Capítulo 18
Hades
El pequeño despacho del estadio tiene una ventana que da al aparcamiento de las jugadoras.
Desde aquí se ven los coches que van llegando.
La moto de Iris, el monovolumen de Zoe y Tessa está justo al lado, con la sillita de Wes.
El de Mireya, tres plazas más allá, todavía con la pegatina del Aura Valley en la luna trasera.
Cierro los ojos y respiro hondo.
Abro el cajón inferior izquierdo del escritorio. El folio está doblado en cuatro, tal como lo dejé hace seis meses. Lo metí debajo de un cuaderno de planificación de la temporada para no verlo cada vez que abriese el cajón. Llevo medio año sabiendo que está ahí y, aun así, evitándolo.
Hoy lo saco y lo desdoblo con cuidado, alisando los pliegues con el pulgar.
El campo verde que pintó Wesley. Doce o trece figuras de palo, con colores chillones, amontonadas a la izquierda. Iris con una coleta amarilla enorme que le llega casi hasta el suelo. Mireya pintada de azul.
Y a la derecha del folio, separada del grupo por un enorme espacio en blanco, una sola figura de palo. Pintada de color negro.
Yo.
“Es que tú siempre estás sola” me dijo aquel día con esa inocencia que solo tienen los niños pequeños.
Llevo seis meses sin querer mirarlo.
Pero la mujer del dibujo ya no soy yo.
Lo fui durante muchos años, quizá por eso me pusieron el sobrenombre de Hades. Siempre con la pizarra debajo del brazo, siempre separada del grupo por un espacio en blanco que yo misma había creado.
Wesley lo vio con solo tres años.
Hoy ya no quiero ser esa figura solitaria.
***
El vestuario se ve diferente durante los Playoffs. Son las mismas jugadoras, los mismos colores en las camisetas, pero es distinto. Puedes notar la tensión en los pequeños gestos.
Mireya está sentada junto a su taquilla, ya con la camiseta puesta.
Lleva una cinta en la muñeca derecha sobre la pulsera trenzada.
El cuero negro, dos cuentas; una verde y una azul.
Zoe mete con disimulo un papel en la media derecha.
La gente no se da cuenta cuando lo ve por televisión, pero muchas de las jugadoras llevan algo que les dé suerte en los partidos decisivos.
—Sabéis que van a plantear un sistema muy defensivo y jugarán al contragolpe.
Es muy importante que estemos muy concentradas —les recuerdo—.
Iris, no vas a poder recibir un pase limpio en noventa minutos, así que asúmelo y no te frustres.
Si marcan primero, no nos volvemos locas.
Seguimos intentándolo. Un partido da para mucho y los goles llegan cuando llegan, pero para eso hay que seguir intentándolo.
—Buah, jefa, la rueda de prensa de hoy va a ser muy incómoda —masculla Iris entre dientes.
—La rueda de prensa es cosa mía. Vosotras tenéis que ganar el partido. Harán preguntas, eso ya lo sé, pero no es vuestro problema —añado, tratando de que se olviden del tema y se centren en el encuentro.
—Vale, jefa. Pues vamos a ganar para que la rueda de prensa sea de campeonas —dice, levantándose mientras da varias palmadas, animando al resto de las jugadoras.
***
El primer gol en contra llega en el minuto 38.
Lo cierto es que aguantamos mucho porque lo estamos haciendo de pena.
Ellas juegan encerradas atrás y aprovechan cualquier robo de balón para montar un contragolpe que nos deja en desventaja.
Llegan con velocidad, con nuestra defensa demasiado adelantada, Bennett no consigue cerrar el espacio y el balón se cuela por el palo izquierdo de Castillo.
Cero a uno.
Las veinticinco mil personas del estadio se quedan mudas durante un tiempo a pesar de los gestos desesperados de Iris pidiéndoles que animen.
El equipo rival no se detiene mucho en la celebración.
Continúan jugando con el mismo sistema, cerradas, con continuas faltas en el medio campo que desesperan a Zoe y a Jade.
Incluso hacen un par de cambios defensivos.
Levanto los tres dedos hacia el palco. No es el mejor momento, pero lo necesito.
Iris junta al equipo en el círculo central durante los pocos segundos que tarda el balón en volver a ponerse en juego. No escucho lo que dice, pero cuando empieza a rodar, pelean con más ganas.
Minuto 45+2. Córner desde la derecha. Mireya lo saca cerrado al primer palo. Iris vuela y remata de cabeza libre de marca. Dentro.
Uno a uno.
Iris corre a la banda y se besa el escudo frente a la grada norte. Mireya enseña la pulsera a la cámara de televisión.
Pitido del descanso.
Hoy apenas corrijo en el vestuario. Saben lo que tienen que hacer. Somos mejores, tenemos la posesión, dominamos el partido. Solo debemos tener cuidado en los contragolpes y las jugadas a balón parado.
Tessa pasa cerca de mí para mirar el tobillo de Castillo y me roza el hombro. No es un accidente, es solo Tessa dándome ánimos sin necesidad de palabras.
