El Guardián de Ángeles (Jamie Johansson 1) 24
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Wiik había llegado a la central antes que ellas, y parecía entregado a una acalorada discusión con Falk cuando Jamie y Hallberg llegaron a la planta y se dirigieron hacia su despacho.

Falk las vio, levantó una mano para hacer callar a Wiik y luego les hizo una seña para que entraran.

Ella estaba sentada, Wiik permanecía de pie, con los brazos cruzados, hablándole.

No pudo evitar preguntarse si Falk sería de las que echaban mano del látigo si era necesario.

Aún no conseguía calibrar a Wiik: parecía oscilar entre comportarse de modo sensato y competente o bien ser petulante e impetuoso.

Tampoco es que ella fuera la perfección personificada, pero el estado de ánimo de Wiik era algo imprevisible.

Hallberg avanzó con confianza, con mucha más confianza de lo que Jamie había visto hasta entonces, y miró a Falk directamente a los ojos.

Ah. Estaba tratando de impresionarla. Sin duda buscaba un ascenso para librarse de la autoridad de Wiik. Jamie no podía culparla.

La puerta se cerró lentamente detrás de ellos y todos quedaron dentro del despacho. Wiik no quiso apartarse, por lo que Hallberg tuvo que hablar con Falk por encima de la pantalla de su ordenador, lo que casi la obligaba a ponerse de puntillas.

Jamie se colocó detrás de Wiik y le dio un codazo en el costado. Él la miró y ella aprovechó para indicarle con un leve movimiento de cabeza que se echase a un lado para dejarle hueco.

Él frunció el ceño y luego dio unos pasos hacia ella, lo que dejó a Hallberg el espacio que necesitaba.

—¿Qué? —preguntó en voz baja, como si Jamie quisiera susurrarle algo.

Jamie decidió hacerse la desentendida.

—¿Qué?

Él frunció aún más el ceño.

—Me acabas de… —Se calló al ver la mirada de confusión en el rostro de ella—. No importa.

Se giró de nuevo hacia la mesa y vio que Hallberg ahora ocupaba el lugar donde estaba él antes. Probablemente habría sido ya demasiado descarado por su parte apartarla de un empujón, así que se quedó donde estaba y volvió a mirar a Falk con el ceño fruncido.

¿De qué hablaban antes de que Jamie entrara?

—Bien —dijo Falk, y miró a cada uno de ellos.

Sus ojos se posaron en Jamie—. Por lo que he podido deducir, las cosas no pintan bien —dijo con franqueza—.

Acabo de hablar con el jefe de criminalística que todavía está en la casa de Johansson.

—Las palabras salieron de su boca con tono de indiferencia—.

Me ha dicho que las huellas conducen desde el camino hasta la puerta trasera, pero que es difícil determinar si alguien entró, ya que la puerta trasera estaba cerrada con llave cuando la inspeccionaron.

Así que quienquiera que haya entrado o bien la cerró tras de sí o acaso no llegó a abrirla porque solo quería espiar desde las ventanas.

Había estado allí dentro, Jamie sintió la necesidad de decirlo. Pero se quedó callada.

—Esto —continuó Falk, gesticulando y golpeando con las manos la mesa para enfatizar sus palabras—, se suma al hecho de que la detective Johansson ha estado en el objetivo de quien solo podemos suponer que es el asesino.

Esta vez Jamie sí habló.

—Yo no diría «estar en el objetivo» …

—¿Qué dirías entonces? —respondió Falk secamente—. ¿Qué fuiste acosada? ¿Perseguida?

Jamie apretó los dientes. Ninguna de las alternativas sonaba mejor.

Falk respiró hondo.

—Wiik, ¿en qué punto estamos con el caso?

—Hemos interrogado a tres sospechosos. Per Eriksson, Tomas Lindvall y ahora Leif Lundgren.

—¿Tienes algo que los vincule con alguno de los asesinatos, pasados o presentes?

