El fuego tiene memoria (Birdsong Hills 2) 15
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Maddie

La beso con fuerza, casi con desesperación, y mis manos ya están dentro de su ropa, apretando su cintura contra la mía.

Joanie gime contra mi boca, un sonido ronco que me enciende todavía más.

El beso que ella ha iniciado se ha vuelto salvaje en cuestión de segundos y no sé cómo hemos acabado en esta cama improvisada, con ella tumbada de espaldas, y yo encima, entre sus piernas, con la chaqueta abierta y la camiseta subida mientras ella acaricia mi piel caliente.

—Joder, Maddie… —jadea ella cuando la vuelvo a besar y meto la mano entre sus pantalones para encontrar su coño empapado.

Joanie arquea la espalda, clavando los dedos en mis hombros. Su respiración sale en nubes blancas visibles en la noche. Muevo mi mano rápido, sin piedad, mezclando mis propios gemidos con los suyos.

—No se te ocurra parar… por favor.

Me inclino y muerdo su cuello, justo por encima del borde de la ropa que todavía lleva puesta, succionando la piel mientras mi pulgar frota su clítoris hinchado en círculos rápidos.

Está temblando, no sé si de placer o de frío, pero no para de hacerlo.

Joanie empuja sus caderas contra mi mano, follándose mis dedos con la misma que yo busco sus labios, antes de recorrer la línea de su mandíbula entre besos.

—Y a ti no se te ocurra dejar de moverte así… —gruño contra su oreja, acelerando el ritmo. Mis dedos entran y salen, golpeando dentro de ella. Siento cómo sus paredes se contraen alrededor de mí, cómo se moja todavía más, empapándome por completo.

Joanie echa la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados y la boca abierta. Su aliento caliente contrasta con el aire gélido mientras noto cómo está a punto de llegar al orgasmo.

Pero yo quiero más. Retiro los dedos y ella protesta con un gemido frustrado.

Me bajo un poco, abriéndole más las piernas y bajando el pantalón lo justo para poder encontrar su coño con mi lengua.

Está caliente, mojada, con un sabor delicioso que me vuelve más adicta de lo que ya me tenía.

Chupo su clítoris, metiendo la lengua dentro de ella, follándola con la boca mientras mis manos aprietan sus muslos.

Joanie se retuerce sobre la manta, clavando los talones en el suelo.

—¡Ah! ¡Mierda! —grita, y su voz se pierde en la inmensidad de la noche.

La como con hambre, sin delicadeza. Mi nariz roza su clítoris mientras mi lengua entra una y otra vez dentro de ella. Joanie agarra mi pelo, tirando de él, empujándome más contra su sexo. Sus caderas se mueven descontroladas contra mi cara, y ya siento sus jugos corriendo por mi barbilla.

—Vas a hacer que me corra… joder, Maddie, voy a correrme —avisa entre jadeos.

Aumento la velocidad y Joanie se tensa entera, sus muslos tiemblan alrededor de mi cabeza.

—¡Sí! ¡Así! ¡No pares! —grita.

Y se corre con violencia. Su coño se contrae y me empapa de inmediato. Todo su cuerpo se sacude sobre la manta, y un gemido largo y ronco sale de su garganta.

En cuanto su respiración se calma un poco, me incorporo y la beso para que pruebe su sabor. Está despeinada, con las mejillas rojas y los labios hinchados. Hermosa. Salvaje. Y completamente mía.

—Date la vuelta —le ordeno.

Joanie se pone a cuatro patas sobre la manta, con los vaqueros todavía bajados, y el culo expuesto al frío. Me coloco detrás de ella y la busco de nuevo con mis dedos.

Entro de un solo empujón, hasta el fondo. Joanie suelta un grito ahogado y agarra la manta con los puños. Empiezo a moverme con fuerza. Cada embestida es profunda, brutal. Agarro su pelo con una mano, tirando de su cabeza hacia atrás mientras la penetro sin piedad.

—Joder… qué bien te sientes —gruño, acelerando el ritmo.

Joanie gime con cada embestida. Su cuerpo se mueve hacia delante y hacia atrás, recibiéndome por completo. Siento cómo se abre para mí, cómo su coño se traga mis dedos una y otra vez. Con la mano libre alcanzo su clítoris y lo froto sin pensármelo dos veces.