En el minuto 78 el equipo rival está cansado. Las piernas pesan después de jugar un partido tan defensivo. En la segunda parte las hemos hecho correr más, sus laterales ya no suben tanto.
En el minuto 89, Lucía corta un pase, Zoe recibe en el centro del campo, pasa a la banda, Mireya lo controla con la pierna izquierda y corre hacia la portería donde sus defensas ya se están organizando.
Levanta la cabeza y, por un momento, pienso que va a intentar jugárselo ella sola como hizo en el primer partido.
Iris entra en diagonal, Mireya lanza un balón alto, Iris no se entretiene en controlarlo, remata de volea y la pelota se cuela casi por la escuadra.
El público enloquece, las jugadoras persiguen a Iris, que corre hacia la grada norte, donde están nuestros aficionados más alborotadores, se quita la camiseta y la hace girar por encima de la cabeza.
Yo me llevo una mano a la frente. Ya tenía una tarjeta amarilla.
Tarjeta roja.
Fuera del campo.
—Buah, jefa, era solo para que los periodistas tengan algo distinto de que hablar. No creo que nos metan un gol ahora, ¿no?
—Iris, sal de mi vista. Ya hablaremos luego —gruño, señalando hacia el túnel de vestuarios con el dedo índice.
Por suerte, el pitido final llega unos minutos más tarde sin ninguna sorpresa.
***
Zoe levanta la copa a las nueve y veintidós minutos en el círculo central, con veinticinco mil espectadores todavía celebrando en las gradas.
Las jugadoras cantan, bailan, se empujan, saltan unas encima de las otras o se hacen fotos. Yo me acerco a ellas, pero me quedo al margen. Es su momento. Solo sonrío mientras acaricio con disimulo el dibujo de Wesley.
Más tarde, el vestuario es una locura. Música a todo volumen, bromas, vídeos para las redes sociales. Iris repartiendo champán en vasos de plástico, Carter cantando algo que no entiendo.
Mireya se levanta al verme entrar y me abraza con fuerza.
—Lo conseguimos —susurra a mi oído antes de besarme.
—Buah, que corra el aire, jefa, que a las demás nos da un poco de vergüenza vuestro numerito —escucho a mi espalda.
—Me voy a la rueda de prensa. Iris, tienes que ir a la zona mixta como MVP del partido, así que solo te pido que llegues sobria, por favor —le recuerdo cuando estoy saliendo del vestuario.
—Jefa, a por ellos. No dejes que te intimiden, tú ponles esa mirada asesina que tienes, que das mucho miedo —grita, señalándome con las dos manos.
***
Hay treinta y tres periodistas en la sala. Prefiero contarlos porque de ese modo no pienso en las preguntas que me esperan.
La directora de comunicación del club, Sarah Collins, se sienta a mi lado, la conozco desde hace ocho años y es consciente de que estamos a punto de tener una rueda de prensa muy incómoda a pesar de haber ganado.
Cinco minutos de preguntas técnicas. La importancia del córner del 1-1, la decisión de mantener a Mireya en la banda derecha en vez de ponerla de punta. La tarjeta roja a Iris por quitarse la camiseta cuando ya tenía una amarilla.
Y entonces levanta la mano un periodista de cuarenta y pico que reconozco vagamente. Está sentado en la cuarta fila, con la libreta sobre la rodilla derecha.
Sarah me mira un segundo, como diciéndome, “aquí llegan las malas noticias”.
—Entrenadora, se han publicado fotos que muestran una posible relación con la jugadora Mireya Guerrero. Hoy ha sido titular en el partido más importante de la temporada mientras Nika Wallace se quedaba en el banquillo. ¿Algún comentario sobre eso?
Sarah abre la boca para intervenir, pero la detengo con un gesto.
Respiro hondo y me llevo la mano al bolsillo, al dibujo de Wesley que tengo doblado en cuatro.
—Mireya Guerrero es titular de este equipo desde marzo.
Antes de estar en este equipo era una pieza clave en el Aura Valley y es convocada de manera habitual con la Selección nacional.
Lleva ocho goles esta temporada y diez asistencias, dos de ellas hoy mismo.
Esa es la información profesional que se necesita saber, no nuestra vida privada.
—Pero una relación entre la entrenadora y una jugadora… —insiste uno de los periodistas.
Le corto.
—Ambas somos mayores de edad y tanto el club como el sindicato de jugadoras han aceptado una serie de medidas para asegurarse de que mis decisiones son profesionales. Los resultados de mi trabajo están ahí, mi vida privada es mía.
Lo digo más borde de lo que sería necesario, sobre todo, teniendo en cuenta que ahora mismo deberíamos estar celebrando que hemos ganado los Playoffs.
Por suerte, Iris ha llegado ya a la zona mixta y la prensa sabe que siempre les da algún titular jugoso para publicar al día siguiente y no insisten.
Al salir, apoyo la espalda contra la pared del pasillo y cierro los ojos.
—Ha ido bastante bien dentro de lo que cabe —dice Zoe, acercándose a mí.
—Sí —suspiro, abriendo los ojos—. Bastante bien.