Capítulo 12
El despertar del Vacío
La tierra se abrió. No hubo explosión. No hubo fuego.
No hubo ningún rugido. Y precisamente por eso resultó mucho más aterrador.
De la grieta surgió un silencio absoluto.
Los árboles dejaron de crujir. El viento desapareció.
Incluso el corazón de Misu pareció detenerse durante un instante. **Tum.** Un latido.
**Tum.** Otro.
Pero no procedían de ninguna criatura. Parecía que la propia tierra tuviera un corazón enterrado bajo ella.
Nébiro retrocedió. —Tenemos que marcharnos.
Misu lo miró. Era la primera vez que escuchaba verdadero terror en su voz. —¿Qué es el Vacío?
—Algo que nunca debió despertar.
—Eso ya lo has dicho.
—Porque no existe otra forma de explicarlo.
La grieta se ensanchó. Una niebla blanca comenzó a surgir de ella.
Bruno frunció el ceño.
—Esperaba que la oscuridad fuera... más oscura.
Nébiro lo miró.
—La oscuridad todavía necesita que exista la luz.
Bruno dejó de bromear.
—El Vacío no quiere oscuridad —continuó Nébiro—. Quiere que no exista ninguna de las dos.
Lo que no siente
Misu miró las siete gemas. Seguían flotando. Pero sus luces comenzaban a debilitarse.
Primero la verde.
Después la azul.
Luego el rubí.
—¿Qué les ocurre?
Áurea se acercó. —Se están apagando.
Nébiro asintió. —El Vacío no destruye las emociones.
—¿Entonces qué hace?
—Las borra.
Misu recordó la antigua Piedra Negra.
—Como tú.
Nébiro negó lentamente. —No. Yo elegí dejar de sentir porque tenía miedo de sufrir.
Miró la grieta.
—El Vacío jamás ha sentido nada.
Un escalofrío recorrió a Misu.
—¿Está vivo?
Nébiro tardó en responder. —No lo sé.
El primer ataque
La niebla blanca alcanzó un árbol. Las hojas desaparecieron. No cayeron. No se quemaron. Simplemente dejaron de estar allí. Después desapareció una rama. Luego otra. El árbol entero se desvaneció.
Bruno retrocedió. —Creo que deberíamos correr.
Áurea se colocó junto a Luar. —No podemos moverlo.
Misu miró a su padre. Seguía respirando. Muy débilmente. —No voy a dejarlo.
Nébiro observó la niebla acercándose.
—Entonces moriremos todos.
Misu lo miró. —¿Tienes alguna idea mejor?
—Sí.
—¿Cuál?
—Huir.
Bruno levantó una pata.
—Por una vez estoy completamente de acuerdo con él.
Misu negó. —No.
—Misu... —Si el Vacío puede salir de este bosque, llegará hasta el pueblo.
Pensó en Clara.
—Y después seguirá avanzando.
Áurea comprendió. —Hasta que no quede nada.
Nébiro bajó la cabeza. —Eso es lo que quiere.
La voz sin voz
La niebla rodeó las gemas. Misu sintió algo extraño. No escuchó palabras. Pero una idea apareció dentro de su mente: **¿Por qué sentir?**
Misu se quedó inmóvil. —¿Lo habéis oído?
Áurea lo miró. —¿Qué?
Bruno negó.
Nébiro palideció. —No le respondas.
La idea regresó: *Sentir produce dolor.**
Misu pensó en Luar. Era cierto.
**Amar significa perder.**
Pensó en Clara. También era cierto.
**Desear significa sufrir.**
Recordó la segunda prueba.
**Tener miedo significa vivir huyendo.**
Recordó la primera. **La verdad hiere.**
Recordó la tercera. La niebla se acercó.
**Yo puedo liberarte de todo.**
Misu cerró los ojos. Durante un instante sintió paz.
Una paz absoluta:
Sin miedo.
Sin tristeza.
Sin preocupaciones.
Nada.
Era tentador. Mucho más de lo que había imaginado.
—Misu.
La voz de Áurea parecía muy lejana. —Misu, mírame. El gato abrió los ojos. Áurea estaba frente a él.
—Está entrando en ti.
Misu retrocedió.
El arma del Vacío
—No lucha —dijo Nébiro.
—¿Qué quieres decir?
—No necesita hacerlo.
El antiguo monstruo señaló las gemas.
—Te convence de que luchar no merece la pena.
La gema verde perdió casi toda su luz.
Misu dejó de sentir preocupación por Luar. Lo observó. *Si muere, muere.* Aquella idea apareció de repente. Misu se horrorizó. —¡No!
