El Guardián de Ángeles (Jamie Johansson 1) 4 #2
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—Si detrás de esto está un imitador —dijo Jamie—, entonces lo más probable es que veamos lo mismo.

Alguien que idolatra a Sjöberg, alguien que quiere emularlo.

Pero alguien que ha matado ya antes. Alguien que sabe lo que es clavar una cuchilla en la carne.

Tratar a un ser humano como si fuera una cosa y no una persona.

Jamie suspiró y miró el charco de sangre que rodeaba a la chica. Había derretido la nieve, formaba un círculo que despejaba la zona a su alrededor, y así dejaba visible la maleza que rodeaba su cuerpo.

—¿Han pasado por aquí los SOCO? —preguntó Jamie. [1]

—¿Hmm?

—Mierda, perdón, eh —dijo ella, devanándose los sesos—. Los forenses, los criminalistas.

—Sí —dijo Wiik con sencillez—. Aunque no tienen aún resultados concluyentes.

Un único conjunto de huellas conducía desde la carretera hasta el lugar de los hechos.

—Se volvió para señalar con dos dedos el camino por el que habían venido—.

Y luego de vuelta hasta allí. El asesino pisó sus propias huellas al dirigirse en dirección contraria, lo que ha destruido cualquier esperanza de identificar el tamaño o el patrón de la suela del calzado.

El asesino sabía lo que hacía.

—Se tomaron huellas de las ramas, pero no pudieron sacar nada de ellas.

Sospechan que el asesino llevaba guantes.

Está pendiente el análisis de los residuos de polímeros y partículas una vez que el cuerpo sea trasladado al laboratorio.

—Respiró hondo—. La chica —continuó—, ya estaba muerta antes de que la colocaran así, pero no desde hacía mucho tiempo.

La lavaron y la vistieron con cuidado antes de traerla aquí.

Su cuerpo no muestra signos de hematomas ni traumatismos.

—Salvo las estacas de madera que le han clavado en la espalda —murmuró Jamie, dando otra vuelta. A cada paso percibía más cosas. Veía más. Sentía más.

La ira le revolvió el estómago.

Wiik siguió hablando.

—La cuerda utilizada es de lino o algodón sin blanquear, fibras naturales. De eso están seguros, pero aún estamos a la espera de confirmación. Revisaremos las imágenes de seguridad de todas las tiendas cercanas que vendan productos similares. Pero dudo que el asesino fuera tan descuidado.

—Hmmm —musitó Jamie, era su modo de asimilar aquella muerte. Se detuvo mientras se movía detrás de la chica y miró a Wiik a través de las alas. «Su cuerpo no muestra signos de traumatismos», es lo que acababa de decir Wiik.

—¿La violaron? —preguntó Jamie sin rodeos. No había otra forma de abordarlo.

—No lo sabemos —respondió él al tiempo que la miraba a los ojos por encima de la cabeza de la chica. Su cabello castaño caía en mechones perfectos a cada lado de su rostro sereno, como si lo enmarcase.

—Ese era uno de los rasgos distintivos del Guardián de Ángeles —continuó Jamie—. Violaba a sus víctimas antes de matarlas.

Wiik apretó los labios hasta convertirlos en una línea quebrada.

—Es imposible saberlo hasta que la examine el forense.

El hecho de que históricamente las chicas elegidas estuvieran todas en edad púber sugiere que hay un elemento sexual en juego, que la alusión angelical está relacionada con la pureza.

La virginidad. Hay una aflicción en sus asesinatos —dijo Wiik—.

Como un intento de restaurar la inocencia.

Jamie exhaló con lentitud. No quería hacer más conjeturas.

—¿Y el vestido? Los vestidos originales habían sido robados de la iglesia a la que asistían Sjöberg y su esposa. Formaban parte de un grupo de estudio de la Biblia que se reunía todos los domingos.

Jamie estaba sorprendida de todo lo que era capaz de desenterrar de sus recuerdos tras haberlo reprimido durante tanto tiempo. Se preguntó qué más podría surgir de los recovecos de su mente.

Y luego decidió que, fuera lo que fuera, valía la pena con tal de atrapar a ese bastardo.

A juzgar por el gesto inexpresivo de Wiik, Jamie sospechó que la información acerca de la vestimenta de la chica no era nueva para él.

Sin duda ya habían interrogado a todos los agentes y detectives de la policía que trabajaron en aquel momento y habían reunido toda la información posible para suplir los archivos desaparecidos.

—Hemos hecho fotografías. Haremos algunas averiguaciones —dijo Wiik—. Esa iglesia ahora está cerrada. En ruinas. Hubo un incendio después de la encarcelación de Sjöberg. No habrá salido de allí.

Jamie no creía que hubiera sido así.

—Necesitamos esos archivos —dijo—. Los originales.

Wiik asintió.

—Sí. También las notas de tu padre.

Jamie no tenía claro si aquello era un ataque contra ella.

Soltó aire, con fuerza. El débil sabor de la sangre permanecía en el aire helado.

—¿Cuándo va a hacerse cargo del cuerpo el laboratorio de patología?

Necesitaba saber por lo que había pasado esa chica.

—Cuando yo lo decida —respondió seco Wiik—. Quiero volver a examinar la escena a la luz del día. Una vez que haya leído las notas de tu padre.

Jamie dio unos lentos pasos para acercarse a él, el crujido de las botas en la nieve era atronador.

—De acuerdo —dijo, le bastaba con susurrar para que la oyeran en medio del silencio del bosque—. Llévame a casa.