9 #2
Era de complexión delgada, su cuerpo aún no había adquirido las curvas de la pubertad. Le habían colocado una pudorosa sábana sobre el pubis, pero su pecho estaba al descubierto, y la piel alrededor de las heridas de salida se veía doblada para que mirase hacia el cielo. Brillaban como alquitrán.
Claesson dio vueltas a su alrededor con aspecto distraído y se apoyó sobre la mesa de operaciones.
Wiik se detuvo a cierta distancia, ni siquiera llegó a mirar a la chica. Era difícil mantener esa expresión amargada cuando te enfrentabas a un horror como ese.
—¿Y bien? —dijo.
—¿Qué es lo que quieres saber? —preguntó Claesson con una sonrisa cortés—. Aún no he comenzado a realizar la autopsia.
—Ya lo veo —soltó Wiik a través de sus dientes apretados.
Jamie dio un paso adelante, al ver que la conversación iba por mal camino y no parecía que fuera a ser muy productiva.
—¿Le importaría repasar con nosotros sus conclusiones preliminares, por favor? Tratamos de determinar si este asesinato tiene un parecido significativo con los del caso original del Guardián de Ángeles.
Claesson no dejó de mirar a Wiik, pero giró la cabeza poco a poco y, tras un segundo, posó la vista en Jamie.
—Podrías aprender un par de cosas de ella, Wiik —dijo Claesson—. Hay una cosa llamada buena educación, ¿has oído hablar de ello?
Jamie nunca se había dado cuenta hasta entonces de que alguien podía mirarla con ira sin siquiera llegar a mirarla, pero Wiik, de alguna manera, lo estaba haciendo en ese momento.
Claesson se suavizó entonces y miró a la chica.
—Tenía la esperanza de no volver a ver nunca otro cadáver como este.
—¿Estuvo aquí durante el caso original? —preguntó Jamie, y se acercó de nuevo, de tal modo que se colocó delante de Wiik.
Claesson le dedicó una breve sonrisa, su pequeña boca se esforzaba por trazar una curva con sus comisuras hacia arriba.
—Por desgracia sí que ya estaba aquí —dijo—. En aquel momento era patólogo residente, pero ayudé durante los exámenes y las autopsias. Es difícil olvidar algo así.
Jamie asintió.
—Por supuesto. Bueno, cualquier información que pueda darnos sobre esta víctima, y también sobre las demás, nos sería de gran ayuda.
Ahora la miraba fijamente, como si intentara recordar su rostro. Jamie apretó la mandíbula cuando reconoció esa mirada.
Wiik le había dicho que no le dijera su nombre.
Y, a juzgar por el modo en que se había comportado con Wiik, Claesson parecía un tipo tortuoso.
Y teniendo en cuenta que llevaba toda la vida en aquel puesto, sin duda se había cruzado con su padre en el pasado.
Y, si algo sabía ella de su padre, era que no respondía bien a las personas que intentaban incordiarlo de modo intencionado.
Claesson comenzó a hablar despacio, con el cerebro todavía enfrascado en la identificación de Jamie.
—Bueno, entonces parece buena idea haber desenterrado los expedientes originales del archivo en cuanto vi el cadáver.
Señaló uno de los mostradores, sobre el que había una caja de cartón. Estaba cubierta de polvo y tenía escrito en el lateral «CX-231-07-95».
Jamie echó un vistazo. CX-231 era la referencia del caso y 07 el número de víctimas, al menos eso supuso. Siete chicas. Tenía sentido. Y 95 era el año.
Tragó saliva.
Wiik aprovechó la oportunidad para abandonar la conversación y dirigirse hacia allí, luego levantó la tapa sin pedir permiso.
—Sírvete tú mismo —dijo Claesson, aparentemente incapaz de contenerse.
Jamie carraspeó.
—¿Doctor?
Él la miró de nuevo.
—Perdón. —No perdió más tiempo—. La niña, al igual que las víctimas originales, parece haber muerto asfixiada.