La gema volvió a iluminarse ligeramente. Después la niebla tocó el rubí. Misu sintió que ya no necesitaba proteger a nadie:*¿Para qué?* El rubí se apagó.
—¡Clara! —gritó Misu. Recordó su rostro. Sus caricias. La manera en que lo abrazaba. El rubí volvió a encenderse. Misu comprendió. —¡Tenemos que recordar!
Áurea lo miró. —¿Qué?
—Las gemas se apagan cuando olvidamos por qué sentimos.
Nébiro abrió mucho los ojos.
—Por eso necesita que dejemos de recordar.
Siete recuerdos
Misu corrió hacia la gema verde. —¡Compasión!
Pensó en el pequeño conejo atrapado entre las raíces. La gema verde se iluminó.
Corrió hacia la azul. —¡Sabiduría!. Recordó todo lo aprendido durante el viaje. La gema brilló.
Después la blanca. —¡Valor!
Recordó el miedo que había sentido al despedirse de Clara. Y cómo había salido de casa a pesar de él. La piedra blanca resplandeció.
Llegó al rubí. —¡Fortaleza!
Recordó que la verdadera fuerza no consistía en dominar a Bruno. Consistía en haber bajado la pata cuando podía golpearlo. El rubí recuperó su color.
La amatista. —¡Deseo de crecer!
Recordó que había salido de su pequeña casa para descubrir quién era. La piedra violeta despertó.
El ónix. Misu dudó. —¿Ira?
Áurea respondió: —Recuerda una injusticia.
Misu pensó en Nébiro cuando era cachorro. En el rechazo. En el abandono. Sintió indignación. Pero no odio. El ónix brilló.
Finalmente llegó a la gema que había sido negra: Dolor.
Misu miró a Luar. No quería hacerlo. —No puedo.
Áurea se acercó. —Sí puedes.
—Duele demasiado. —Lo sé.
Misu cerró los ojos. Recordó a su padre tocando su frente. *No repitas mi error.* Las lágrimas comenzaron a caer. —Papá... La gema se iluminó. No con una luz negra.
Sino plateada.
Las siete piedras brillaron.
La octava
Pero no era suficiente. La niebla continuaba avanzando.
Nébiro gritó: —¡Falta la octava!
Misu miró su pecho. —Conciencia.
—¡Tienes que despertarla!
—¿Cómo?
Nadie respondió. La niebla alcanzó sus patas. Misu dejó de sentirlas. Después comenzó a subir. Sus recuerdos empezaron a desaparecer: Clara. Por un instante no recordó su rostro. —¡No!
Intentó pensar: Cabello. Manos. Su voz. Nada. —¡CLARA!
La media luna de su frente parpadeó. Recordó una frase: *Vuelve siempre a casa.
* La luz transparente apareció. El Vacío retrocedió.
Misu comprendió. La conciencia no era simplemente saber quién era.
Era **recordar por qué elegía**. —Soy Misu.
La luz aumentó. —Tengo miedo. Más luz. —Me enfado. Las gemas comenzaron a girar.
—A veces deseo tener poder.
El rubí brilló.
—He mentido.
La gema azul respondió.
—He querido hacer daño.
El ónix se iluminó.
Áurea observaba en silencio.
Misu continuó: —He perdido a quienes quería.
La gema del dolor resplandeció.
—Y aun así... La media luna se convirtió en una pequeña estrella. —Elijo sentir. Las ocho luces se unieron.
El Vacío toma forma
La niebla retrocedió. Durante unos segundos pareció que habían vencido.
Bruno sonrió. —¿Ya está?
Nébiro negó. —No.
La tierra tembló. Toda la niebla comenzó a concentrarse. Una figura apareció. Era un gato. Completamente blanco. Sin ojos. Sin boca. Sin ninguna marca. Un cuerpo perfecto. Vacío.
Misu lo contempló. —¿Ese es...?
Nébiro susurró: —Sí.
El ser levantó la cabeza. No tenía boca. Pero todos escucharon su voz.
**YO NO SOY VUESTRO ENEMIGO.**
Bruno retrocedió. —Pues tienes una forma extraña de demostrarlo.
**YO SOY LA SOLUCIÓN.**
Misu se adelantó. —¿La solución a qué?
**AL SUFRIMIENTO.**
—El sufrimiento forma parte de la vida.
**POR ESO LA VIDA ES EL PROBLEMA.**
Todos quedaron en silencio. El Vacío levantó una pata. A su alrededor aparecieron imagines: Guerras. Abandono. Animales heridos. Humanos llorando. Soledad. Enfermedad. Pérdida.
