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—Bien —dijo Falk—. Wiik asegúrate de que el correo electrónico indique de modo explícito que Operaciónes Especiales se hace cargo del caso y que, si quiere seguir tratando con la muy amable y cordial Policía de Estocolmo, tiene que hacerlo con la mayor celeridad.
Wiik suspiró y luego bajó la barbilla: aunque no le gustase, estaba de acuerdo.
Falk continuó, decidida a cubrir cada detalle de la investigación.
—Los forenses ya están transportando los vehículos desde el lugar de los hechos, incluido tu coche de alquiler.
—Falk miró a Jamie antes de devolver la vista al informe.
Parecía que Falk ya había terminado de regañarla y Jamie no podía decir que no estuviera agradecida—.
Por lo visto Nyström utilizó su propio coche para asfixiar a la chica.
Los técnicos encontraron restos de adhesivo en el techo.
Tienen la hipótesis de que pegó algún tipo de película o una pantalla para separar los asientos delanteros de los traseros.
Realizarán una investigación exhaustiva del coche cuando esté en el taller y ya han comenzado a comparar el pelo encontrado en el asiento trasero con las muestras de Emmy Berg.
Deberíamos tener los resultados en la próxima hora más o menos para confirmarlo.
—Cerró la carpeta con el expediente de la cabaña y sacó otra que tenía delante de ella—.
Nuestros técnicos informáticos pudieron ponerse en contacto con los administradores del foro que utilizaba Emmy Berg y recuperaron una serie de mensajes privados que vinculan a Nyström con el secuestro.
—Tosió en su puño y luego rebuscó en el expediente para empezar a leer—.
Mensaje enviado desde el nombre de usuario WeCanHelp : «Hola, cariño, he leído tu mensaje y quería decirte que no estás sola.
Sé que las cosas parecen sombrías, pero no te preocupes, podemos ayudarte».
Falk los miró a todos.
Los tres estaban pendientes de sus palabras.
—Hay más —dijo Falk—. «Hemos ayudado a muchas chicas como tú.
Mi amigo y yo llevamos mucho tiempo dedicándonos a esto.
Por todas partes hay hombres como el que te hizo daño, y puede parecer que no hay salida, pero sí la hay.
Lo primero que tenemos que hacer es llevarte a un lugar seguro.
Mi amigo es policía. Puede recogerte donde tú quieras y llevarte a un sitio donde estés resguardada.
Luego nos ocuparemos del hombre que te hizo daño.
Haremos que se arrepienta de lo que ha hecho.
Y nos aseguraremos de que nunca más vuelva a hacer daño a nadie».
Falk dejó los papeles sobre la mesa.
—Había un número de teléfono al final del mensaje. Emmy no respondió a través del servicio de mensajería del foro, pero sospechamos que llamó al número que figuraba en el listado de llamadas.
Wiik tomó la palabra.
—¿Coincide con el teléfono recuperado en la cabaña?
Falk negó con la cabeza.
—No, no coincide. Pero el teléfono de Nyström solo tiene un número guardado.
—Y es el mismo que el del mensaje —dijo Jamie, que había atado cabos mientras Falk hablaba.
—Exacto.
Wiik se inclinó hacia delante, con los codos apoyados en las rodillas.
—Entonces ¿podemos rastrear el teléfono?
Eriksson debe de ser esa persona siempre disponible para echar una mano.
Entra en los foros, encuentra a las chicas y se acerca a ellas.
Luego utiliza la profesión de Nyström para que se sientan seguras.
—Wiik dio de repente una palmada, lo que hizo que el resto diera un respingo—. Y así es como las atrapa.
Hallberg asintió.
—Eso explica por qué eligió a Nyström para que le ayudara.
—Sí —dijo Falk—. Pero no explica por qué Nyström se prestó a hacerlo.
Y, para responder a tu pregunta, no, no podemos rastrear el teléfono.
La última conexión a la red está registrada hace tres días en una torre de datos a las afueras de la ciudad.
Desde entonces ha estado apagado. Y si Eriksson es tan inteligente como creemos lo habrá destruido ya y ahora estará usando otro teléfono desechable.
