desde aquel día en la maternidad, Eros y yo no hemos vuelto a hablar. Sin más, hizo la maleta y se mudó al hotel de su familia.

No ha dado señales de vida. Se rindió sin más y lleva escondiéndose de mí por los pasillos de la universidad.

Es sábado y me paso todo el día en casa de Elena, mimando a nuestra pequeña princesa Bianca.

—¿Cómo estás? —pregunta Elena mientras amamanta a mi sobrina.

—Estoy bien —fuerzo una sonrisa y miento descaradamente.

No puedo decirle a mi hermana que, si estuviera en casa ahora mismo, tendría los ojos hinchados de tanto llorar.

—Si no te conociera como la palma de mi mano, hasta podría creerte —dice mientras cojo a mi sobrina de sus brazos para sacarle el aire.

—Tengo que estar bien, Lena —el nudo vuelve a formarse en la garganta, pero me niego a llorar—. Él se rindió. Sin más. ¿Qué más puedo hacer?

—¿Estás segura de que se ha rendido de verdad? Eros te quiere, pececito. ¿Has visto cómo te mira?

—Ahí te equivocas. El lunes me llevó a la casa nueva, tuvimos una noche perfecta, pero cuando le dije que lo quería, algo cambió. No solo no me correspondió, sino que el ambiente se volvió raro el resto de la noche. «Te quiero» significa algo diferente para cada uno de nosotros. Solo me dijo que me quería cuando vi el artículo sobre Grecia. Solo lo dice cuando le conviene.

Mi sobrina se queda dormida y la acostamos en la cuna.

Vamos juntas al salón. Elena trae el vigilabebés para controlar la siesta de nuestra pequeña princesa.

—¿Cuándo vuelven mamá, Theodore y Atlas? —pregunta Lena.

—Probablemente el lunes.

—¿Por qué no te quedas a dormir aquí estos días?

—¡Gracias, hermana! Pero llevo todo el tiempo libre metida entre libros. Falté dos días a las dos universidades, así que tengo mucho acumulado. Me sirve de distracción, y ya sabes que me gusta estudiar.

—Está bien estudiar, pero necesitas relajarte más, divertirte, hacer cosas de chicas de tu edad... Ya tendrás toda la vida para ser responsable.

—Hablando de eso —dice mi cuñado, entrando en la habitación—, esta noche tenemos un DJ brasileño en el club, así que el funk está asegurado.

—¿En serio? Quiero ir —digo, emocionada—. Necesito bailar y tomarme unas cuantas de esas bebidas rosas. Tengo un vestido rosa que lleva esperando la ocasión perfecta. Me lo voy a poner para ir a juego con mi bebida.

—Yo no estaré; me quedo en casa con mis princesas, pero te prepararé la mejor zona VIP —dice, y chocamos los puños.

—¿Te he dicho que eres el mejor cuñado del mundo? —Los tres sonreímos.

—Puedes invitar a quien quieras —dice Matteo.

—Podría invitar a Giu y Pietro, pero no me apetece hacer de sujetavelas. Olivia está en Roma y Atlas en Grecia, así que iré sola —digo, poniéndome de pie—. Me voy. Quiero empezar a arreglarme.

—Te ha hecho ilusión, ¿eh, pececito? —pregunta Lena, abrazándome.

—Sí.

Ya es media tarde, así que me despido de Lena y Matteo, y lleno de besos la cabecita de mi pequeña princesa.

Vuelvo a casa conduciendo el cochazo de Atlas.

Cuando llego, corro a mi habitación y saco del armario mi vestido rosa pálido supersexy.

Me ducho, me cuido la piel y el pelo, me maquillo resaltando los ojos, me pongo unos tacones finos y lista.

—¡Uy, casi! —me rocío mi perfume favorito en la nuca, detrás de las orejas, en las muñecas y en la cara interna de los codos.

Cojo mi bolsito bandolera con brillos y me voy al club.

Como quiero tomarme unas copas, no conduzco, aunque no estaría mal llegar al club en el cochazo de Atlas.

Mi sentido de la responsabilidad no me lo permitiría.

Pido un coche por la app y quince minutos después estoy en la puerta del club de Matteo.

—Hola, Chiara, ¡bienvenida! —dice el guardia de seguridad de la entrada VIP—. Llevabas tiempo sin aparecer.

—Sí, Daniel. He tenido mucho lío con los estudios, pero ya estoy de vuelta.

Me pone la pulsera.

—¡Pásalo bien! Tu zona VIP es la principal, la más cercana al escenario.

—¡Gracias! Voy a darme una vuelta por la pista.

El club está a tope, como siempre. Voy directa a la barra.

—¿Lo de siempre? —pregunta Marco, el barman, al verme.

—Lo de siempre —sonrío.

Lo observo hacer todos esos trucos con las manos hasta que mi bebida está lista.

Voy al centro de la pista y me pongo a bailar. El DJ brasileño todavía no ha empezado, pero el ritmo está muy bueno.

Me termino la bebida y pido otra.

Vuelvo a bailar y espanto a cualquier chico que intente acercarse. Hoy solo quiero bailar a mi aire y disfrutar de mi bebida rosa.

Noto que alguien me da un toquecito en el hombro y me doy la vuelta.

—Luca —digo, sorprendida.

—Qué bien verte por aquí —dice, y lo saludo con un beso en la mejilla.

—¿Con quién has venido?

—Con Apollo y Elisa —señala hacia donde están, a unos metros, y fuerzo una sonrisa—. ¿Y tú, con quién has venido?

—Sola.

—Ven con nosotros.

—Gracias, pero estoy bien aquí.

Veo a Apollo acercándose.

—¿Cómo estás, Chiara? —pregunta al llegar.

—Bien. ¿Y tú?

—Mejor ahora —dice, y me contengo para no poner los ojos en blanco.

Se me acaba la bebida.

—¿Quieres otra de esas? —pregunta Apollo.

—¡Gracias! No te preocupes, ya me pido yo algo. Vosotros dos deberíais volver a donde estabais. Vinisteis con Elisa; no queda bien dejarla sola.

Los dos se quedan un poco incómodos, se despiden y vuelven con la chica.

Mientras pido otra bebida, empieza el set del DJ brasileño.

—¡Wooohoo! —suelto un grito seguido de un silbido con los dedos.

Me acerco al escenario y empiezo a bailar. Veo a una chica que lo está petando en la pista e intento copiarla. Se da cuenta y empieza a enseñarme. No hablamos, pero el lenguaje del baile funciona de maravilla.

La chica que me estaba enseñando sus pasos se sube al lateral del escenario, una zona reservada para que la gente suba a bailar.

Me hace señas para que suba, pero dudo, muerta de vergüenza. Ella insiste.

¿Por qué no?

Ella y otra chica me tienden las manos para ayudarme a subir, y yo les doy las mías mientras me impulso.

Me olvido de todos los que me rodean y simplemente me dejo llevar por el baile.