Capítulo 11
Nada de eso importaba ahora. En este momento, todos trabajaban por un mismo objetivo.
Encontrar al responsable.
Jake se vio a sí mismo aplaudiendo con el resto de la sala, algo que le resultó extraño. No era de los que se dejaban llevar por el patriotismo, pero había algo en lo que había oído —y en lo que había visto— que le había inspirado y le había inyectado un renovado entusiasmo.
Ian Starling concluyó su intervención diciendo a todos los presentes que estaba orgulloso de ellos y que confiaba plenamente en que harían un buen trabajo.
Su siguiente parada era una reunión del CObrA, un encuentro que duraría tanto como la operación y en el que los máximos responsables de las agencias de inteligencia y los políticos del país se enfrentarían entre sí para tomar la mejor decisión para la nación.
Antes de recoger sus cosas, Ian escribió una frase en la pizarra blanca que tenía detrás: Operación Royale.
Ya tenían nombre para la operación y ya tenían sus tareas. Ahora solo les quedaba ponerse a ello.
Jake se unió a la marea de gente que intentaba bajar a la sala 1430, en la planta catorce de New Scotland Yard.
Al llegar, escaneó su tarjeta, esperó al zumbido de la puerta y entró.
Fue uno de los primeros en regresar y se dirigió directamente a su escritorio.
Había poco tiempo que perder y quería maximizar las posibilidades de encontrar al asesino.
Consultó su reloj. Habían pasado más de cuarenta minutos desde que Alice Pridden había sido asesinada ante los ojos del mundo entero.
Justo cuando se disponía a encender el ordenador, un tropel de personas entró en la oficina.
—¡Jake! —llamó Mamadou desde el otro lado de la sala. Había sido el primero en entrar y ya se abría paso entre la gente mientras avanzaba hacia Jake. Tyler Stuart, el mejor amigo de Jake en el SO15, iba unos pasos por detrás—. A mi despacho. Ahora.
Sacudiendo la cabeza, Jake dijo:
—¿No podemos hablarlo aquí?
Mamadou se detuvo en seco; Tyler calculó mal la velocidad de su superior y chocó contra su espalda.
—No. Esta es una conversación para mi despacho.
Jake suspiró, puso el ordenador en reposo y siguió a Mamadou. Estrechó la mano de Tyler cuando se cruzaron. Hacía días que no veía a su amigo y sentía que le faltaba una parte de sí mismo.
—¿Qué ha pasado ahí fuera? —preguntó Mamadou mientras Tyler cerraba la puerta tras ellos.
—No lo sé. En un momento todo estaba bien y al siguiente mataron a la duquesa. No vi quién lo hizo. Pero sí sé cómo —respondió Jake.
—¿Cómo? —preguntó Mamadou.
Antes de que Jake pudiera responder, la puerta se abrió y entró Ian Starling.
—Mama... —comenzó, pero se detuvo al darse cuenta de que estaba acompañado—. Perdonen, caballeros. Mamadou, solo había una cosa más que quería decirle antes de lo del CObrA.
—¿Puede esperar, Ian? Jake estaba a punto de decirme algo. Creo que usted también querrá oírlo.
Jake se tensó. El comisario jefe lo miraba fijamente. Era un hombre alto, de presencia amplia y autoritaria. Su cabello era claro y ralo. Jake no sabía si era a causa de la quimioterapia por su cáncer de pulmón o simplemente por la edad, y no quiso quedarse mirando más tiempo para no ofenderle.
—Yo... El... —Jake tragó saliva para recomponerse.
Estaba ante una compañía ilustre y no podía permitirse cagarla, especialmente si quería estar en el radar del comisario jefe de cara a su ascenso—.
Señor —continuó—, el ataque ha sido perpetrado por un dron.
Yo estaba dentro de la Herradura cuando se efectuó el disparo, y allí no había nadie que pudiera haber disparado.
—¿Vio el dron? —preguntó Ian.
Jake asintió.
—Lo vi y lo oí. Estaba por Thames Street, o quizá incluso más atrás. Podría haber sido en la estación de Windsor. Es difícil asegurarlo con certeza.
—Excelente. —Ian le tendió la mano y Jake se la estrechó.
La palma del hombre estaba húmeda de sudor—.
Gran trabajo. Ya tenemos nuestra primera pista.
Buscad el dron y después averiguad de quién era.
Alguien aparecerá pronto, estoy seguro de ello.
¡Ah!, ¿y me han dicho que ha sido usted el responsable de frustrar un posible atentado con una mochila esta mañana?
—Sí, jefe —dijo Jake.
—Muy bien hecho. Resulta que la bolsa estaba vacía y se la iba a dejar a un amigo, pero podría haber salvado muchas vidas con lo que hizo. Escuchó a su instinto, reaccionó y detuvo un ataque potencialmente letal. Debería estar orgulloso de sí mismo.
—Gracias, jefe —dijo Jake, soltando la mano de Ian y limpiándose la suya discretamente en el pantalón.
—¿De qué quería hablar conmigo, Ian? —preguntó Mamadou a la espalda de Jake.
Ian se aclaró la garganta. El gesto derivó en un ataque de tos que duró treinta segundos. Jake le ofreció un vaso de agua, pero él lo rechazó. Cuando terminó, Ian se limpió los restos de sus pulmones en el interior del bolsillo de su chaqueta.
—Era para informarles de que soy el oficial superior al mando de toda esta operación.
Todo pasa por mí. Y cuando digo todo, es todo .
También sobra decir que mi decisión es final.
No quiero oír discusiones ni contradicciones; solo quiero que hagan lo que les ordene.
Estaré localizable en el CObrA a través de mi teléfono brENT si me necesitan. ¿Entendido?
—Entendido.
Un brENT era un teléfono de alta seguridad que protegía voz y datos en todos los niveles de comunicación dentro del gobierno británico. Se utilizaba para cifrar la información transmitida y protegerla de intercepciones enemigas.
Ian miró a Jake y a Tyler, que permanecían allí incómodos, como pidiéndoles también a ellos su conformidad.
Ambos asintieron en silencio.
—Bien. Ahora, poneos a ello. Mamadou, hablaré contigo en breve.
Ian salió de la sala.
Jake se volvió hacia Mamadou.
—¿No te ha parecido raro? —preguntó.
—¿El qué? ¿Que se haya limpiado la mano en la chaqueta? —replicó Tyler.
Jake golpeó a su amigo en el pecho con el dorso de la mano.
—Cállate. El hombre se está muriendo. No, me refiero a esto: ¿te parece normal que dirija esta operación desde el CObrA?
Mamadou se encogió de hombros.
—Ian Starling es muy cercano a la familia real. Hasta lo han nombrado caballero, por el amor de Dios. Está justificado que trabaje de forma tan estrecha en este caso. ¿Acaso puedes culparlo?
No. Jake no podía.
—Pues bien —continuó Mamadou—, ahora que eso está aclarado, quiero que hables con Justin y veas si podemos enviar un equipo para encontrar ese dron. Tiene que estar en algún puto lugar del cielo.