El Guardián de Ángeles (Jamie Johansson 1) 52
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Eran poco más de las siete cuando el teléfono de Jamie empezó a vibrar en la mesita de noche.

Se incorporó lentamente, levantó la cabeza de la almohada y se estiró para alcanzarlo. Al hacerlo tiró al suelo la carta, la fotografía y el cuchillo.

—Mierda —murmuró Jamie y se despertó al instante.

Se giró hacia el borde de la cama, agarró el teléfono y respondió mientras se agachaba para recoger las cosas que habían caído a sus pies.

—¿Sí?

Era la voz de Hallberg.

—Hola, ¿cuánto tardas en estar lista?

—Eh —dijo Jamie, recolectó los objetos que tenía en la mano y los dejó sobre la cama—. No lo sé. Diez minutos o así. ¿Por qué?

—Criminalística ha entregado los resultados preliminares de la cabaña y Tecnología ha recibido respuesta del foro. Falk quiere que nos pongamos todos al día antes de confirmar las conclusiones.

—¿Conclusiones?

Jamie detectó cierta incertidumbre en la voz de Hallberg. No era nerviosismo en sí, más bien decepción.

Hallberg no respondió a la pregunta.

—Pasaré a recogerte.

La llamada se cortó y Jamie se quedó sentada en la cama, sin saber qué demonios había pasado.

Después del día que había tenido ayer, lo último que Jamie quería era tener que esperar en la acera. Y, sin embargo, allí estaba.

Hallberg llegó en su Mercedes unos cinco minutos más tarde de lo acordado. Y, aunque normalmente a Jamie ese tipo de cosas no le importaban lo más mínimo, había dormido muy poco y la última semana había sido un infierno.

El coche frenó bruscamente y se detuvo delante de Jamie. No perdió el tiempo y subió.

—¿Qué pasa?

Hallberg arrancó sin mirar. Tenía la cara salpicada de pequeños cortes. Uno, justo en la mejilla, había sido cerrado con una sutura de mariposa. Parecía tensa.

—Falk está en pie de guerra.

Jamie se burló.

—Tampoco me sorprende.

—Nos quieren quitar el caso. El ministro de Justicia ha ordenado al Nationella Operativa Avdelningen que intervenga y se haga cargo de la búsqueda de Eriksson.

Jamie levantó una ceja.

—¿A Operaciones Especiales?

Hallberg asintió.

—Esta tarde haremos el traspaso a la Nationella Insatsstyrkan.

La Fuerza Nacional de Intervención era una unidad antiterrorista y de intervención de alto riesgo que se encargaba de gestionar los casos más graves.

Situaciones con rehenes, amenazas terroristas, tiroteos masivos, asesinos en serie…

Los cadáveres se acumulaban y Jamie sospechaba que Falk estaría encantada de deshacerse del caso de una vez por todas.

Su mejor detective estaba siendo investigado por Asuntos Internos por conducta indebida, un exdetective y actual consultor de la Policía era por lo visto cómplice y responsable de varios asesinatos, y un agente bajo su mando había abandonado su puesto y permitido que un fugitivo degollara a dicho exdetective mientras estaba ingresado en un hospital público.

Por no mencionar a la detective visitante de la Policía Metropolitana de Londres que había disparado a su principal sospechoso. Jamie tragó saliva.

—¿Por qué abandonó el agente su puesto fuera de la habitación de Nyström? —preguntó Jamie.

—Al parecer fue al baño.

Jamie podía oír el desdén en su voz.

—Dios —murmuró con cierta incredulidad—. ¿En serio?

—Dijo que era tarde, que no había nadie alrededor y nadie sabía que Nyström estaba allí. Y el baño estaba al final del pasillo…

Jamie negó con la cabeza.

—No sé qué es peor. Que abandonara su puesto para ir a mear o que no viera a Eriksson, que debía estar a seis metros de distancia.

Hallberg la miró.

—¿Qué?

—Bueno, piénsalo. Si partimos de la hipótesis de que se trata de un trabajo hecho por dos personas, que Eriksson y Sjöberg lo hicieron juntos hace veinticinco años, y ahora Eriksson había reclutado a Nyström para ocupar el lugar de Sjöberg, tendría razones más que evidentes para intentar asegurarse de que Nyström no se despertara, ¿verdad?

—Cierto.

—Y no fue una mera casualidad que se colase en la habitación justo cuando el oficial había ido al baño, ¿verdad?

—Es poco probable.

—Así que debió de esperar, con la habitación de Nyström a la vista, hasta tener la oportunidad. Y entonces…

El ceño fruncido de Hallberg se convirtió en un gesto de enfado.

—¿Cómo pudo no verlo?

Jamie negó con la cabeza.

—Eso es lo que no sé —dijo con un suspiro—. Pero sospecho que le va a tocar pagar por ello durante un tiempo.

Jamie, Wiik y Hallberg estaban en el despacho de Falk. El resto de la planta estaba desierta. Wiik llevaba vaqueros y unas botas marrones, una camiseta descolorida y una gruesa parka gris oscuro. De nuevo no se había afeitado y estaba despeinado.

Parecía estar tomándose muy en serio lo de que le hubieran dado un descanso al apartarle del caso. ¿Cómo iba la investigación interna? Ella no había llegado a preguntárselo.

