El fuego tiene memoria (Birdsong Hills 2) 20
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Joanie

El motor de la moto ronronea bajo nosotras mientras dejamos atrás las luces de La Espuela de Plata.

El frío del invierno australiano me azota la cara, pero el calor que arde en mi interior lo anula todo.

Voy abrazada a la cintura de Maddie, con las manos firmemente apoyadas en su abdomen, y cada curva del camino hace que mi cuerpo se pegue más al suyo.

Apenas hemos cruzado palabra desde que salimos del bar, pero la tensión entre nosotras es palpable, eléctrica.

Aparca frente a una de las cabañas que suelen estar libres, la más apartada de Birdsong Hills.

Apaga el motor y se gira hacia mí. Sus ojos brillan en la penumbra con una intensidad que me acelera el pulso.

En cuanto se baja de la moto, me coge de la mano y me lleva dentro, cerrando la puerta tras nosotras.

En cuanto nos quedamos a solas, me empuja contra la pared de madera y me besa con hambre acumulada.

Su boca devora la mía, y mis manos se clavan en su camisa, tirando de la tela como si quisiera arrancársela.

—Joder, Maddie… —murmuro contra sus labios, con la voz entrecortada.

Ella no dice nada. Me desnuda poco a poco, revelando mi piel y mi sujetador negro.

Sus palmas cubren mis pechos, pesados y cálidos, pellizcando los pezones que se endurecen al instante bajo sus pulgares.

Gimo y me arqueo hacia ella, antes de que me lleve hasta la cama que ocupa el centro de la habitación.

Me tumba sobre las sábanas y se coloca encima, besando cada centímetro de piel que queda al descubierto.

Después, Maddie me quita los vaqueros, deslizándolos por mis caderas anchas y mis piernas largas.

Llevo unas braguitas negras a juego, ya húmedas en la entrepierna.

Se arrodilla entre mis muslos abiertos y pasa las manos por el interior de ellos, haciendo que tiemble.

Mi coño ya está hinchado y ansioso, y Maddie desliza un dedo por encima, presionando justo donde más lo necesito.

—Estás empapada —susurra.

Asiento, mordiéndome el labio inferior. Mis caderas se mueven buscando más fricción. Maddison Strong es una un delicioso oasis cuando está delante de mí. Me baja las braguitas lentamente, revelando mi sexo, brillante por mi excitación. El aire frío roza mi piel húmeda y me estremezco.

Maddie se quita la camisa y el sujetador con rapidez, quedándose desnuda de cintura para arriba. Sus pechos, más pequeños y firmes, se ven tensos por la excitación. Baja la cabeza y besa el interior de mis muslos, mordisqueando la piel sensible. Enredo los dedos en su pelo, tirando suavemente.

—Por favor… —suplico, con la voz temblorosa.

Levanta la vista y me mira directamente a los ojos, con una sonrisa depredadora que me derrite por completo.

Separa mis labios con los pulgares y pasa la lengua desde mi entrada húmeda hasta el clítoris en un lametón largo y lento.

El placer es tan intenso que suelto un gemido largo y profundo, arqueando la espalda.

Se concentra en mi clítoris, rodeándolo con la lengua, succionándolo entre sus labios.

Después, introduce dos dedos en mi coño, que se contrae alrededor de ellos, y los mueve en un ritmo constante.

—Dios, Maddie… me vuelves loca —jadeo, con las caderas moviéndose contra ella.

Chupa mis labios menores, tirando de ellos con suavidad, y después, acelera el movimiento de los dedos, follándome mientras su lengua azota mi clítoris sin piedad.

Tiemblo, mis muslos se cierran alrededor de su cabeza, y cuando llega el orgasmo, grito su nombre con la voz rota.

Pero Maddie no me da tregua. Mientras aún tiemblo por el clímax, se incorpora y se quita los vaqueros y las braguitas de un tirón.

Su coño está empapado cuando se coloca a horcajadas sobre mi cara, bajando lentamente hasta que su sexo queda justo encima de mi boca.

—Cómemelo. Quiero sentir esa lengua dentro de mí.

No dudo ni un segundo. Agarro sus nalgas, las separo y paso la lengua de abajo arriba, recogiendo toda su humedad.

Maddie gime alto cuando succiono su clítoris con fuerza e introduzco la lengua en su entrada todo lo que puedo.

Ella se balancea contra mi cara, follándose mi boca con movimientos desesperados, bajando más el peso para que mi nariz presione contra su clítoris.

Poco a poco siento cómo se tensa, sus muslos tiemblan y explota contra mi boca, inundándome con sus jugos mientras grita mi nombre. Sigo lamiendo, recogiendo hasta la última gota, prolongando su placer.

Después, se gira y su lengua encuentra mi sexo.

Las dos nos devoramos al mismo tiempo. Chupo sus labios hinchados, pero ahora introduzco los dedos en su coño empapado y froto su clítoris con la lengua.

Ella hace lo mismo conmigo, succionando mi botón sensible mientras sus dedos me penetran con fuerza.

El placer es abrumador. Nuestros gemidos se mezclan y otro orgasmo se construye dentro de mí, más intenso. Nos corremos casi al mismo tiempo, gritando contra el sexo de la otra, inundándonos mutuamente.

Cuando se tumba, Maddie me atrae hacia sí y nos besamos. Sus dedos vuelven a bajar entre mis piernas, acariciando mi coño. Yo hago lo mismo con ella, y nos masturbamos mutuamente con movimientos lentos y profundos, mirándonos a los ojos.

Echo la cabeza hacia atrás y ella muerde mi cuello.

El placer sube de nuevo y nos corremos otra vez, gritando, temblando, empapando las sábanas.

Sus dedos pasan por mi coño todavía palpitante, recogiendo restos de humedad y llevándoselos a la boca.

Nos besamos perezosamente, mientras el sudor se enfría sobre nuestra piel.

—Nunca había sentido algo así —confieso, trazando círculos en su pecho.

Maddison Strong me sonríe como nunca.

Mi último pensamiento antes de cerrar los ojos es darme cuenta de que estoy completamente perdida por ella, y su cuerpo, su placer y su entrega son ahora mi adicción más dulce y peligrosa.