36
La voz de Jan Hansen llegaba desde el interior hasta la calle donde Jamie estaba esperando.
Gritaba a los agentes que entraban por la puerta y subían las escaleras, protestaba y les decía que se marcharan.
Pero tenían un consentimiento por escrito para estar allí, cortesía de su esposa, y, fuera él una mierda de marido controlador o no, el nombre de ella también figuraba en la escritura de la propiedad, así que eso era todo lo que necesitaban.
El último de los agentes entró para hacer el registro y, entonces, Jamie miró a Wiik. Él no le había quitado ojo.
—Excelente trabajo —dijo.
—¿Crees que encontraremos algo?
Él se encogió de hombros.
—No lo sé. Pero Hansen nunca se apartó de mi lado, y cada vez que abría un cajón, me decía: «Ahí no hay nada».
—¿Como si lo supiera a ciencia cierta?
—Como si ya se hubiera encargado de vaciar la habitación.
Wiik frunció el ceño al mirar la bonita casa adosada.
—La pregunta es si fue lo suficientemente inteligente como para deshacerse de todo o simplemente pensó que bastaba con esconderlo.
Wiik esbozó una esquiva sonrisa.
—Tengo más curiosidad por saber en primer lugar por qué quitó u ocultó algo. Y, si lo hizo, cómo sabía que Emmy no iba a volver.
Jamie apretó los dientes. La diatriba de Jan Hansen contra los agentes que registraban su casa llegaba hasta ella transportada por el gélido viento. Tembló y se ciñó el abrigo alrededor del cuerpo.
—¿Hay alguna noticia de Hallberg sobre el asunto de Gunnarson?
Wiik hizo crujir su cuello, se alisó el pelo con la mano y volvió a meter las manos en los bolsillos.
—Hallberg se ha puesto en contacto con el abogado de Gunnarson, pero no ha obtenido ninguna respuesta.
Al parecer, Gunnarson está demasiado afligido para responder a nuestras preguntas.
También ha conseguido hacer una lista de las agencias de la ciudad que les proporcionaron niñeras y au pairs entre 1995 y 1996.
Aunque la mayoría de ellas ya no operan.
Hoy se pondrá en contacto con los propietarios para ver si alguno de ellos tenía a Mikael y Åsa Gunnarson en su lista de clientes.
Entonces intentaremos localizar a la niñera en cuestión y hacerla hablar.
—Suspiró—. Como puedes ver, hay demasiados condicionantes.
—Mierda —dijo Jamie—. Mientras tanto, deberíamos vigilar a Leif Lundgren, es posible que el asesino quiera volver a atacarlo.
—Ya está hecho —dijo Wiik, tras lo cual la miró a los ojos y le sonrió.
—Por tu cara, supongo que no le ha hecho ninguna gracia.
—No. Pero solo había dos opciones: o bien lo dejábamos expuesto e indefenso o bien tenía que tragar con llevar pegado al culo un coche de policía. Eligió el mal menor.
Aquello pareció divertir a Wiik. Jamie recordó haberle escuchado decir que Leif Lundgren era un poco gilipollas.
—Leif Lundgren y Jan Hansen —musitó Jamie pasados unos segundos.
—¿Qué has dicho?
—Es raro, ¿no? Ni Hanna Lundgren ni Emmy Berg eran hijas biológicas de Lundgren y Hansen. Hanna Lundgren era adoptada y Emmy Berg estaba en acogida. Dile a Hallberg que lo repase y compruebe la relación de los padres fallecidos con las víctimas originales.
—¿Qué tienes en mente?
Jamie negó con la cabeza.
—No estoy segura. Es solo un pálpito. Pero apostaría a que no son padres biológicos. No todos al menos. Padrastros, padres de acogida…
—De acuerdo, le diré que se ponga con ello.
Wiik asintió, parecía que ahora confiaba más en su instinto. Sacó su teléfono y empezó a teclear.
Jamie se volvió para mirar el mar de coches de policía que tenían delante y se preguntó qué pensarían los vecinos. Había que encargar a un agente que también les tomara declaración. A ver si sabían algo sobre Emmy Berg.