**MIENTRAS EXISTA EL SENTIMIENTO, EXISTIRÁ EL DOLOR.**
Misu observó aquellas imágenes. No podía negar que fueran ciertas.
**YO PUEDO TERMINAR CON TODO.**
—¿Cómo?
El rostro blanco se volvió hacia él.
**TERMINANDO CON LA NECESIDAD DE SENTIR.**
La respuesta de Misu
Misu miró a Luar. Después a Áurea. A Bruno. Incluso a Nébiro. Todos habían sufrido. Todos habían cometido errores. Todos habían sentido miedo.
—Tienes razón en una cosa.
El Vacío permaneció inmóvil.
—Sentir duele.
La criatura extendió una pata.
**ENTONCES VEN.**
Misu no se movió. —Pero te equivocas en otra.
**¿CUÁL?**
Misu pensó en Clara. —El dolor no es todo lo que sentimos. La gema verde brilló. —También sentimos ternura.
La azul. —Curiosidad.
La blanca. —Esperanza.
El rubí. —Fuerza.
La amatista. —Ilusión.
El ónix. —Deseo de cambiar aquello que es injusto.
La gema plateada. —Y tristeza cuando algo importante termina.
La media luna resplandeció. —Porque fue importante.
El Vacío retrocedió. Por primera vez su cuerpo perfecto mostró una grieta.
Una pregunta imposible
El Vacío miró a Misu.
**¿ACEPTARÍAS TODO EL DOLOR DE TU VIDA SOLO POR CONSERVAR EL AMOR?**
Misu guardó silencio. Pensó en su madre. En su padre. En Clara. La pregunta era terrible. Entonces miró a Áurea. Ella lloraba. Miró a Bruno. Su amigo permanecía junto a él. Finalmente miró a Luar. Seguía respirando.
—Sí.
El Vacío tembló. **NO TE CREO.**
—Entonces mira. Misu cerró los ojos. Abrió completamente la octava gema.
No intentó expulsar al Vacío. No intentó destruirlo.
Le mostró todo. Sus miedos. Sus errores.
Su amor por Clara. El dolor por Selene. La alegría de haber encontrado a Luar.
La tristeza de creerlo perdido. La amistad inesperada con Bruno. El cariño de Áurea. Todo.
El Vacío recibió de golpe aquello que jamás había experimentado. **Sentimiento.** La criatura lanzó un grito. Cayó al suelo. Por primera vez apareció algo en su rostro. Dos ojos. Después una boca. Y finalmente... Una lágrima.
Nébiro quedó paralizado. —No puede ser.
El Vacío miró la lágrima que había caído al suelo.
—¿Qué... es esto? Ya no hablaba dentro de sus cabezas. Tenía voz. Una voz pequeña. Casi infantil.
Misu se acercó. —Estás sintiendo.
La criatura blanca miró sus propias patas. —Duele.
—Sí.
—Quiero que pare.
Misu se sentó frente a ella. —A veces tarda.
El Vacío levantó los ojos. —¿Y cómo se soporta?
Misu pensó en Clara. Después respondió: —No estando solo.
La criatura permaneció inmóvil. Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba. Desde detrás de ellos llegó una voz muy débil: —Buena respuesta.
Misu se volvió. Luar tenía los ojos abiertos.
—¡Padre! Corrió hacia él.
Luar intentó sonreír. —Te dije que eras mejor guardián que yo.
Misu apoyó su cabeza contra la de su padre.
Esta vez Luar no le pidió que se apartara.
La línea negra de su cuerpo había desaparecido.
Nébiro contempló la escena.
Áurea se acercó lentamente.
Bruno sonrió.
Pero el Vacío continuaba observándolos. Había descubierto el dolor. Ahora estaba descubriendo algo todavía más extraño.
Misu abrazaba a su padre. Áurea se apoyaba junto a ellos. Bruno fingía que no estaba emocionado. Incluso Nébiro permanecía cerca.
La criatura blanca preguntó: —¿Qué es eso?
Misu levantó la cabeza. —¿Qué?
—Eso que hace que permanezcáis juntos cuando podríais marcharos.
Misu sonrió. —Tiene muchos nombres.
—Dime uno.
Misu miró a quienes lo rodeaban.
Y respondió: —Amor.
El Vacío repitió lentamente: —Amor...
Por primera vez desde el principio de los tiempos, aquella palabra entró en un lugar donde nunca había existido nada. Y las ocho gemas iluminaron el Bosque Sin Sombra como si acabara de amanecer.