El Heredero de Ceniza (Imperios de Ceniza 3) CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

La Calma antes del Fuego

Las horas que siguieron a la confirmación de que Mikhail y Larisa se dirigían hacia la Torre Nevá transcurrieron con la lentitud insoportable de una cuenta atrás que nadie podía detener.

Valeria trabajaba sin descanso en la sala de vigilancia, cruzando cada fragmento de comunicación interceptada con la red de contactos que llevaba meses cultivando dentro de los círculos financieros de la vieja guardia rusa.

—Interceptamos una transferencia de última hora hace veinte minutos —anunció, cuando Kirill entró en la sala con el chaleco táctico ya puesto—.

Larisa ha vendido literalmente todo lo que le quedaba, incluidas joyas de la familia que ni siquiera constaban en ningún inventario oficial, para pagar a un último contingente de mercenarios checos.

No les queda absolutamente nada que perder, Kirill.

Este ataque no busca negociar ni recuperar territorio.

Busca llevaros a todos por delante, cueste lo que cueste.

—Un ataque suicida. —Kirill se pasó una mano por el rostro, sintiendo el peso de las últimas semanas acumulándose de golpe—. Eso los hace mucho más impredecibles que cualquier ejército organizado.

—Por eso necesito que tengas cuidado ahí fuera.

—Valeria se levantó, cruzando la distancia que los separaba con una urgencia que rara vez se permitía mostrar en horario de trabajo—.

No me refiero al cuidado táctico habitual.

Me refiero a que quiero que vuelvas, Kirill.

De una pieza, sin heroicidades innecesarias, sin sacrificarte por ningún gesto noble que puedas evitar.

Kirill la tomó por la cintura, con una ternura que contrastaba brutalmente con el arsenal que llevaba encima.

—Te prometo que voy a hacer todo lo posible por volver —dijo—. Pero no puedo prometerte que no vaya a ponerme en peligro si eso significa proteger a mi familia. Es quien soy, Valeria. Lo sabías desde el primer día que nos conocimos junto a esa verja.

—Lo sé. —Ella apoyó la frente contra la suya, cerrando los ojos un instante—. Y por eso mismo, cuando todo esto termine, vamos a tener una conversación muy seria sobre mudarnos juntos a algún sitio donde las emboscadas no formen parte de la rutina semanal.

—Trato hecho, detective. —Kirill sonrió, robándole un beso breve pero cargado de promesa—. En cuanto termine esta guerra, te lo prometo.

En el ala privada de la torre, Ares repasaba por última vez el plano de las defensas con Elena a su lado, ambos conscientes de que las próximas horas definirían, de una forma u otra, el resto de sus vidas.

—Cuando esto empiece —dijo Ares, sin apartar la vista del plano—, quiero que sepas que cada decisión que tome esta noche, cada riesgo que corra, lo hago pensando en una sola cosa: que tú y nuestro hijo veáis el amanecer.

—Lo sé. —Elena le tomó la mano, entrelazando los dedos sobre el mapa—. Y quiero que tú sepas que no voy a quedarme paralizada esperando que me salves. Vamos a ganar esto juntos, Ares. Como hemos ganado cada guerra desde el día que firmé aquel contrato.

Ares la besó entonces, con una intensidad que llevaba toda la tarde conteniendo, un beso que sabía a despedida y a promesa a partes iguales, justo en el instante en que las primeras alarmas del perímetro exterior comenzaron a sonar, anunciando que la calma, por fin, había llegado a su fin.