—¿Y el foro? —preguntó Wiik, ya desesperado—. ¿Ha enviado mensajes a alguien más? ¿Ha respondido a otras publicaciones?
Falk negó lentamente con la cabeza.
—No, esa cuenta fue desactivada y luego eliminada menos de veinte minutos después de que se enviara el mensaje. Los técnicos han rastreado la dirección IP utilizada para registrarla y enviar el mensaje: pertenece a un popular cibercafé de la ciudad.
—¿Cámaras de seguridad? —preguntó Wiik esperanzado.
—Eso es lo que lo hace popular —dijo Falk con tono cansado—.
No hay ninguna. También ofrecen el uso gratuito de VPN.
Los técnicos pasaron cuarenta minutos tratando de averiguar por qué la cuenta parecía estar registrada en Turkmenistán antes de caer en la cuenta.
El lugar es propiedad de un izquierdista declarado que siempre se manifiesta a favor de la privacidad y la libertad en el mundo virtual, la protección de datos, etcétera, etcétera.
—Hizo un gesto con la mano—. Eso lo convierte en un lugar popular entre hackers de sombrero blanco y similares.
—Hijo de puta —murmuró Wiik.
Jamie asimiló todas esas novedades. Eriksson era inteligentede verdad.
Y lo tenía todo planeado. Necesitaba a alguien que hiciera el trabajo pesado por él: secuestrar a las chicas, matarlas y exhibirlas.
E ir a por los padres. Alguien con habilidades muy concretas.
Sjöberg era perfecto: con experiencia militar e inteligente.
Nyström era un sustituto idóneo. Estaba entrenado en el uso de armas, tenía conocimientos tácticos y estratégicos.
Era policía, lo que le daba a Eriksson algo con lo que hacer que las chicas se sintieran seguras.
Y, lo que es más importante, había matado antes, Jamie estaba segura de eso.
Si buscaba el historial de servicio de Nyström, sabía que descubriría que había disparado a alguien en acto de servicio.
Y la primera vez siempre es la más difícil.
Ella misma podía dar fe de ello.
A Jamie esbozó una mueca.
—¿Cuál es la conexión entre Nyström y Eriksson? ¿Cómo lo encontró después de todos estos años? Lo habría conocido por el caso original, pero ¿contactarlo después de dos décadas?
Falk, que ya se había adelantado a la pregunta, se dirigió directamente a Jamie.
—Hemos comenzado a investigar a Nyström. Tengo a técnicos y forenses repasando su vida, les he pedido que busquen cualquier cosa que Eriksson pudiera usar. Deudas, problemas médicos, cualquier cosa por el estilo.
Jamie frunció los labios.
—A Eriksson no le hizo falta.
—¿Qué quieres decir?
—Es un maestro de la manipulación. Un camaleón. Imita, refleja. Y es bueno en ello. Uno de los mejores que he conocido. Y, créeme, he conocido a muchos. Pero no me hizo sospechar nada. No activó ni una sola alarma. Era encantador, tranquilo, divertido.
—A mí no me gustaba —intervino Wiik.
Falk lo ignoró y se centró en Jamie, que continuó.
—No intentaría chantajear o sobornar a Nyström.
El Guardián de Ángeles siempre ha sido un planificador y un manipulador.
Consiguió primero que Hans Sjöberg matara por él y luego fuera a la cárcel.
Hans Sjöberg podría haber delatado a Eriksson en un abrir y cerrar de ojos a cambio de una reducción de la pena.
Habría vuelto a casa con su mujer en lugar de morir entre rejas.
Pero no lo hizo. Y esa lealtad no se puede comprar ni conseguir con amenazas.
Se gana, tanto si la víctima se da cuenta de que es de mentira como si no.
No, Eriksson no presionó a Nyström. Lo eligió, lo estudió todo de él y luego se acercó a él. ¿Nyström se sentía solo?
—¿Perdón?
Falk pareció desconcertada por la pregunta.
—¿Se sentía solo?
—No… No lo sé.
—¿Familia? ¿Esposa?
—Viudo, sin hijos.
—¿Hermanos o hermanas?
