El Guardián de Ángeles (Jamie Johansson 1) 53 #2
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—Supongo que a los forenses no les meterán mucha prisa para que encuentren una coincidencia positiva ahora que Nyström está muerto, ¿verdad?

Hallberg frunció los labios.

—¿Crees que coincidirán?

Jamie lo pensó durante un instante.

—No lo sé —miraba a Hallberg a los ojos—. Simplemente, no lo sé.

Oscurecía cuando volvieron a la sede central.

Jamie y Hallberg salieron del hueco de la escalera con la esperanza de que todo estuviera ya más tranquilo, que los de Operaciones Especiales se hubieran marchado y la situación estuviera mucho más calmada.

Pero era justo lo contrario.

Aquello era un trasiego constante. Los teléfonos no paraban de sonar. La gente se movía con gran agitación. Y en medio de todo eso, Falk y Wiik estaban de pie frente a un tipo de Especiales al que escuchaban atentamente.

Falk y Wiik las vieron al mismo tiempo. Falk les hizo señas para que se acercaran.

El tipo de Operaciones Especiales se volvió para mirar. Medía alrededor de 1,75 m, tenía el pelo rubio, ojos azul oscuro y una barba que era una combinación retro de barba incipiente y bigote.

Falk hizo las presentaciones.

—Este es el Polisöverintendent Dahlvig. —«Superintendente de policía»—. Está al mando de esta operación.

Asintió secamente, miró primero a Hallberg y luego a Jamie, y decidió mantener la mirada fija en ella.

—¿Eres tú quien disparó a Nyström? —preguntó con un tono casi acusatorio.

Jamie lo miró a los ojos y asintió.

—Y, según tengo entendido, no formas parte del cuerpo de policía sueco, ¿verdad?

—No.

—¿Trabajas en la Policía Metropolitana de Londres?

—Sí.

—Entonces, ¿por qué estás aquí?

Sorprendentemente, fue Wiik quien salió en su defensa.

—Está aquí a petición mía —dijo con audacia—. Le pedí que colaborara en el caso, ya que tiene una visión y un conocimiento únicos sobre…

Dahlvig le lanzó una mirada fría a Wiik.

—No se lo he preguntado a usted.

Falk intentó participar de modo diplomático, con una amplia sonrisa.

—Por favor, Polisöverintendent , hasta ahora la participación de la inspectora Johansson en el caso ha sido en calidad de asesora.

El incidente relacionado con Robert Nyström fue un hecho desafortunado, una mera coincidencia, debo añadir, pero le aseguro que ella solo actuó en defensa propia y para proteger a una de nuestras propias detectives, la Polisassistent Julia Hallberg.

—Falk señaló entonces a Hallberg—. Pero ahora que Operaciones Especiales está involucrada, los servicios de la inspectora Johansson ya no son necesarios.

Y estará en un avión de vuelta al Reino Unido al final del día. ¿No es así? —Miró a Jamie.

Jamie sabía que, si decía que no, se arrepentiría.

—Así es —confirmó Jamie.

Esto pareció molestar a Wiik, pero situado entre Falk y Dahlvig, sabía cuál era su lugar. Y hablar ahora solo empeoraría aún más su posición.

—Si no lo está —dijo Dahlvig con voz gélida—, le haré personalmente responsable, Falk. No hay sitio para turistas en la Policía de Estocolmo y menos aún para los que disparan a mis sospechosos.

Le echó a Jamie una mirada llena de ira para que todos los presentes supieran exactamente cuál era su lugar en la jerarquía.

—Ahora, usted es Hallberg, ¿no?

Ella levantó la vista hacia Dahlvig.

—Falk me ha dicho que eres buena con el papeleo. ¿Es cierto?

Ella levantó la barbilla para mostrar entusiasmo. Aunque fuera fingido.

—Bien. Entonces, supongo que ya has elaborado una lista de los contactos de Eriksson, sus familiares, amigos… Cualquiera que pueda ayudarle en una situación como esta.

—Sí —respondió como si le arrancasen las palabras. Jamie pensó que era la primera vez que veía a Hallberg enfadada.

—Bien. Entonces vienes conmigo. —Asintió con decisión—. Y tú —dijo al volverse hacia Wiik.

—Has conocido a Eriksson, ¿verdad?

—Sí —respondió fríamente.

—Entonces tú también vienes. Falk me ha informado del lío que has montado con…

Lindvall, ¿verdad? —Miró a Falk en busca de confirmación y ella asintió con evidente displicencia—.

Pero nada de eso importa ahora. Así que considera tus vacaciones oficialmente terminadas.

Vamos a visitar todas las direcciones de la lista de Hallberg: incursión con todo el equipo, perros, táctica.

—Hizo un gesto con la mano como si cortara el aire—.

Hallberg y tú tendréis que estar allí para proporcionar información y una identificación positiva de Eriksson si lo vemos.

Ahora se trata de una operación que puede terminar con disparos mortales. ¿Entendido?

Hallberg y Wiik aceptaron, aunque a ninguno de los dos parecía gustarles que les pusieran un collar en el cuello.

—Bien —dijo Dahlvig—. Una vez esté resuelto, los de Asuntos Internos podrán hacer lo que estimen oportuno.

—Se volvió hacia Jamie y se acercó un poco más—.

Y respecto a ti. —La miraba a los ojos—.

No quiero volver a verte. Ya has hecho suficiente para fastidiar esta investigación, no harás nada más. ¿Entendido?

—Perfectamente —dijo Jamie, pero se mantuvo firme.

Dahlvig chasqueó los dedos por encima del hombro hacia Hallberg y Wiik, y luego pasó como una exhalación junto a Jamie, rozándola con el codo para desequilibrarla como un matón de colegio.

