El Guardián de Ángeles (Jamie Johansson 1) 23 #2
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—No, no estaba —intervino Hallberg—. Lo comprobé con la empresa y sus registros muestran que voló a uno de los pozos de perforación el día anterior a la muerte de Hanna. Y después de que se descubriera el cuerpo volvió de inmediato.

Jamie procesó todo eso.

—Entonces no pudo haber sido él, ¿no?

Wiik movió la cabeza adelante y atrás.

—Es difícil darlo por sentado. Depende de cuánto tiempo estuviera el cuerpo en la nieve. Podría haberla matado, dejar su cuerpo allí y subir a un vuelo ese mismo día, con la certeza de que el cuerpo no se encontraría hasta el día siguiente.

Hallberg se atrevió a disentir.

—Aunque eso no deja de ser muy poco probable: el informe original del laboratorio de patología afirma que el cuerpo de Hanna Lundgren no había estado allí más de doce horas, como máximo, y que la hora de la muerte debió ser poco antes de eso.

Su vuelo salió de Gotemburgo a las dos de la tarde del día anterior.

La boca de Wiik se torció de modo evidente, por lo que Jamie pensó que no le gustaba la información de Hallberg, a pesar de que tenía toda la razón.

—No por eso deja de ser un tipo asqueroso.

Jamie recordó algo en ese preciso instante.

—¿Qué hay de las células de piel encontradas bajo sus uñas?

Hallberg asintió.

—El chequeo con Lundgren dio positivo, pero él dijo que Hanna solía rascarle la espalda, ya que es un tipo bastante grande y decía que no era capaz de alcanzar por sí mismo ciertos rincones. Y ella tenía las uñas largas.

Wiik se burló.

—Tonterías.

Jamie se mordió el labio.

—No parece una historia muy verosímil, pero nos resulta imposible refutarla.

Hallberg asintió.

—Sí, supongo que nunca sabremos a ciencia cierta lo que pasó. Pero sin duda hay algo raro en todo el asunto.

—¿A qué te refieres?

Jamie la observó. Parecía preocupada por lo sucedido con Lundgren.

Wiik intervino.

—Como ya he dicho, el tipo es un asqueroso. Se mostró muy evasivo y cuando le preguntamos por la cicatriz…

Wiik giró la cabeza hacia un lado e inhaló aire por la comisura de los labios.

—¿Cicatriz? —preguntó Jamie.

Hallberg fue quien respondió:

—Tenía una cicatriz en el cuello —con el dedo, hizo un gesto bajo la mandíbula de un lado al otro—, antigua, descolorida, pero claramente visible. Parecía como si lo hubieran estrangulado.

—Asfixiado —corrigió Wiik, sin hacer ningún esfuerzo por ocultar la condescendencia en su voz—. Estrangulado es cuando se hace con las manos. Por lo que parece al tipo lo habían asfixiado con algo rígido.

—Dios —dijo Jamie—. ¿Cuándo? ¿Quién lo hizo?

Wiik soltó un largo suspiro y Jamie llegó a percibir el olor a café agrio de su aliento.

—No lo sabía. Dijo que le habían atracado unas semanas después de la muerte de Hanna, cuando volvía a casa de la tienda, ya de noche. Alguien se le acercó por detrás, le pasó un alambre o algo similar por encima de la cabeza, tiró hacia atrás y lo arrastró hasta el suelo.

—A mí no me parece que eso fuera un atraco. —Jamie frunció el ceño.

—Yo tampoco lo creo —añadió Hallberg.

Wiik le lanzó una mirada severa por interrumpir y ella se encogió como disculpa.

Él carraspeó y continuó.

—Dijo que se defendió del tipo y consiguió escapar.

—¿Lo denunció? —preguntó Jamie.

Wiik negó con la cabeza.

—No, y Hallberg lo ha comprobado dos veces. Tampoco hay nada en los registros. Dijo que no llegó a ver al tipo, que no oyó su voz, nada. Su mujer lo llevó al hospital para que le cosieran la herida, pero por suerte para él solo fue algo superficial.

Jamie guardó silencio para asimilar toda esa información.

—Dios mío, eso es…

—Sí —dijo Wiik, y se pasó la mano por el pelo para alisarlo.