—Hijo único —confirmó Falk.
—Y estaba jubilado.
—Semijubilado.
—Él mismo se ofreció a colaborar como consultor, ¿verdad? Porque no tenía nada más en la vida que su trabajo. ¿Y amigos?
Falk no supo qué responder.
—Sé que su mejor amigo murió hace diecinueve años —dijo Jamie.
A Falk le temblaba un poco el ojo.
—Estaba solo, era vulnerable y era un blanco fácil —concluyó Jamie—.
Si investigamos a Nyström es lo que descubriremos.
Ese es el vínculo. Una amistad en apariencia inocua que dio lugar a una pregunta importante: ¿te gustaría volver a marcar la diferencia en este mundo? Así lo convirtió en su cómplice.
Falk miró a Jamie y esbozó algo parecido a una sonrisa. Bajó la mirada antes de que se hiciera evidente y luego retomó la palabra.
—Bueno, podamos o no deducir el motivo por el que Nyström se involucró en todo esto, nuestra prioridad principal es encontrar a Eriksson.
Ya he pedido a los técnicos que revisen las cámaras de seguridad del hospital en busca de cualquier rastro de él, pero parece que taparon la cámara del pasillo frente a la puerta de Nyström antes del ataque.
Los técnicos forenses encontraron un guante de látex colocado sobre la lente.
—Sacudió la cabeza con incredulidad—. Parece que, en el momento en que el guardia abandonó su puesto, Eriksson tapó la cámara y luego mató a Nyström.
—Suspiró—. Los técnicos van a revisar las otras cámaras en busca de cualquier rastro de Eriksson, pero hasta el momento no hay nada. Ese hombre es un maldito fantasma.
—Lo atraparemos —dijo Wiik con algo parecido a la confianza en su voz.
—Bueno, parece que no va a ser ya tarea nuestra.
O al menos no tendremos la oportunidad. Hallberg, ¿puedes asegurarte de que todo esto quede reflejado en el informe de traspaso para Operaciones Especiales?
Quiero que todo esté resumido, detallado y ordenado.
Wiik, asegúrate de que tu papeleo esté en regla y recuerda estar disponible para responder cualquier pregunta.
También los forenses y los técnicos traerán todo distribuido en cajas esta misma mañana, para que Especiales lo tenga ya todo, tanto en formato físico como digital.
Hoy este lugar va a ser un zoológico. —Miró con cierta nostalgia la oficina vacía y luego miró de nuevo a Wiik—.
Quiero que esto salga bien y que beneficie a la relación entre la Policía y Operaciones Especiales.
Desde su perspectiva van a intervenir para salvarnos el pellejo y no quiero que piensen ni por un segundo que nosotros no lo vemos de la misma manera. ¿Entendido?
Se lo repitió específicamente a Wiik.
Jamie miró de reojo y vio que la vena de la sien se había hecho de nuevo visible y latía ligeramente. Tenía la mandíbula tensa. Estaba sentado en la silla con los puños cerrados entre las rodillas.
—Entendido —gruñó.
A ningún detective le gustaba que le relevaran de un caso, especialmente cuando la resolución estaba a la vuelta de la esquina.
Operaciones Especiales intervendría, encontrarían a Eriksson y se llevarían todo el mérito por atrapar al Guardián de Ángeles.
Algo que la Policía de Estocolmo no había sido capaz de lograr. Ninguna de las dos veces.
Y, fuera culpa de Wiik o no, aquello dejaba en todo caso un mal sabor de boca.
—Muy bien —dijo Falk—. Tenéis trabajo que hacer. En marcha.
Jamie notó que Falk había evitado mirarla a los ojos.
—¿Y yo? —preguntó antes de que nadie pudiera levantarse de su asiento.
—¿Tú? —a Falk pareció divertirle la pregunta—.
Ya hiciste tu parte. Y en unas… —Miró la hora en la pantalla de su teléfono, ya que sus delgadas muñecas no llevaban reloj—…
Dos horas este ya no será nuestro caso. Por lo tanto, Jamie, por muy agradecidos que estemos por tu ayuda, creo que es hora de que regreses a casa.