—¡Maddie! ¡Es demasiado! —jadea.

Pero no me detengo. La penetro más rápido, más profundo, golpeando su punto G. El frío hace que su piel esté helada en las zonas expuestas, pero entre sus piernas está ardiendo.

—Dime que te gusta —exijo, tirando más fuerte de su pelo.

—Me gusta… me gusta mucho… ¡ah! —responde entre gemidos.

Mi mano choca contra ella, una y otra vez. Joanie se derrumba un poco, apoyando los antebrazos en la manta, con el culo levantado para mí. Cambio el ángulo y entro todavía más profundo.

—¡Para! ¡Maddie, para un segundo! —suplica de pronto.

Pero yo sigo, frotando su interior.

—¿Quieres que pare? —pregunto, sin dejar de moverme.

—¡Sí! ¡No! ¡Joder, es que es… demasiado! —suplica, temblando por completo.

Sonrío con malicia y acelero el ritmo de nuevo. Joanie entierra la cara en la manta, ahogando un grito largo mientras se corre por segunda vez.

Cuando termina, se deja caer sobre la manta, respirando agitada. Yo me aparto y me tumbo a su lado.

—¿Te ha gustado? —pregunto, besándola con hambre.

Ella me devuelve el beso, mordiéndome el labio inferior y sus manos bajan por mi cuerpo, buscando dentro de mis vaqueros.

—¿Esto te da mi respuesta?

Me abre el pantalón y mete la mano, encontrándome empapada. Dos de sus dedos entran sin aviso, follándome con fuerza. Gimo alto, agarrándome a sus hombros. Joanie me besa el cuello mientras su mano se mueve rápido, curvando los dedos dentro de mí.

—Quiero que te corras —susurra contra mi piel.

Muevo las caderas contra ella y añado mi propia mano, frotando mi clítoris mientras ella me penetra. El placer sube rápido.

—Más adentro —pido, jadeando. Y cuando profundiza sus movimientos, noto cómo empiezo a temblar—. Voy a correrme —aviso.

—Hazlo —me ordena, mordiéndome el hombro.

Exploto con un gemido gutural. Mi coño se contrae alrededor de sus dedos. Ella sigue moviéndose, prolongando el orgasmo hasta que me derrumbo contra ella, exhausta.

Nos quedamos abrazadas, recuperando el aliento. El cielo estrellado nos cubre. El viento frío susurra entre los arbustos, pero entre nosotras el calor es intenso.

—No puedo creer que hayamos hecho esto aquí —dice Joanie, riendo bajito, aún con la voz entrecortada.

—Te dije que te enseñaría algo —respondo, besando su frente—. Y la noche todavía no ha terminado.

Ella levanta la cabeza y me mira, con los ojos brillantes.

—¿Ah, no? Pues en algún momento vas a tener que llevarme a casa…, aunque ahora mismo no quiero moverme.

La beso otra vez, más suave esta vez, pero con la misma hambre de fondo. Mis manos recorren su cuerpo por debajo de la ropa, tocando su piel caliente. Ella responde, acariciándome el pecho, bajando por mi abdomen.

—Quiero probarte —murmura contra mi boca.

Me quedo semi desnuda, abriéndome para ella.

Joanie baja por mi cuerpo, besando la piel que va quedando al descubierto.

Su boca llega a mi coño y lame con lentitud al principio, saboreándome.

Gimo y abro más las piernas. Ella introduce la lengua, follándome con ella mientras su nariz roza mi clítoris.

—Joder … qué bien lo haces —gruño, agarrando su pelo.

Ella aumenta el ritmo, chupando y lamiendo con dedicación. El placer sube otra vez, rápido e intenso. Me come con hambre y me corro otra vez, más fuerte, gritando su nombre al viento del Outback.

La atraigo hacia arriba y la beso, probándome en sus labios.

—Esto no era el plan —susurro, acariciando su espalda.

—Contigo nunca hay plan que valga —responde ella, sonriendo contra mi cuello—. Y eso es lo que más me gusta de ti.