26 #2
—Ahora bien —continuó Jamie, quería centrarlo de nuevo en el caso—, Hallberg va a recopilar más información, pero, mientras tanto, podríamos estar ante un descuido en el caso original: doce víctimas, no siete.
Wiik parpadeó lentamente, asimilando la información, y luego pareció relajarse, sabía que la importancia de aquello superaba cualquier resentimiento que pudiera sentir porque Hallberg hubiera llamado primero a Jamie.
—De acuerdo. ¿Qué hacemos entonces?
Jamie bajó la mirada y pensó por un momento.
—Los padres de cada una de las cinco primeras víctimas fueron atacados, así que tenemos que averiguar por qué. Lundgren fue atacado, pero logró escapar. Los padres de la sexta víctima no sufrieron ningún ataque. Pero creo que quizá Sjöberg fue arrestado antes de que se produjera ningún intento.
Wiik estaba de acuerdo con ella.
—Pero ¿por qué importaría eso si no fue Sjöberg? Eriksson podría haber acabado con ellos de todos modos.
—¿Y arriesgarse a alertar a mi padre de la inocencia de Sjöberg? —Jamie negó con la cabeza—. Es demasiado inteligente para eso. No, logró que no le acusaran. Y simplemente los dejó en paz.
—Entonces, ¿por qué vuelve ahora a las andadas?
Wiik sabía hacer su trabajo: ponía a prueba la teoría de Jamie. Su argumentación.
Ella se dio cuenta de lo concentrado que estaba: era un buen detective. Y, muy a su pesar, comenzaba a caerle bien. Tenía tanto encanto como un cactus, pero respetaba su inteligencia y su voluntad de hacer bien el trabajo, aunque no siempre estuviera de acuerdo con sus métodos.
—Creo que Sjöberg se puso en contacto con él, despertó una parte de él que había enterrado o de la que había prescindido… Fue a hablar con Sjöberg, ¿no? Y dijo que no hablaron de los asesinatos. Dijo que nunca le preguntó y que Hans tampoco le contó nada.
Wiik asintió.
—¿Y por qué iba a preguntarle si sabía que Sjöberg no lo había hecho?
—Exacto. No lo haría.
Wiik enseñó los dientes.
—Hijo de puta —gruñó.
—Eriksson, sentado allí, escuchando a Sjöberg hablar de cómo había sido condenado injustamente por esos asesinatos, de cómo era inocente, y luego diciéndole a Sjöberg que podía arrepentirse, que podía entrar en el cielo, que todo estaba perdonado…
Diablos, probablemente eso hizo que salivara de nuevo.
Sentado allí, cara a cara con el hombre que se había comido la condena por sus propios crímenes y empieza a pensar que tal vez pueda volver a hacerlo. Salirse con la suya por segunda vez.
—Mierda —dijo Wiik, poniendo los brazos en jarras—. Ojalá pudiéramos conseguir una copia de esa conversación.
—Si hubiera sido una conversación con un visitante tendríamos una oportunidad. Pero ¿una confesión en el lecho de muerte con un sacerdote? Ni hablar. A nadie se le ocurriría registrar algo así y mucho menos ordenar a alguien que lo hiciese.
Wiik asintió con aire hosco.
—Así que Eriksson se lleva a las chicas, las mata, utiliza el argumento religioso para inculpar a Sjöberg y…
—Quizá no solo para inculparlo. Trabajaba en una iglesia como jardinero y luego fue a un seminario. Debe de estar genuinamente interesado en ello, quizá solo en la iconografía o la historia o…
—¿La forma en que se utiliza la religión para adoctrinar y controlar a la gente?
Jamie se sorprendió al escuchar aquello y reparó en la mueca de asco que puso Wiik. Realmente odiaba todo lo que estuviera asociado con esa idea.
—Coincide con el perfil clásico del psicópata. Les atraen las profesiones que les permiten controlar a la gente. Y, si le interesaba la teología, el sacerdocio le daría la oportunidad no solo de entregarse a dicha obsesión, sino también de saciar esa necesidad de control.
Wiik miró por encima de la cabeza de Jamie, pensativo.
—¿Así que regresa a casa tras visitar a Sjöberg y empieza a tramar cómo volver a hacerlo? Se centra en Nyström, sabe que tiene que deshacerse de él para despejar el terreno.
—Lo secuestra, le hace hablar para que le cuente cómo robar los expedientes del caso —añadió Jamie.
—Luego busca una víctima y se pone manos a la obra.
—No lo entiendes —dijo Jamie, arrugando los labios.
Wiik frunció el ceño.
—¿Qué es lo que no entiendo?
—No, no me refiero a ti, sino lo que decía la nota. En mi coche. Decía: «No lo entiendes. Para».
—De acuerdo. Pero ¿qué es lo que no entendemos? —preguntó Wiik.
Jamie negó con la cabeza.
—No lo sé, pero tenemos que volver. Si la pista de Hallberg es correcta y Eriksson también tiene como objetivo a los padres, entonces tenemos que identificar lo antes posible a nuestra víctima o en breve tendremos otro asesinato entre manos.
Wiik asintió y dejó caer las manos a ambos lados del cuerpo. Luego levantó una y se la pasó por la cabeza para alisarse el pelo.
—Si Eriksson sigue el mismo método que antes podemos difundir la foto de la chica y hacer una declaración a los medios.
Ya ha comenzado el frenesí ante la falta de noticias.
No saben lidiar bien con el silencio informativo y necesitamos avanzar con el caso.
Vamos a darles algo antes de que nos crucifiquen, a ver qué obtenemos.
No me gusta hacerlo, pero no tenemos muchas más opciones.
—Sí, es verdad.
Jamie y Wiik intercambiaron miradas durante un segundo y luego Wiik se dirigió al coche.
—Vamos —dijo y aceleró el paso—. Pongámonos en marcha antes de que pase algo más.
Jamie lo alcanzó.
—No digas eso.
—¿Por qué no?
Ella rodeó el coche y lo miró por encima del techo.
—Porque cada vez que alguien lo dice, pasa alguna cosa.
Wiik esbozó una sonrisa.
—Nunca pensé que fueras supersticiosa, Johansson.
—No lo soy —respondió Jamie mientras se subía al coche—. Pero tengo suficiente experiencia como para saber que no hay que tentar al destino.