Wiik frunció los labios antes de lanzarse a hablar, pero a sus palabras les faltó decisión.

—Tenemos una carta de Hans Sjöberg dirigida a Per Eriksson pendiente de ser analizada y esta tarde vamos a ver a Eva Sjöberg para recoger las pertenencias de Hans Sjöberg, junto con la carta que envió originalmente a Eriksson.

Falk no parecía impresionada.

—Y ahora que tenemos la nota de Rättvik compararemos las dos y veremos qué encontramos.

Falk parecía aún menos impresionada.

—A ver, ¿confías en avanzar con qué, análisis criptográfico?

—No —dijo Wiik, con tono casi malhumorado—. Por supuesto que no.

Falk negó con la cabeza y se volvió hacia Hallberg, para gran consternación de Wiik.

—Ayer interrogasteis a Lundgren. ¿Qué descubristeis?

—Eh… —dijo Hallberg, sorprendida por haber sido interpelada.

Caramba, Wiik debía de haber puesto realmente de mal humor a Falk.

Se aclaró la garganta y reunió un poco de valor—.

Lo hicimos, sí. Lundgren sostiene que no tuvo nada que ver con los asesinatos originales, pero nos dimos cuenta de que tenía una llamativa cicatriz en la garganta y nos contó que lo habían atacado unas semanas después de que mataran a su hija.

—¿Atacado?

—Asfixiado —gruñó Wiik.

Falk mantuvo la mirada fija en Hallberg.

—¿Por el asesino?

—No lo sabemos —respondió Hallberg con sinceridad—. No denunció el incidente, pero vamos a investigar a los familiares de las otras víctimas para ver si puede establecerse un patrón.

Falk levantó una ceja.

—¿Cree que las familias también pudieron haber pasado a ser objetivos?

Jamie se dio cuenta de que Hallberg estaba en terreno pantanoso, y encima con una teoría que en todo caso era suya.

—Es demasiado pronto para saberlo —dijo Jamie sin que nadie le preguntara—. Pero si hay otra vertiente del caso original que pasó desapercibida, entonces debemos investigarla.

Falk fijó ahora la mirada en Jamie.

—Sí —dijo—. Mis detectives tienen que investigarlo.

Aquello fue directo contra ella. Ninguna duda al respecto. Jamie no respondió nada.

—¿Y ahora cómo piensas seguir? —le preguntó Falk a Wiik.

Él tragó saliva e intentó esbozar una sonrisa. Esta desapareció al cabo de un segundo.

—Esperaremos a ver qué puede sacar criminalística de la casa de Johansson y contrastaremos las cartas. Hallberg se quedará aquí para investigar a las familias de las víctimas originales y Johansson y yo iremos a casa de Eva Sjöberg para ver si podemos recoger las pertenencias de su marido.

Falk no parecía aún satisfecha.

—¿Y qué hay de la víctima actual? ¿Ya tenemos su identidad?

—No.

—¿Tienes alguna idea de quién pueda ser?

Respiró lentamente.

—No.

—Por el amor de Dios —murmuró Falk agitando cabeza—. Cuatro días, Wiik, ¿y me dices que no tienes ni idea de quién es la chica?

—Tenemos una alerta por personas desaparecidas que puedan coincidir con su…

—No me importa. Averigua quién es. Y hazlo ya. Si este se parece en algo al caso del pasado, ella no será la última. Las víctimas originales estaban todas relacionadas y es probable que estas víctimas también lo estén. Así que obtener una identificación positiva es nuestra prioridad número uno.

Wiik asintió con la cabeza en señal de confirmación.

—Por supuesto.

—¿He de suponer que has averiguado algo sobre nuestro detective desaparecido? —se atrevió a preguntar Falk.

Wiik bajó la mirada.

—No. En este caso también tenemos una alerta activa sobre su coche, pero…

Ella levantó la mano y lo silenció una vez más.