—Es demasiado extraño como para que sea una coincidencia.

—Quizá —dijo Wiik.

Jamie volvió a darle vueltas a la historia en su cabeza.

—¿Dos semanas después de la muerte de su hija lo atacan? Y, además, de forma brutal. No intentas asfixiar a alguien a menos que quieras matarlo. Y desde luego no haces algo así solo para robar una cartera.

Wiik la miraba ahora a ella, observando cómo trabajaba.

—¿Y dijiste que él dijo: «cuando volvía a casa de la tienda ya de noche»?

Wiik asintió con la cabeza para confirmarlo.

—La tienda —repitió Jamie.

—Sí, ¿por qué?

—Cuando dices «la tienda» es porque es la que está cerca de tu casa. De lo contrario, dirías «de vuelta a casa después de hacer la compra» o «de una tienda».

Wiik permaneció impasible, esperando a que ella terminara.

—El asesino tenía como objetivo a Lundgren, sabía dónde vivía. —Levantó la cabeza, miró hacia su casa y pensó en el asesino que había estado husmeando en el despacho de su padre. Que la había seguido hasta Rättvik para pincharle las ruedas—. Lo acosó. Lo cazó.

Wiik apretó los dientes.

—Por eso tenías que haber ido tú.

Las palabras salieron de su boca con frialdad y, detrás de él, Hallberg se encogió de forma ostensible. Si hubiera llegado a decir una palabra más se habría echado a llorar.

Jamie resistió el impulso de darle una patada en los testículos y, en su lugar, carraspeó. Aunque no sabía qué decir.

—Eh —comenzó, incapaz de apartar la mirada de Hallberg.

Tenía que echarle un cable a la chica—. Hallberg.

—Levantó la vista hacia Jamie, pero no se atrevió a decir nada—.

¿Puedes investigar a los padres de las otras víctimas del caso original?

Indaga acerca de ellos, a ver qué encuentras, comprueba si alguien más tuvo algún altercado después de los asesinatos.

Wiik miró a Jamie con cautela.

—¿Crees que habrá un patrón detrás de todo esto?

Jamie pensó en las siete chicas muertas. Catorce padres. Y tenían a otra chica tendida en una mesa de autopsias en ese momento, aún sin identificar. Aunque Jamie sabía que lo más probable era que también tuviera dos padres.

—Espero que no —respondió, mirándolo a los ojos—. Pero suelo acertar en estas cosas más a menudo de lo que me gustaría.

Wiik se la quedó mirando mientras reflexionaba y luego se volvió hacia Hallberg.

—Ponte con ello —le ordenó.

Ella asintió diligente.

Wiik se volvió hacia Jamie.

—¿Necesitas algo más de la casa? Falk te espera.

—No —dijo Jamie y negó con la cabeza—. Estoy bien. Los dejaré trabajar.

Wiik ya había comenzado a darse la vuelta.

—Hallberg —la llamó y le hizo una seña como si fuera un perro—. Tú vienes conmigo.

—Espera —Jamie había levantado la mano como si pidiera turno para hablar—. ¿Te importa si Hallberg se viene conmigo?

Wiik se detuvo y miró hacia atrás, con las manos en los bolsillos de su abrigo. Parecía confundido.

—¿Por qué?

Jamie pensó algo rápido.

—Tengo que investigar un poco a las familias de Annika Liljedahl y Hans Sjöberg, y tú mismo lo has dicho: «Ella es buena en esas cosas». —Cruzó miradas con Hallberg. La chica no parecía capaz de soportar otro golpe—. Y a ella no creo que le importe.

Jamie esbozó una leve sonrisa, Hallberg entonces lo entendió.

Wiik suspiró y les hizo un gesto para que se marcharan.

—Está bien, pero id directas a la central. —Reemprendió su marcha—. Falk está esperando.

Wiik se metió en su coche, cerró la puerta con fuerza, y Hallberg se acercó a Jamie.

—¿De verdad necesitas que investigue a Liljedahl y Sjöberg? —preguntó ella, en su voz despuntaba una menguante esperanza.

—No —respondió Jamie—. Solo pensé que te vendría bien un respiro.

Hallberg se rio con cierta tristeza.

—Más de lo que te imaginas.