9 #6
Su mente se disparó y fue a parar de inmediato a la abuela Jane, que había tenido a su padre fuera del matrimonio.
Había sido un escandaloso secreto familiar, y su padre había crecido creyendo que Abe Bell, su padrastro, era su verdadero padre, hasta que vio su certificado de nacimiento al irse a la universidad.
En la casilla del padre ponía «desconocido».
Se había enfrentado a su madre, pero ella se había negado a contarle nada, salvo que Abe Bell lo quería como si fuera suyo y que eso era lo único que importaba.
¿Había tenido la abuela Jane un romance con un cambiante?
Ashley recordó que su padre siempre había presumido de que ni él ni sus hijas enfermaban nunca. Era cierto: su madre pillaba resfriados y gripes con frecuencia, pero Ashley y Melissa rara vez cogían algo, y cuando lo hacían, les pasaba de forma mucho más leve que a los demás.
—Puede que sí me cure rápido —dijo despacio, al recordar las veces que ella o Melissa creían haberse torcido algo y a la mañana siguiente la hinchazón y el dolor habían desaparecido—. Supongo que siempre pensé que tenía suerte.
—Eso explicaría la fascinación de Ben por ti.
Entrecerró los ojos.
—¿Qué quieres decir?
Él agitó las manos como para calmarla.
—No quise ofenderte. Eres guapa e inteligente, eso lo ve cualquiera, pero es que los alfas no suelen elegir humanas como compañeras. La biología les exige elegir a la hembra más fuerte o más apta para la reproducción.
Resopló. La ira contra Ben volvió con toda su fuerza.
—Escucha... no es asunto mío, pero...
Se interrumpió cuando ella se giró para fulminarlo con la mirada.
—¿Qué? —espetó.
—Solo... no seas muy dura con él. Esta mañana parecía más hundido que nunca. No creo que quisiera hacerte daño, y sé que se sintió fatal.
Parte de la ira se disipó, lo que por alguna razón le dio ganas de llorar. Respiró hondo varias veces para controlarse.
—Bueno, ¿y por qué demonios se fue entonces?
Zolla se encogió de hombros.
—No lo sé. Tengo la impresión de que carga con mucha culpa, algo relacionado con la muerte de Leon. Se siente responsable por algún motivo. Y creo que hacerle daño a otra persona a la que quería hizo que agachara la cola y saliera huyendo.
Oír que Zolla creía que Ben la quería hizo que le ardiera la nariz. Se la frotó.
—En serio, Ashley. Sé que no quiso hacerte daño.
Apartó la mirada para ocultar lo que sentía.
El teléfono de Zolla sonó y contestó.
—¿Cómo ha ido?
Escuchó un momento.
—¿Necesitas que limpie algo?
Aguzó el oído para oír a la otra persona, preguntándose si sería Ben.
La siguiente réplica de Zolla le dio la respuesta.
—Está bien. No hay arterias afectadas, las heridas se están curando bien... No, no hará falta que vea a un médico, a menos que quiera.
Arqueó las cejas mirándola y ella negó con la cabeza.
—De acuerdo.
Zolla le tendió el teléfono.
—Quiere hablar contigo.
Ella cruzó los brazos sobre el pecho y negó con la cabeza.
Zolla habló por teléfono.
—Oye, tío, todavía no está preparada.
Se giró como si mantuviera una conversación privada con Ben.
—Dale un poco de tiempo. Ha sido un shock para ella, eso es todo.
—¿Un poco? —murmuró ella.
Zolla colgó y se volvió hacia ella.
—Cree que es seguro que tú y Melissa volváis a casa.
—¿Qué pasó con Jack?
—Ben se encargó de él. Había aceptado un trabajo en Suma Games y quería arruinar a Stone y robar el código antes de irse.
—¿Qué hizo Ben?
—Lo terminó —dijo con una contundencia que la hizo estremecerse—. Cree que es seguro que tú y Melissa volváis a casa ahora.
Aunque era irracional, la decepción de que Ben la ninguneara una vez más le hizo sentir un nudo en la garganta.
—Genial —dijo con voz estrangulada—. ¿Mel sigue en tu casa?
—Sí, volveré y se lo digo. ¿Quieres que te llame o algo?
—Dile que quedemos en mi casa —dijo mientras cogía el bolso y buscaba las llaves.
—Hecho —dijo Zolla, y abrió la puerta para que ella pasara primero.
—Gracias —dijo. Se giró y le dio un abrazo a Zolla.
Él se quedó inmóvil y le dio unas palmaditas torpes en la espalda. Carraspeó.
—Eh, no hay de qué. No hace falta que le pongas nada a esa mordedura: ni agua oxigenada ni antibiótico. El suero te protegerá de infecciones. ¿Estás bien para conducir o todavía te sientes atontada?
—Puedo conducir —dijo. Se sentía rara, pero el vértigo había desaparecido—. ¿Puedo mojarla? Me vendría bien una ducha larga.
—No debería haber problema. Tómatelo con calma hoy. Guarda mi número en el móvil y llámame si tienes alguna duda o si te encuentras peor. O si necesitas cualquier cosa.
Ella lo guardó en sus contactos y le dedicó una sonrisa débil.
—Gracias de nuevo, Zolla.
—Sí. Sé amable con tu lobo, Ashley. De verdad lo siente.
—Todavía tiene que decírmelo. No es que le hubiera dado la oportunidad.
Agradeció que Zolla no le recordara que habría sido imposible, dado que ella se había negado a coger la llamada de Ben. Sabía que estaba siendo algo irracional, pero el abandono de Ben era la gota que colmaba el vaso en toda una serie de desplantes emocionales desde el principio de su relación.
Ya había tenido suficiente. No sabía qué sería de ellos a partir de ahora, pero estaba segura de que no iba a permitir que aquello continuara así. No podía seguir sintiéndose tan insegura. No se había entregado a un hombre para que él desapareciera cada vez que las cosas se ponían intensas.