—Por Dios, Wiik. Me dijiste que podías encargarte de esto.

—Claro que puedo —dijo con firmeza y luego miró a Jamie—. Podemos.

Ella le respondió con una mirada interrogativa y luego miró a Falk, que ahora la observaba fijamente.

—Bien —dijo Falk y luego se tomó un momento para apartarse un mechón de pelo que colocó detrás de la oreja—. Quiero informes actualizados al minuto.

Wiik asintió, miró a Hallberg como si hubiera levantado la pata para mearse encima de él y luego salió de la oficina.

—Espera un momento, Johansson —dijo Falk cuando Jamie se disponía a salir tras él.

La puerta se cerró lentamente detrás de Wiik, que miró por encima del hombro a través del cristal y se detuvo para ver por qué Jamie no lo seguía.

Jamie apartó la mirada de Wiik y se concentró en la mujer que tenía delante.

—Siéntate —dijo Falk.

Jamie, tras sacar una de las sillas de cuero y acero que había delante de su escritorio, se sentó.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Falk con la clara intención de hablar en voz baja.

—Estoy bien —dijo Jamie, pero no pudo evitar que su voz sonase vacilante.

Falk evaluó su reacción.

—Bien. No estaba segura de que este caso fuera demasiado para ti.

—Estoy bien —reiteró Jamie, ahora con un poco más de determinación.

Falk le dedicó lo que pretendía ser una sonrisa cálida.

—Entendería perfectamente que no lo estuvieras. Este caso sería complicado para cualquier detective. Y si se tiene en cuenta su naturaleza, lo cerca que está de tu casa y tu pasado…

—Estoy bien —dijo Jamie por tercera vez—. De verdad.

—Bien. Porque si no lo estuvieras, no dudaría en apartarte de este caso y enviarte de vuelta a Londres.

Jamie no respondió.

—Aquí has causado mucho revuelo —continuó Falk y se apoyó en el codo.

Echó un rápido vistazo a Wiik, que parecía haber encontrado algo interesante que inspeccionar en uno de los escritorios que estaban más cercanos al despacho—.

Pero tu aportación al caso ha sido inestimable hasta el momento —dijo Falk—. Así me lo ha dicho Wiik.

—Ah, ¿sí? —preguntó Jamie—. No parece el tipo de persona que prodigue elogios.

Eso pareció divertir a Falk.

—Wiik puede ser… arduo. Pero es un buen detective.

—Me he dado cuenta —dijo Jamie.

—Aunque no sea irreprochable.

Ahora era Jamie quien se divertía con todo aquello.

—También de eso me he dado cuenta.

—Es testarudo, necesita que le tiren de las riendas a menudo.

—Así parece.

—Ha estado pasando una mala época desde que perdió a su compañera. Trabajaban bien juntos.

—¿Está…? —preguntó Jamie, sin estar segura de querer oír la respuesta.

—¿Muerta? —Falk se recostó en la silla—. No, su marido y ella decidieron tener un hijo. Ella pidió la baja por maternidad y a Wiik se le asignó a Hallberg como compañera provisional.

Jamie vio por dónde iba el asunto.

—¿Nunca volvió?

—Solicitó el traslado a ciberdelitos. No es lo más emocionante, pero la mantiene detrás de un escritorio. Sus prioridades cambiaron, no puedo culparla. Al fin y al cabo, no todos son como nosotros.

Falk dejó escapar un par de carcajadas y miró a Jamie a los ojos.

¿Qué demonios significaba eso? Jamie no creía que se parecieran en nada.

Sin embargo, Falk no le dio mucho tiempo para darle vueltas al asunto.

—Wiik no ha dejado de estar resentido desde entonces. Cree que ella lo traicionó.

—Los compañeros pueden ser relaciones demasiado cercanas —dijo Jamie—. Perder a uno duele. —Respiró hondo y le vinieron a la cabeza las miradas necesitadas de confirmación que Wiik le había lanzado—. ¿Cómo era ella, su anterior compañera?

