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Abrió el ordenador y buscó su nombre en Internet.
Aparecieron tres resultados: uno del campeonato de natación en el instituto y dos de sus logros académicos en la universidad.
Buscó su nombre en Facebook y repasó sus fotos, que ella compartía imprudentemente con todo el mundo.
La misma chica de la foto que le había enseñado en su despacho aparecía en muchas: una hermana casi idéntica, salvo por el corte de pelo.
Debían de ser gemelas. En su estado civil ponía soltera y apenas salían chicos en las fotos, lo cual era una suerte, porque habría sido capaz de cazar a cualquier hombre que se creyera digno de ella.
Karen llamó para avisar de que el equipo directivo había llegado para la reunión de la mañana, así que cogió su taza de café y se dirigió a la sala de juntas.
Jack, el mejor amigo de su hermano y vicepresidente de desarrollo, lo recibió en la puerta con la misma expresión tensa y de desaprobación de siempre.
Jack odiaba que Ben hubiera tomado el timón de la empresa y, en su opinión, la estuviera llevando a la ruina.
El programador formaba parte de la empresa desde sus inicios.
Jack había ayudado a diseñar el primer software de juegos y había estado al lado de Leon durante los años difíciles, ayudándole a hacer crecer la empresa hasta convertirla en lo que era ahora.
Cuando Leon murió, Ben había pensado en cederle su parte de las acciones a Jack y dejarle la empresa, igual que se había negado a asumir el liderazgo de la manada de su hermano, pero al final no le pareció lo adecuado.
Su hermano le había dejado las acciones de la empresa a él en lugar de a su esposa e hijos pequeños, y eso significaba algo.
Si Leon hubiera confiado en Jack para dirigir la empresa, le habría dejado las acciones a Shayla, dando por hecho que ella y los niños quedarían protegidos.
Al dejárselas a Ben, significaba que Leon lo necesitaba allí para velar por todo, para asegurarse de que los beneficios siguieran llegando a su familia.
Y así estaba Ben, dirigiendo una empresa multimillonaria sin experiencia alguna.
Pero se lo debía a su hermano. Si hubiera cumplido con su deber desde el principio, Leon seguiría vivo.
Entró en la reunión y escuchó mientras el equipo presentaba sus informes semanales, que eran desalentadores, como de costumbre.
Suma Games les estaba arrebatando cuota de mercado a pasos agigantados.
Cuando preguntó por las causas, solo obtuvo excusas.
El primer año les había creído, cuando aún estaba orientándose y conociendo la cultura de la empresa.
Ahora ya sabía distinguir las mentiras, pero todavía no había descubierto qué hacer al respecto.
Mientras apilaba los informes delante de él, se le ocurrió un plan.
Cuando Karen le avisó esa tarde de que Ashley había llegado, le dijo que la enviara a la sala de juntas. Cogió los informes que le había proporcionado el equipo directivo y entró.
Ella se levantó de un salto y la silla con ruedas salió disparada hacia atrás.
—Siéntate.
—Guau —ladró ella.
Él arqueó una ceja, ocultando su diversión. Nadie le replicaba en Stone Technologies, pero por alguna razón, viniendo de ella, le resultaba encantador.
Ella se sonrojó.
—Lo siento —murmuró, volviendo a sentarse—. Solo era una broma…
Él rodeó la mesa hasta el asiento de enfrente, pero se sentó sobre la mesa en lugar de en una silla y dejó caer los informes de ventas y los datos financieros delante de ella.
—Las ventas bajan. Los costes suben. Encuéntrame diez estrategias para arreglar la situación y el puesto es tuyo.
Ella lo miró boquiabierta, con los ojos azules muy abiertos. —Eh... de acuerdo. —Cogió los papeles y comenzó a hojearlos. Se humedeció los labios con la lengua y él casi dejó escapar un gemido al verla.
—Tienes una hora. Dos si las necesitas.
Ella exhaló. —De acuerdo. Entendido. Gracias.
—Gracias, señor.
Se quedó boquiabierta un instante antes de cerrar la boca de golpe y sonrojarse de nuevo. —Gracias, señor. Lo siento, no conozco la etiqueta correcta, ni el protocolo ni nada de eso, pero aprenderé. Aprendo rápido.