Jamie tuvo que sonreír ante aquello, pensó que podría girar sobre su pie izquierdo en medio segundo y lanzarle un gancho a la cabeza antes de que él pudiera siquiera reaccionar.

Pero no lo hizo. Simplemente dejó que Dahlvig se marchara, con su pene, sin duda pequeño, balanceándose.

Hallberg le dirigió a Jamie un último y solemne gesto con la cabeza.

—Ha sido un placer trabajar contigo —dijo con voz un poco temblorosa, y luego bajó la cabeza y siguió a Dahlvig.

Falk le tendió la mano a Jamie y ella la tomó.

—Gracias, Jamie —dijo con una sonrisa—. Tu padre estaría orgulloso de la mujer en la que te has convertido. No tengo ninguna duda.

Le soltó la mano y se dio la vuelta, camino de su despacho.

Jamie la miró con la voz atascada en la garganta.

Wiik carraspeó y se acercó a ella. Parecía menos preocupado por la autoridad que se le imponía.

—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó.

—Ya has oído a Dahlvig: aunque quisiera, no podría quedarme.

—¿Quieres quedarte? —Todavía había esperanza en sus ojos.

—No es decisión mía.

—¿Y si lo fuera?

Jamie giró la cabeza y miró a Dahlvig, que ladraba las órdenes a sus hombres. Se preparaban para marcharse. Para cazar a Eriksson hasta hacerlo desaparecer, como al animal que creían que era.

—¿Crees que es él? —preguntó Jamie después de un momento.

—¿Quién?

—Eriksson.

—¿Si creo que es él?

Wiik se inclinó un poco, buscaba los ojos de Jamie.

Ella no se lo permitió.

—¿Crees que Per Eriksson es el Guardián de Ángeles?

El rostro de Wiik adquirió un gesto preocupado.

—No puede ser nadie más. Eriksson era uno de los sospechosos originales.

Tenía los medios y la oportunidad. Conocía a las chicas.

Tenía acceso a los vestidos con los que las encontraron.

Conocía a Sjöberg. Eran grandes amigos. Sjöberg se puso en contacto con él antes de morir, intercambiaron cartas.

Sabía que Sjöberg agonizaba y de ese modo el crimen coincidiría con su muerte.

También conocía a Nyström desde la época de la investigación original.

¿Y qué mejor manera de fastidiarnos que manipular al mismo detective que trabajó en el caso para que cometiera el crimen por el que había condenado a un hombre años atrás?

Wiik se pasó la mano por la cabeza para alisarse el pelo.

Jamie se dio cuenta entonces de que se había afeitado desde la reunión de aquella mañana. Y también se había arreglado el pelo.

Wiik comenzó a repasar los dedos de una mano con la otra, uno por uno, mientras enumeraba las pruebas que se acumulaban.

—Eriksson sabía que buscábamos las cartas para comparar la letra, por eso se nos adelantó en casa de Eva Sjöberg y las robó antes de que llegáramos. Y luego huyó. Se largó de la ciudad justo antes de que se cerrara el cerco. De acuerdo con mi experiencia, los inocentes no huyen.

Jamie inhaló pausadamente hasta llenar sus pulmones, sin quitarse a Tomas Lindvall de la cabeza. Pero Wiik aún no había terminado.

—Nos ha llevado ventaja en todo momento, siempre fuera de nuestro alcance.

Y todavía nos mantiene a distancia. Fue pura casualidad que tropezáramos con la cabaña de caza.

De no haber sido porque la buscaste por tu cuenta, nunca habríamos dado con ella.

Nyström era la única persona en el mundo que sabía de su existencia, aparte de tu padre y de ti misma.

Y con él muerto desde hacía casi veinte años y tú con la vida hecha en otro país, estaban a salvo.

Y sabemos que ambos estaban allí, porque tenemos el autobús de Eriksson, su ropa y su ADN por toda la cabaña.

Él simuló el secuestro de Nyström para despistarnos, lo utilizó para conseguir el expediente del caso, llevarse a las niñas y encontrar un lugar seguro donde esconderse.

Hizo todo eso. Pero lo pillamos desprevenido.

Y, por mucho que me duela admitirlo, Dahlvig tiene razón.

Ahora que Eriksson se ha visto acorralado, va a tener que pensar sobre la marcha, algo a lo que no está acostumbrado.

Se le da bien planificar, no dejar nada al azar.

¿Matar a Nyström? Eso fue una reacción. Tuvo que adaptarse a una situación que cambiaba a toda velocidad y corrió un gran riesgo al ir al hospital.

Todavía lo buscan entre las grabaciones de seguridad, y lo encontrarán.

Nadie es invisible. Nadie puede permanecer oculto para siempre.

Ahora solo le queda huir, buscar una salida.

Lo tenemos controlado, Jamie —dijo Wiik, que trataba de captar su atención de nuevo—.

Y no escapará. Lo atraparán, lo sacarán de su escondite si es necesario.

Y, cuando esté al descubierto, lo matarán.

Ya no tiene adónde ir. Su cara está en todas partes y no hay un solo agente en todo el país que no esté ahora mismo dedicado a atraparlo.

Jamie escuchó a Wiik, sin dejar de absorber y catalogar cada prueba, cada hipótesis. Las sopesaba, las evaluaba, las encajaba en el rompecabezas.

Y no podía discutir el razonamiento. Todo encajaba.

Perfectamente.

Jamie bajó la cabeza y suspiró.

—¿No crees que sea él? —preguntó Wiik, que se había cruzado de brazos y se mordía el labio inferior.

Jamie lo miró por primera vez.

—Tú mismo lo has dicho, Wiik: en realidad, no puede ser ninguna otra persona. ¿Verdad?