Le hice una endoscopia preliminar y detecté daños leves en los pulmones compatibles con la inhalación de humo.
He tomado muestras de sangre para analizarlas, pero me inclino a creer que murió de la misma manera que las víctimas originales.
—¿Y cuál fue? —preguntó Jamie, sin dejar de observar cómo Claesson se callaba y volvía a mirar a la niña.
—Intoxicación por monóxido de carbono. Probablemente causada por los gases de escape de un coche que se introdujeron en un espacio cerrado.
Jamie exhaló un lento suspiro, el persistente olor a lejía y cloro de aquella habitación le quemaba el interior de las fosas nasales.
—Era el método preferido del Guardián de Ángeles —concluyó Claesson—. Y, según lo que todo parece indicar, un método relativamente humano de matar a sus víctimas.
Wiik emitió un bufido irónico apenas audible desde el mostrador donde estaba la caja, pero no llegó a levantar la vista de ella. Se dedicaba a hojear la primera de las carpetas. Claesson lo escrutó con el ceño fruncido.
—Indoloro —añadió Jamie, para captar de nuevo la atención de Claesson—. ¿Había alguna marca en las manos de la chica? —Levantó las suyas—. ¿En el exterior y también en los talones? —preguntó al tiempo que pasaba un dedo desde la punta del meñique hasta la muñeca—. ¿O tal vez en las uñas?
Claesson negó con la cabeza.
—No, no hay hematomas ni daños que sugieran que intentara romper algo o que sufriera arañazos al intentar salir del espacio en el que estuviera encerrada.
—Entornó ligeramente los ojos al mirarla—.
Una observación aguda, sin duda. —Echó un vistazo a la espalda de Wiik—. ¿Tu nueva compañera? —preguntó.
Wiik soltó un gruñido por toda respuesta.
—Es inteligente —añadió Claesson.
Esta vez Wiik respondió con el silencio.
Jamie estaba ansiosa por continuar.
—La congelación, ¿se produjo…?
— Post mortem , sí —confirmó Claesson—. Igual que las heridas. No mucho después, pero sí una vez dejó de respirar. Estaba muerta cuando la colocaron así.
Jamie asintió.
—¿Qué me puede decir sobre los cortes?
—Los hizo alguien que sabía lo que hacía, con conocimientos prácticos de anatomía…
—O mucha práctica —dijo Wiik con tono sombrío, tras lo cual dejó caer la carpeta sobre la encimera y cogió otra de la caja.
Claesson carraspeó.
—En total se hicieron seis cortes con una cuchilla afilada y lisa.
Diría que con una navaja retráctil o incluso con un pequeño cuchillo de caza como herramienta.
—Señaló los seis cortes en el pecho de la chica, que comenzaban justo debajo de las clavículas y terminaban por encima de las últimas costillas.
Tres a cada lado del esternón—. El asesino hizo una incisión entre las costillas dos y tres a cada lado de la columna vertebral, de aproximadamente cinco centímetros de longitud.
Los cortes son profundos, por lo que solo hicieron falta unas pocas incisiones para atravesar la piel y los tejidos musculares.
—Los hizo con la seguridad del que conoce su tarea —observó Jamie.
Claesson asintió.
—Desde luego, no parecen vacilantes, eso está claro. —Suspiró y luego señaló las otras heridas—. El asesino repitió los cortes entre las costillas cinco y seis, y ocho y nueve. Y los repitió luego en el pecho de la chica.
Jamie apretó los labios, se esforzaba en no mirar los ojos de la chica.
—Una vez realizadas las incisiones —continuó Claesson—, insertó las ramas.
Habían sido afiladas con destreza y luego introducidas a la fuerza en el cuerpo…
—Claesson levantó la mano izquierda y simuló empujar algo a través del espacio entre el pulgar y el índice—…
Hasta encontrar el espacio intercostal correspondiente, como aquí.
—Ahora señaló el pecho de la niña—. A juzgar por las fotografías, creo que primero la colocó de rodillas, le hizo todas las incisiones de una sentada, a juzgar por la sangre que conservaba el cuerpo, y luego comenzó el proceso de…
Se detuvo y negó con la cabeza.
