El Heredero de Ceniza (Imperios de Ceniza 3) CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

Jaque Mate a las Cuentas

El expediente sobre las cuentas paralelas de Larisa en Liechtenstein estuvo terminado dos días después de la velada en el Mariinsky, construido con la misma paciencia meticulosa que Elena aplicaba a cada partitura compleja que se proponía dominar.

—Tres sociedades pantalla, todas registradas a nombre de testaferros que no aparecen en ningún organigrama oficial de la casa Rostov —explicó Elena, extendiendo el informe sobre la mesa del despacho, con Kirill y Valeria estudiando cada página con la misma atención clínica—.

Larisa ha estado desviando fondos de las cuentas familiares durante al menos dos años, mucho antes de que empezara esta guerra.

Apostaría a que ni su propio padre lo sabe.

—Con esto podemos hacer dos cosas —intervino Valeria, cruzando los brazos—. Congelar los activos a través de un requerimiento de Europol, alegando sospecha de blanqueo, lo cual tardaría semanas en tramitarse pero sería legalmente irreprochable. O...

—O se lo enseñamos directamente a Viktor Rostov —terminó Elena—. Si su propia hija lleva dos años robándole para financiar una guerra personal contra nosotros, sin su consentimiento ni conocimiento, eso cambia por completo el cálculo de lealtades dentro de la casa Rostov.

Ares, que había permanecido en silencio escuchando la estrategia desplegarse, sonrió con una satisfacción oscura.

—Envíaselo anónimamente al viejo Rostov esta misma noche —ordenó—. Que decida él mismo si prefiere seguir financiando la guerra de su hija contra un imperio que puede aplastarlo, o si prefiere cortar por lo sano antes de que ella termine arruinando a toda la familia.

Esa misma tarde, el expediente completo llegó, sin remitente identificable, al despacho privado de Viktor Rostov en Zúrich.

La respuesta no tardó en llegar. A las once de la noche, Kirill irrumpió en el despacho con el rostro pálido y el teléfono todavía en la mano.

—Viktor Rostov acaba de anunciar públicamente que retira su apoyo a cualquier acción militar contra el imperio Volkov —informó, con una mezcla de incredulidad y alivio—. Ha repudiado a Larisa como heredera de la casa Rostov y ha congelado su acceso a cualquier cuenta familiar restante.

—¿Y Mikhail? —preguntó Elena.

El rostro de Kirill se ensombreció.

—Mikhail se ha negado a acatar la decisión de su padre.

Según nuestras fuentes, está reuniendo a los mercenarios que todavía le son leales en el distrito industrial, decidido a continuar la guerra por su cuenta, con o sin el respaldo oficial de la casa Rostov.

Y Larisa, sin fondos propios ni el apoyo de su padre, se ha unido directamente a él.

No tienen nada que perder, Ares. Y eso los hace mucho más peligrosos que antes.

Ares se levantó despacio, con la calma helada de un hombre que acababa de recibir la confirmación de que la guerra, lejos de terminar, estaba a punto de alcanzar su punto más letal.

—Entonces terminemos esto de una vez por todas —dijo—. Antes de que decidan que la única jugada que les queda es venir a por nosotros directamente.