Se había hecho tarde y el color del cielo se había oscurecido hasta convertirse en un gris apagado y sin vida. Las farolas se encenderían en cualquier momento.
Tenían concertada una entrevista para la mañana siguiente con William Martinsson, el chico que Anna y Jan tenían en acogida.
Ella lo llevaría a la sede central de la policía a las nueve y allí realizarían la entrevista.
Cuando Jan bajó las escaleras y se enteró de que los agentes iban a entrar en masa a registrar la casa, casi se le había salido el corazón por la boca.
De ninguna manera iban a hacer una entrevista en la casa con Jan cerca.
Si Emmy lo evitaba como a la peste era muy probable que al chico tampoco le cayera muy bien.
Y necesitaban que hablara. Y si eso significaba que debía estar lo más lejos posible de Jan Hansen, estarían encantados de complacerlo.
Jamie oyó el zumbido del teléfono de Wiik en su mano y se volvió hacia él.
—Ha sido rápido, incluso para Hallberg —dijo Jamie, tratando de distender el ambiente.
Pero la expresión de Wiik le indicó que no lo había conseguido.
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
Él maldijo entre dientes y bajó el teléfono para mirarla.
—Acaban de encontrar a Tomas Lindvall.
—Eso es bueno, ¿no? —preguntó Jamie, aunque ya sabía que no lo era.
—No, no lo es. Está muerto.
—¿Muerto? —Jamie se sorprendió—. ¿Cómo?
—Se tiró desde un puente. —Wiik parecía enfadado por la noticia.
Jamie tampoco estaba contenta.
—Dios mío —dijo—. ¿Cuándo?
—Hace una hora —respondió Wiik, la ira iba desapareciendo poco a poco de su rostro. Ahora tenía la cabeza gacha—. Acabo de recibir un correo electrónico de Avdelningen för Särskilda Utredningar . Quieren interrogarme. Inmediatamente.
División de Investigaciones Especiales. El equivalente dentro de la policía sueca al Departamento de Asuntos Internos.
—Han abierto una investigación sobre mi conducta en la detención e interrogatorio de Lindvall.
—Wiik se pasó la mano por la cabeza y exhaló con fuerza—.
Al parecer llamó por teléfono a su hermana, con la que no tenía relación, mientras estaba en el puente, y le dijo que lamentaba lo que había hecho y que se había dado cuenta de quién era realmente.
Que el mundo estaría mejor sin él. Ella intentó convencerlo de que no lo hiciera, pero no le hizo caso.
Y también dice que las últimas palabras que le dijo antes de saltar fueron: «El detective tenía razón».
Jamie tragó saliva y fijó su atención en Wiik. Era lo último que necesitaban.
—Yo, eh… —dijo Wiik y comenzó a frotarse la nuca y dar rápidos vistazos a su alrededor—. Tengo que ir a ocuparme de esto.
Ella extendió la mano y se la puso en el hombro, le dio un fuerte apretón.
—Todo irá bien.
Él la miró unos segundos, pero no dijo nada.
—No hiciste nada malo: Lindvall era inestable, no tomaba la medicación, consumía drogas. No estaba en su sano juicio. Fue un brote psicótico —Jamie intentaba tranquilizarlo.
—Sí —dijo Wiik y apartó la mano de su hombro—. Y sucedió porque yo lo presioné. —Exhaló con fuerza de nuevo y empezó a caminar—. ¿Te las apañarás tú sola?
Se alejó dando pasos hacia atrás, sin detenerse.
—Claro —dijo Jamie—. Buena suerte.
Él le dedicó una débil sonrisa y luego le dio la espalda, ya muy cerca de su coche. Un segundo después había entrado en él y se desgajaba del grupo de coches patrulla amontonados frente a la casa de los Hansen.
Las ruedas chirriaron, giraron sobre el asfalto húmedo y luego traccionaron desde el suelo, el coche salió lanzado en la distancia y Jamie se quedó sola en la calle, con el viento cortante y el cielo oscureciéndose como única compañía.