El Guardián de Ángeles (Jamie Johansson 1) 27 #2
50%

27 #2

Las manos de Wiik se habían convertido en puños que se aferraban a los reposabrazos de la silla.

Hallberg no había dejado de rondar cerca de la puerta, pero sabía que no debía entrometerse.

—Y —continuó Falk, para someter por completo la resistencia de Wiik— eso sin tener en cuenta que interrogaste a un esquizofrénico paranoico hasta provocarle un brote y luego lo dejaste suelto por la ciudad.

—Bajó la cabeza para poder encontrar la mirada de su subordinado—.

Lo último que quiero es que la prensa se entere de eso también.

Ya puedo ver los titulares: «Sospechoso de antiguo caso es ahora el principal sospechoso de nuevos asesinatos: la Policía de Estocolmo metió la pata en la investigación original del Guardián de Ángeles»…

«Esquizofrénico paranoico torturado por la Policía de Estocolmo ataca a una enfermera y escapa de la custodia»…

« Kriminalinspektör sin paciencia causa pánico generalizado en la ciudad al actuar de forma precipitada»…

—Hizo una pausa con la intención de reforzar el efecto de sus palabras—. Tú decides.

Wiik se había callado por completo y, a juzgar por el cambio de su postura corporal, había entendido el mensaje.

Falk respiró hondo y miró a Hallberg.

—Que los de criminalística revisen la iglesia en profundidad. Quiero todo empaquetado y etiquetado. Y lo mismo con la casa de Eva Sjöberg.

—Ya están allí y trabajan en ello —añadió Hallberg.

Falk siguió sonriendo educadamente, pero Jamie se dio cuenta, por su tic en el rabillo del ojo, de que no le gustaba ser interrumpida.

—Bien. Puedes enviar un aviso sobre el minibús de la iglesia: cualquier agente que lo vea debe informar, pero sin acercarse, solo seguirlo a una distancia segura.

Lo mismo con los peajes. No quiero que lo arresten en público.

Todavía no. Pero quiero estar informada en el mismo momento en que se localice.

Hallberg se atrevió a echar un vistazo a Wiik, aunque rápidamente volvió a centrar su atención en Falk.

—Entendido.

—¿Hay algo más? —preguntó Falk.

—Sí —dijo Hallberg, ahora miraba a Jamie—. Tengo la información que querías sobre los padres de Tilde Gunnarson.

Jamie se enderezó en su silla.

—La sexta víctima.

Hallberg asintió.

—Parece que los padres de Tilde son dos destacados empresarios, ambos todavía en activo.

Su madre, Åsa Gunnarson, es abogada y se encarga del derecho fiscal internacional para una gran empresa de la ciudad.

Su padre, Mikael, es propietario de una empresa dedicada a las energías renovables, es uno de los socios fundadores de Grön Framtida Industria, especializada en energía eólica y solar.

—Industrias para un Futuro Verde —repitió Jamie para así memorizarlo—. ¿Y ambos están vivos?

Hallberg asintió.

—Vivitos y coleando, por lo que parece. Tilde era hija única y se mudaron tras su muerte. Pero ambos aún trabajan en la ciudad y siguen juntos.

Wiik miraba a Jamie, al igual que Falk.

—De acuerdo, bien —dijo Jamie—. ¿Puedes enviarme sus datos? Me gustaría hablar con ellos.

Wiik tomó la palabra.

—¿Para qué?

—Quiero saberlo.

—¿Quieres saber qué? —Wiik se enderezó en la silla.

—Quiero saber por qué siguen vivos cuando todos los demás padres no lo están. Si hay algo que no terminamos de entender, entonces apostaría que podemos descubrirlo al conocer a los Gunnarson.

Falk se llevó las manos a la barbilla. Parecía satisfecha ante esa respuesta. O tal vez solo estaba aprovechando la oportunidad para sacar a Wiik de su despacho.

—Hacedles una visita —ordenó—. Hablad con ellos a ver qué podéis averiguar.

Wiik no parecía muy entusiasmado con la idea.

—Tenemos que concentrarnos en Eriksson —dijo—. Tenemos que estar aquí por si lo encuentran, para interrogarlo, para…

—Está bien —dijo Falk—. Hallberg, acompaña tú a Johansson. Te vendrá bien.

Wiik abrió la boca, pero sabía que se había metido en un callejón sin salida.

Hallberg echó un vistazo a Jamie, trataba de contener una sonrisa.

Ella entendía por qué Hallberg estaba contenta, pero no podía corresponderle. Había un asesino suelto y Jamie empezaba a tener la sensación de que no hacía otra cosa que jugar con ellos.

Y eso la asustaba.

Demasiado asustada para sonreír.

Demasiado asustada para hacer otra cosa que no fuera insistir en el caso. Y no apartar la vista del objetivo ni un segundo.

Jamie se levantó de la silla sin decir nada y recogió su abrigo del respaldo.

Wiik había encontrado algo interesante que mirar en su teléfono y no se molestó en despedirse. Eso no la sorprendió. Las cosas no habían salido como él quería y este era el resultado. Un silencio mezquino.

En todo caso era mejor que la alternativa, al menos eso supuso.

Jamie no sabía qué pensar de Hallberg como compañera. Si la chica era como ella a su edad, la cosa no pintaba tan mal.

Al menos era mejor que ir sola.

Y Falk lo sabía. El instinto de Jamie la había llevado a Rättvik y eso había sacado de quicio a alguien.

Quizá Falk esperaba que enviarla a ver a los Gunnarson tuviera el mismo efecto: sacar a Eriksson, o a quien estuviera detrás de todo aquello, de las sombras.

Jamie no sabía si eso la convertía o no en un cebo, pero, mientras caminaba junto a Hallberg, que avanzaba con brío entusiasta a su lado, apretó los puños. No por ira, ni siquiera por determinación. Simplemente para evitar que temblaran.