El hambre del alfa (Alfas dominantes nº 1) 10 #3
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—Sí, vale —dijo, con el corazón encogido mientras veía los párpados de Ashley cerrarse de nuevo. La policía y la ambulancia llegaron al mismo tiempo y él salió corriendo, con Ashley aún apretada contra su pecho.

—Eh, eh, eh. Nunca se mueve a la víctima. Déjala ahí —ladró uno de los sanitarios, señalando el césped.

—No —dijo con voz dura, yendo directo a la parte trasera de la ambulancia y subiendo para tumbarla en la camilla—. Tienen que ayudarla, ahora mismo.

—Nos ocuparemos de ella —le aseguró uno de ellos.

—Señor, aléjese de ella, por favor —dijo un policía con el arma desenfundada.

Mark apareció a su lado, con la placa del FBI bien visible, y lo cogió del codo para alejarlo. Cuando Ben se zafó, Mark dijo en voz baja:

—Mantén la calma, Stone. Esto ya va a ser bastante complicado de por sí.

El cirujano entró y le dedicó una cálida sonrisa.

—Bueno, es usted una joven muy afortunada —dijo—.

Las radiografías iniciales mostraban una fractura grave, pero cuando intervenimos para reparar el hueso, solo encontré fisuras.

Así que no lleva ninguna placa ni metal.

Hemos extraído la bala, y tendrá que llevar esta escayola rígida durante seis semanas, seguida de una blanda durante otras cuatro —añadió, golpeando con los nudillos la escayola del pie.

—¿Qué? ¿Sin color? —bromeó ella—. La quería rosa.

Él le sonrió.

—Podría pedir que le pusieran una capa rosa solo para usted.

Ella esbozó una leve sonrisa.

—Gracias.

—La policía quiere hablar con usted, y su hermana está aquí. También hay un hombre muy impaciente que dice ser su prometido —dijo guiñándole un ojo.

—¿Cuándo puedo salir de aquí? —preguntó, dejando colgar las piernas por el borde de la cama.

—Puedo firmarle el alta ahora mismo. Aunque creo que la policía querrá tomarle declaración antes de que se vaya.

—¿Puedo ver a Ben primero?

—No veo por qué no —dijo, haciéndole una seña a la técnica que estaba detrás de él. Esta asintió y salió, volviendo al poco con Ben.

Ben llegó, pero se detuvo en el umbral con gesto vacilante. Ella recordó cómo habían terminado las cosas entre ellos la última vez, y la mano le fue instintivamente hacia las heridas del hombro, ya casi curadas. Lo había perdonado, pero no pensaba dejarlo pasar sin expresar lo que sentía.

Se puso de pie y fue hacia él con paso decidido.

—No vuelvas a... —le golpeó el pecho— ...desaparecer... —le golpeó el hombro— ...nunca más —lo empujaba y lo sacudía sin que él se moviera—. No puedes alejarte de mí cada vez que las cosas se ponen difíciles —repetía, golpeándole el pecho una y otra vez.

Las manos de él le rodearon la cintura, sujetándole las caderas mientras la acariciaba con suavidad.

—No lo haré. No lo haré —murmuró.

Que él no reaccionara a su diatriba hizo que pareciera que no se la tomaba en serio, así que levantó la mano y le cruzó la cara de una bofetada, recordando demasiado tarde cómo restablecen los lobos su dominio.

Pero esta vez no hubo reacción de alfa. Él se limitó a mirarla con gesto dolido.

—¿Por qué me dejaste? —preguntó, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas.

Para su sorpresa, le pareció ver que a él también le brillaban los ojos antes de que parpadeara rápidamente.

—Siento haberte hecho daño, Ash. Nunca quise eso —negó con la cabeza, como asqueado de sí mismo—. Solo quería protegerte, pero, como siempre, lo eché todo a perder.

Ella tragó saliva.

—Sigues apartándome de ti —dijo con la voz quebrada.

Ben la tomó en brazos y fue hasta la cama, donde se sentó con ella acurrucada en su regazo.

—¿Eso significa que me aceptarás? —preguntó en voz baja.

Ella contuvo una sonrisa mientras una lágrima le rodaba por la mejilla.

—Me lo pensaré.

Él le mordisqueó la oreja.

—No creo que entiendas cómo funcionan las cosas aquí —dijo con un ronroneo grave y burlón que le hizo encogerse los dedos de los pies—.

Ahora eres mía. Te he reclamado como mía.

Eso significa que nunca te librarás de mí, así que te sugiero que te vayas haciendo a la idea —se apartó, serio—.

Espero que puedas aguantarme. Sé que soy un auténtico imbécil, pero te prometo que haré todo lo posible por hacerte feliz.

Eres lo único que me importa. Va en serio.

Sin saber por qué, rompió a llorar, liberando todas las emociones que había contenido.

Ben pareció alarmarse.

—Lo siento mucho, Ashley. No puedo deshacer el haberte marcado, pero si lo que te haría más feliz es librarte de mí, haré todo lo posible por mantenerme alejado —dijo, visiblemente enfermo solo de pensarlo.

Ella se rio entre lágrimas.

—Lobo estúpido —dijo, echándole los brazos al cuello y hundiendo el rostro en él—.

No quiero librarme de ti —le besó la mandíbula, y luego los labios cuando él giró la cabeza y le sujetó la nuca, la preocupación de su mirada transformándose en deseo.

Ella se apartó—. Te necesito más, no menos. ¿Puedes darme eso?

Él la miró a los ojos.

—Te lo daré todo —dijo con la solemnidad de un juramento.

Ella rio y siguió llorando, y él le secó las lágrimas con los pulgares y se las besó.

—Dulce ángel. Entraste en mi vida como una tormenta. ¿Cómo no me di cuenta de que lo único que me faltaba eras tú?