El Gran Paseo (DC Jake Tanner 14) Capítulo 8
26%

Capítulo 8

L as campanas de la capilla repicaron, inundando el Horseshoe Cloister con una resonante sensación de euforia.

Se respiraba una atmósfera vibrante, y la pequeña multitud que lo rodeaba bullía de emoción.

Clamaban, aplaudían, vitoreaban, celebraban.

Jake formaba parte del grupo de personas a las que se les había concedido acceso exclusivo a la zona.

Detrás de él se encontraban los medios de comunicación de todo el mundo, con sus objetivos apuntando a la puerta de la capilla.

Ante él estaban las West Steps, por donde, en cualquier momento, saldrían los nuevos duques de Essex.

Se rumoreaba que las West Steps albergarían el momento más esperado de todo el día.

El beso.

El beso que consolidaría su matrimonio ante todos.

Aquello le hizo pensar en Elizabeth y en su primer beso. En cómo aquello había marcado el listón para toda su relación y su futuro juntos. Pero desechó el pensamiento rápidamente. Tenía un trabajo que hacer y no podía permitirse distracciones.

Entonces aparecieron.

Los novios.

El claustro estalló. Dos guardias apostados a cada lado de la puerta dieron un paso al frente, alzaron sus sables en el aire, los balancearon hacia un lado y bajaron los escalones.

Los novios les siguieron. Tras ellos, saliendo a la luz del sol primaveral, estaban la reina, el duque de Edimburgo y el resto de la familia real inmediata.

Se quedaron en lo alto de la escalinata, manteniendo los brazos a los costados, permitiendo que la feliz pareja celebrara su momento especial.

—Te toca —dijo una voz en su oído. Venía del agente Derwent, un oficial de paisano que había sido destinado de incógnito al interior de la catedral.

Jake tragó saliva. Ahora dependía de él relatar los acontecimientos en directo a la central.

Si pasaba algo ahora, sería responsabilidad suya.

Él estaba al cargo de esa zona, y él era el oficial encargado de asegurarse de que los nuevos duques de Essex llegaran sanos y salvos a su carruaje de caballos al pie de la escalinata.

—Recibido —comenzó Jake, con la mirada clavada en el hombre de uniforme militar negro y la mujer de blanco—.

X-ray Uno y Dos han salido del edificio.

Están bajando los escalones. La multitud vitorea.

El resto de la familia real espera en lo alto de la escalinata.

Al lado de la capilla… el Vehículo Uno se aproxima.

X-ray Uno y Dos se han detenido a mitad de los escalones. Creo que están a punto de…

Entonces Jake se detuvo, se quedó petrificado, suspendido en el instante. Se quedó sordo ante todos los sonidos que lo rodeaban, salvo uno. Era distante, lejano. Un zumbido incesante, como el de una avispa irritada atrapada en una habitación, intentando escapar desesperadamente.

Al instante, Jake supo de qué se trataba.

Un dron.

—Jake… —empezó a decir alguien, pero él lo ignoró.

Giró sobre sí mismo, escrutando el cielo con la mirada.

En mitad del brillante lienzo azul, no veía nada.

Cometió la imprudencia de mirar directamente al sol, quemándose las retinas y quedándose ciego por un momento.

Intentó parpadear para borrar las manchas rojas y negras que se le habían quedado grabadas en la visión, pero fue inútil: eran demasiado grandes y densas.

De pronto Jake abrió los ojos, a pesar de lo mucho que aquello lo desorientaba.

Estaba de espaldas a la iglesia, de cara al banco de cámaras de televisión que apuntaban a la capilla.

Sobre ellas estaba el dron, un pequeño punto negro contra el mar de azul.

Jake lo vio en su totalidad y se llenó de pavor.

Supuso que sus intenciones eran mucho más siniestras que las de un usuario intentando sacar una buena foto de los recién casados para su Instagram o Facebook.

—¿Jake? ¿Informe? ¿Qué pasa? ¿Qué están haciendo?

—Dron —fue todo lo que pudo decir antes de oír el sonido de la bala perforando el aire y rompiendo la barrera del sonido.

Su mirada se dirigió de inmediato a las West Steps.

Pero era demasiado tarde. La duquesa de Essex se había desplomado en el suelo, mientras un charco carmesí muy visible se extendía alrededor de su cabeza.

En un instante, acababa de ser asesinada en directo en la televisión nacional, y había ocurrido bajo su vigilancia.