—Johansson —dijo Falk.

Jamie levantó la vista de las botas de Wiik.

—Sí.

—¿Estás atendiendo?

Falk parecía aún más cansada que antes, con las ojeras más oscuras y la boca ahora fruncida hasta formar un amargo círculo.

Jamie asintió.

Falk se llevó los dedos a la frente y echó un vistazo a los documentos que tenía delante.

—Operaciones Especiales estará aquí a media mañana y quieren un resumen completo de lo que sabemos del caso hasta ahora, así como todos nuestros informes forenses, notas y cualquier otra información que tengamos que les ayude a localizar a Eriksson. Se nos ha escapado ya dos veces.

Levantó dos dedos para dar mayor énfasis.

«Tres veces» , pensó decir Jamie, si se tenía en cuenta el caso original. Pero prefirió ahorrárselo.

—Han llegado los informes preliminares de la cabaña de caza.

Han encontrado los archivos originales del caso, o lo que quedaba de ellos.

Los técnicos forenses han hecho todo lo posible por recuperar fragmentos que había en la chimenea, pero estaban prácticamente incinerados.

—Volvió a mirar los papeles que tenía ante ella—.

También recuperaron un teléfono móvil desechable, varias prendas de ropa y dos rifles de caza de la escena del crimen: un Sauer 202 y un Remington Modelo 700.

—Ahora dirigió la mirada a Jamie—. ¿He de suponer que el segundo es el tuyo?

Jamie asintió de modo discreto.

—¿Y estoy en lo cierto al suponer que es el arma que utilizaste para disparar al sospechoso?

Jamie asintió de nuevo, sin mantener contacto visual.

Falk no le quitaba los ojos de encima.

—¿Y estoy en lo cierto al suponer que pertenecía a tu padre?

Otra vez asintió.

—¿Y que no tienes ningún documento que lo demuestre?

Jamie dejó de asentir, pero Falk no dejó de hablar.

—¿Ni ningún documento que demuestre que ahora tú eres su propietaria?

Jamie la miró a los ojos, pero mantuvo una expresión impasible.

—Y, dado que no figuraba en el catálogo de bienes muebles que los técnicos elaboraron cuando registraron tu casa, ni siquiera te preguntaré cuándo tomaste posesión de él, dónde lo has tenido guardado y por qué llevabas contigo munición real.

Jamie carraspeó. Dicho así, sonaba mal. Ella no había pensado en nada más que en asegurarse de que los forenses no se lo llevaran.

Un arma de fuego sin licencia como aquella debía confiscarse.

Jamie no tenía intención de usarla y solo había cogido la munición porque, si los de criminalística la hubieran encontrado, le habrían preguntado para qué arma era.

El hecho de que hubiera salvado la vida de Hallberg y la suya parecía que fuera un detalle irrelevante.

Falk le sonrió, lo que apenas atenuó su amarga decepción.

—Esperemos que Operaciones Especiales no examine todo esto con muchos escrúpulos. De lo contrario, todos estaremos en problemas. ¿De acuerdo?

Jamie apretó los dientes y bajó la mirada. Podía ver a Wiik mirándola de reojo.

Falk pasó la página con énfasis y sacudió la cabeza antes de volver a centrar su mirada.

—La cabaña estaba llena del ADN de Nyström y Eriksson.

Y eso, junto con la furgoneta de la iglesia, convierte a Eriksson en nuestra máxima prioridad.

Al menos durante las próximas horas. Está suelto, es peligroso y no va a cejar en su empeño.

De acuerdo al patrón original, sabemos que tiene intención de secuestrar a Jan Hansen.

Y no me cabe duda de que Mikael Gunnarson también estará en su punto de mira.

¿Hemos tenido alguna respuesta del abogado de Gunnarson o de las agencias de cuidado infantil?

Miró a Hallberg.

—Todavía no he podido localizar a la niñera que contrataron los Gunnarson. La mayoría de las empresas que operaban entonces ya no existen y las que me han respondido no tienen ni a Mikael ni a Åsa Gunnarson en su archivo de clientes. No pinta bien.

—Pero creo que es lógico suponer que si Eriksson quería matarlos —Wiik intervino—, fue por lo que le hicieron a Tilde.

Gunnarson afirmó que a Tilde no le gustaba la niñera antes de coserse la boca.

Que esa fue la razón por la que se deshicieron de ella…

Así que, si fue ella quien maltrató a Tilde, o fueron los padres…

—Se calló, suspiró y se llevó las manos a la nuca—.

No lo sé. Pero Eriksson quería matarlos y creo que eso lo dice todo.

Falk miró a Wiik.

—Operaciones Especiales va a continuar la investigación sobre Gunnarson.

Y tengo curiosidad por ver qué hace entonces su abogado.

Tienen mucho más peso que nosotros y no les gusta que les digan que no.

Aun así, debemos atar todos los cabos sueltos que podamos esta misma mañana.

No quiero que los de Especiales tengan nada que echarnos en cara. ¿Hallberg?

Casi saltó de la silla.

—Voy a insistir. Tengo otras personas pendientes de localizar, así que contactaré con la Agencia de Matriculación de Vehículos para obtener datos de contacto actualizados y volveré a hablar con el abogado de Gunnarson.