—Muy parecida a ti —dijo Falk y echó de nuevo un vistazo al hombre que aguardaba fuera del despacho—. De carácter fuerte, pragmática, dura. Lo mantenía a raya. Eran los mejores que he tenido.

Ahora Jamie lo entendía todo.

—Y él cree que seré yo quien la sustituya.

—No lo sé —dijo Falk—. En su mente, tal vez. Hallberg y él… No parecen caracteres compatibles. Los primeros meses que trabajaron juntos, ella venía aquí una o dos veces por semana para quejarse de él.

—Hay mucho de lo que quejarse.

—Él le hace la vida imposible a propósito, lo que intenta es quebrarla.

—Cuánta madurez.

Falk se encogió de hombros.

—Wiik puede ser muy frágil y nunca acepta muy bien las críticas.

—¿Quién las acepta bien?

Falk volvió a sonreír.

—Olsen era una buena investigadora. Su pérdida fue un duro golpe para el departamento, pero más para Wiik.

Este es su primer caso importante desde que Hallberg y él son compañeros.

Me resistí a asignárselo y estoy empezando a arrepentirme —dijo Falk con sinceridad—.

Pero parece que tú tienes un efecto positivo en él.

—¿Lo tengo? —preguntó Jamie sorprendida.

Falk asintió.

—Sí. Pero mi prioridad es asegurarme de que tú estés bien. Wiik ya es mayorcito, él puede lidiar con sus propios problemas. Tú, por otro lado…

—Estoy bien.

Jamie intentó no apretar los dientes. Era evidente que Falk repetía la pregunta para provocarla.

—De acuerdo, entonces —dijo Falk dando por terminada la conversación.

Jamie se levantó de la silla.

—Una cosa más —dijo Falk cuando Jamie estaba a medio salir por la puerta.

—¿Sí?

—¿Qué planes tienes una vez haya terminado el caso? —preguntó Falk con expresión neutra. Casi desinteresada.

—Apenas lo he pensado —respondió Jamie con sinceridad, un poco desconcertada por la pregunta.

—Bueno, asegúrate entonces de que Wiik no se haga una idea equivocada si no tienes intención de quedarte por aquí.

¿Quedarme? Jamie apretó la mandíbula.

Falk la observó durante unos segundos, le regaló una breve sonrisa y luego comenzó a prestar atención a su pantalla.

Jamie consideró aquello como una señal de que podía marcharse y salió del despacho sin añadir nada más.

Ni siquiera había pensado en lo que pudiera venir después. En si regresaría a Escocia o volvería a la Policía de Londres… O si haría algo completamente diferente.

Wiik se apartó del escritorio en el que había estado y se interpuso en el camino de Jamie.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó, se lamía el labio inferior con nerviosismo.

Jamie lo estudió: su pelo peinado hacia atrás, su reloj caro, esa mirada que le decía que todo tenía que ser exactamente como él quería. Aquel que, cuando su vida no encajaba en las cajitas bonitas y ordenadas con las que se sentía cómodo, sentía como si le clavaran alfileres en los ojos.

—Nada —respondió ella—. Solo quería asegurarse de que podía seguir con el caso.

—¿Puedes? —preguntó él expectante.

—Sí —respondió ella, le puso una mano en el hombro y apretó—. Estoy bien.

—Bien. —Pareció aliviado—. Ahora vamos. Salgamos de aquí antes de que Hallberg nos vea.

Dio media vuelta y se alejó veloz.

Jamie lo siguió, pero echó un vistazo hacia el despacho de Falk.

La mujer estaba recostada en su silla, se masajeaba los labios con el pulgar, sin quitarle ojo a Jamie a través del cristal.

Jamie se dio la vuelta y se encaminó a los ascensores. Aunque no volvió a mirar atrás, sabía que los ojos de Falk no la perdían de vista.