—Estoy seguro de que sí —dijo él, y se levantó de la mesa y salió.
La dejó sola durante una hora, y luego otra más. A las cinco en punto abrió la puerta de la sala de conferencias y encontró a Ashley sudorosa, con los informes y papeles desplegados frente a ella.
Ella se levantó de un salto.
—Siéntate.
—Guau.
Esta vez sonrió de verdad. No pudo evitarlo. Que hubiera vuelto a intentar la broma después de fracasar la primera vez demostraba una confianza y una tenacidad que admiraba.
Cuando ella vio que sonreía, su rostro se iluminó con una amplia sonrisa.
Dividido entre querer contemplar aquel resplandor y la necesidad de frenarla antes de que ganara más terreno, bajó la vista hacia los papeles. —¿Y bien?
—Solo encontré ocho —dijo ella de inmediato, pulsando el botón del bolígrafo—. Pero estoy segura de que puedo encontrar dos más si me das un poco más de tiempo.
En realidad no esperaba que encontrara diez. Diablos, no esperaba que encontrara más de tres. —Dime qué tienes.
Ashley cogió una hoja de cuaderno donde había hecho una lista. —La primera es eliminar gradualmente las Estaciones de Juego NE3. Se gasta mucho dinero en mantenerlas, cuando bastaría con dejar de darles servicio para que todo el mundo comprara las E6.
Él asintió. La idea también se le había ocurrido, pero no había hecho nada, principalmente porque la NE3 había sido el primer producto de su hermano, la plataforma de Robo Shooters, y la empresa, él incluido, se aferraba a ella por apego sentimental.
Que Ashley confirmara su instinto le ayudó a decidirse. —Siguiente.
—Eh... —Miró el papel—. Los costes de varios de estos productos parecen demasiado altos para lo que cobramos. El margen de beneficio no es suficiente. Propongo crear un equipo de reducción de costes y premiar a los ingenieros o equipos que consigan reducirlos más.
Le gustó cómo usaba la palabra «estamos», como si ya fueran un equipo. Era presuntuoso, pero sonaba bien en sus labios. —Bien —dijo, concediéndole ese pequeño triunfo.
Ella alzó la vista al oír el cumplido y luego volvió a mirar el papel.
—Mi tercera sugerencia es recuperar el mercado que perdimos frente a Suma Games el año pasado.
Es una sugerencia en dos partes, así que la conté como número tres y número cuatro.
—Levantó la mirada de nuevo, como para comprobar si él lo permitiría.
Él asintió.
—Bueno, la primera sería una campaña publicitaria. Y la segunda, desarrollo de productos para competir con su unidad D-boy. Entiendo que ambas requerirán una inversión de capital, pero creo que merecería la pena.
Él no dijo nada.
—De acuerdo —dijo ella, tomando aire—. La número cinco es reducir los mandos intermedios. —Se detuvo, observando su rostro en busca de una reacción.
—¿Razonamiento?
—Claro. Eh, el razonamiento es que aquí hay muchísima gente que no hace más que dar órdenes a otros e informar a sus superiores.
—¿Hablas por experiencia?
Ella vaciló. —Sí, señor.
Le gustó que recordara llamarlo señor.
—¿Número seis?
Ella continuó describiendo sus tres últimas ideas, todas sólidas salvo una.
Cuando terminó, la dejó esperar un momento mientras la contemplaba en silencio.
—Bueno, como he dicho, estoy segura de que puedo encontrar dos más...
—Sí. Eso espero. Puedes pensarlo esta noche. Empiezas mañana. Karen te enseñará tu nuevo despacho.
Una enorme sonrisa le iluminó el rostro. —¡Señor Stone! Gracias. No le decepcionaré, se lo prometo.
Él dio unos golpecitos en la mesa. —Asegúrate de ello. —Se dirigió hacia la puerta y se detuvo al llegar—. Redacta esas sugerencias y envíamelas por correo electrónico, con los datos que las respalden.
—Sí, señor —dijo ella, aún radiante.
Salió negando con la cabeza, no por ella, sino por sí mismo. Invitarla a su espacio personal era buscarse problemas.