CAPÍTULO 7
Lazos que Cruzan Fronteras
Kirill no esperaba encontrar a Valeria Cruz esperándolo en el vestíbulo de la Torre Nevá, con un abrigo de lana gris cubierto de nieve y una expresión que oscilaba entre el cansancio del vuelo y la determinación profesional que nunca la abandonaba del todo.
—Tú no tienes jurisdicción en Rusia, otra vez —fue lo primero que consiguió decir, aunque la sonrisa que se le escapó desmintió por completo el tono de advertencia.
—Y usted sigue sin aprender que eso nunca me ha detenido, señor Volkov.
—Valeria se sacudió la nieve del abrigo, con un brillo en los ojos que solo aparecía cuando estaban a punto de discutir por algo que en realidad los divertía a ambos—.
Europol ha abierto una investigación sobre los flujos financieros de la casa Rostov.
Larisa Rostov mueve dinero a través de las mismas redes de sociedades pantalla que utilizaba Sorokin antes de que lo detuviéramos.
Cuando vi el nombre "Rostov" cruzado con "San Petersburgo" en el informe, no necesité mucho más incentivo para pedir el vuelo.
—¿Solo el informe te trajo hasta aquí?
—Digamos que el informe fue la excusa que necesitaba mi jefe para aprobar el billete. —Valeria dio un paso hacia él, con una honestidad que llevaba meses ganándose el derecho a mostrar sin tanta cautela—. La verdadera razón la conoce usted perfectamente.
Kirill la tomó de la mano, con una naturalidad que habría sido impensable un año atrás, cuando ambos se conocieron discutiendo junto a la verja de un muelle en Nueva York.
—Ares está a punto de entrar en guerra con los Rostov —dijo, poniéndola al día mientras la acompañaba hacia el ascensor privado—.
Si tu investigación sobre las finanzas de Larisa puede darnos una ventaja antes de que esto se convierta en un baño de sangre, la necesito ahora mismo, no dentro de una semana.
—Entonces vamos a trabajar —respondió Valeria, ya sacando la tablet del maletín—. Pero antes... —Se detuvo, girándose hacia él con una expresión que rara vez se permitía en horario de trabajo—. Me alegro de verte, Kirill.
—Y yo a ti. —Él le rozó la mejilla con los nudillos, en un gesto breve pero cargado de todo lo que ninguno de los dos había tenido tiempo de decirse en los meses de distancia—. Aunque preferiría que las circunstancias fueran distintas cada vez que apareces en mi vida.
—Si las circunstancias fueran normales, señor Volkov, dudo que nos hubiéramos conocido siquiera. —Valeria le dedicó una sonrisa que le suavizó por completo la dureza habitual del rostro—. Aprovechemos lo que tenemos.