«Empalarla» parecía la única forma de describir aquello, pero no hacía falta decirlo.
—Entendido —dijo Jamie para llenar aquel silencio, aunque en realidad no lo comprendiese. ¿Cómo podría entender alguien todo esto?
—A continuación, se clavaron los extremos de cada rama en la tierra, para mantener a la chica en la posición deseada.
La primera debió ser la más complicada. El resto…
—Claesson tragó saliva, momento en que Jamie pudo ver el primer signo de emoción en él.
Aunque, con una carrera tan larga como la suya, ella tenía serias dudas de que quedasen muchas cosas capaces de alterarlo—.
Las marcas de ligaduras en las muñecas son más tenues de lo que habrían sido con una atadura perimortem .
Los tejidos dañados no llegan a evidenciar un hematoma, solo daño tisular a nivel superficial, lo que me lleva a concluir que le ató las muñecas como parte final del proceso, después de que se desangrara.
Se aclaró la garganta de nuevo, a continuación, se llevó la mano al cuello y se lo pellizcó, como si tuviera algo en él.
Jamie tuvo que hacer la pregunta que no quería hacer. Salió mucho más murmurada de lo que pretendía.
—¿La…? ¿Hay signos de violación?
Claesson pareció necesitar un momento antes de responder y apretó los dientes para hacerlo.
—He realizado un examen superficial —apenas murmuró, y levantó la vista por encima de la cabeza de Jamie—. Para establecer la congruencia con los asesinatos originales…
Wiik se acercó de repente a la mesa.
—Basta con que respondas a la pregunta —dijo fríamente, sus nudillos tensos se veían más blancos incluso mientras agarraba la carpeta marcada con el número 03. Tres de siete.
Jamie se corrigió.
Tres de ocho.
—Sí —dijo Claesson—. Los indicios sugieren que fue violada. Aunque no parece que el asesino la agrediera y luego la matara de modo automático. Se aprecian indicios de una curación inicial del tejido dañado antes de…
Wiik le hizo callar con un gesto de la mano y regresó a la caja.
Jamie se armó de valor ante esta nueva información.
—Gracias, doctor. Sé que es difícil de determinar, pero ¿cree usted que…?
Él asintió con gravedad.
—Este método de asesinato, seguido de todo el ritual de la escenografía, me lleva a creer que este crimen fue llevado a cabo por el mismo autor.
Luego posó su mirada en las carpetas del expediente que estaban sobre el mostrador, junto a Wiik.
Jamie posó también la mirada en él. Tenía una de las carpetas abierta delante de él, pero estaba encorvado sobre el mostrador, con los brazos extendidos en forma de triángulo y la cabeza agachada.
No sabía a ciencia cierta si leía o buscaba algún modo de afrontar la gravedad de lo que Claesson acababa de decir.
Ella dejó escapar un largo suspiro, con la mandíbula temblorosa.
Su padre se había equivocado.
Había sacado a golpes una confesión al hombre equivocado y luego lo había dejado encerrado en la cárcel durante veinte malditos años.
Claesson miraba ahora a Jamie, con el ceño fruncido y los labios apretados.
Ella le devolvió la mirada por encima de la mesa de autopsia.
—Lo siento —dijo él, apenas lo murmuró—. De veras que me resulta usted muy familiar, pero no sabría decir dónde nos hemos visto antes.
—No nos conocemos —dijo Jamie con voz entrecortada.
Wiik levantó la cabeza y se giró para mirar por encima del hombro.
—Pero, eh… —comenzó Jamie. No iba a ocultar quién era—. Creo que sí conoció a mi padre.
La cara de Claesson se descompuso y sus ojos se agrandaron al darse cuenta.
—Dios mío —dijo.
—Sí —suspiró Jamie, y extendió la mano sobre el pálido cadáver de la chica—. Inspectora Jamie Johansson, encantada de conocerle.