El heredero de mi padre (Una pasión secreta) CAPÍTULO 37
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CAPÍTULO 37

Abrí los ojos y enseguida me di cuenta de que no estaba en mi habitación.

Miré a un lado y vi a Eros.

¿En qué momento acabé en su habitación?

¿Nos acostamos juntos?

¿Por qué no lo recuerdo?

Lo último que recordaba era haber echado a la madre de Apollo y haber conocido a la exnovia de Eros.

Aún intentaba reconstruir los acontecimientos de la noche anterior cuando Eros empezó a moverse en la cama.

Oh, dios griego. Me asaltaron pensamientos censurables al verlo sin camiseta, con solo un pantalón de chándal.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó, despertándose.

—¡Estoy bien! —respondí—. ¿Cómo acabé aquí?

—¿De verdad no recuerdas nada?

Se me abrieron los ojos como platos ante su pregunta.

—Vomitaste encima de ti y de tu cama, así que te traje aquí.

Me incorporé de golpe en la cama.

—Estás de broma, ¿verdad?

Rogué mentalmente que fuera una broma.

—No lo estoy. Solo te lo dije para que entendieras por qué estás en mi cama.

—¡Dios mío! Tengo que coger las sábanas y la ropa sucia y meterlas en la lavadora antes de que alguien las vea.

—Ya lo hice después de que te durmieras —dijo, sorprendiéndome.

—¿Qué hiciste qué?

—Las metí en la lavadora y luego en la secadora. El vestido está doblado en el sillón y las sábanas ya están en tu cama.

—Eros, no tenías por qué hacerlo —dije, aún más avergonzada—. ¿Por qué lo hiciste?

—No fue para tanto. No podía dormir.

—¡Gracias! ¡Y perdona si fui una molestia ayer!

—No fuiste ninguna molestia.

—Eres muy amable —dije, avergonzada—. Nunca había bebido tanto como para acabar en ese estado, y te prometo que no volveré a beber tanto.

—No te culpes. Solo estabas contenta por nuestros padres.

—Estaba contenta por ellos, pero no bebí tanto por eso.

—¿Entonces por qué fue?

Porque me moría de celos al verte con tu exnovia.

—Por nada —dije, levantándome.

—¿Adónde vas?

—A mi habitación.

Sentí la mirada de Eros sobre mi cuerpo. Me tapé de cintura para abajo con una sábana. Caminé hacia la puerta, salí y me encontré cara a cara con Atlas.

Me miró con expresión interrogante.

—¡No es lo que estás pensando! —me adelanté a explicar.

—¿Cómo sabes lo que estoy pensando?

—Eros solo me estaba ayudando.

—Ya veo —respondió con una sonrisa.

—Necesito encontrar mi teléfono. Tengo que llamar a Olivia.

—¿Olivia?

—Sí. Una amiga de la universidad. Prometió que vendría a la boda, pero no apareció y no contestó a mis mensajes anoche.

—No habrá pasado nada grave.

—Eso espero —dije mientras iba hacia mi habitación.

Mi teléfono estaba en el sillón, junto al vestido que Eros había lavado y doblado.

Cogí el móvil y, al desbloquear la pantalla, vi que había un mensaje de Olivia.

«¡Perdona por no haber ido a la boda de tu madre! Te lo explico luego».

Sospeché que algo iba mal.

Empecé a escribir un mensaje.

«¿Puedo ir a tu casa?».

Tardó un rato en contestar, pero al cabo de unos minutos vi que estaba escribiendo.

Sí, puedes. Te mando la ubicación.