El fuego tiene memoria (Birdsong Hills 2) 4 #2
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Me planto frente a ella, cruzándome de brazos para mantener las distancias.

—Los cotilleos ya han llegado al pueblo.

Su sonrisa cambia de inmediato. No desaparece, pero se tiñe de un triunfo triste, como si supiera que la realidad terminaría dándome el bofetón.

—¿Ahora sí me crees?

—He oído lo de la venta. Pero me reitero: tu propuesta no me hace ninguna gracia —admito a regañadientes.

Maddie imita mi postura de forma inconsciente, cruzando también los brazos sobre el pecho.

—Nunca pretendí que fuera un chiste. No juego con estas cosas.

—Lo sé. Pero viniendo de ti, pensé que era otra de tus típicas excusas para llamar mi atención.

«Después de todo, hasta te ligaste a Camila».

—Ojalá —suelta un suspiro—. Pero mi madre habla completamente en serio. Tiene los borradores del contrato de Southern Horizon sobre su escritorio, y si las cosas no cambian en estos tres meses… va a estampar su firma. Lo tiene decidido.

—¿Y no hay otra puta manera de razonar con ella? —pregunto, frustrada—. Hablar con los abogados, presentarle los planes de Camila, ofrecerle comprar los terrenos entre todas…

Maddie suelta una carcajada.

—¿Tú has visto a mi madre perder alguna vez? Lleva años intentando moldearme para meterme en una alta sociedad donde yo no encajo. Se ha cansado de las habladurías sobre mí, y que yo haya heredado esas tierras no sirve de nada, porque lo va a usar para atarme en corto.

—¿Y por qué ensañarse con eso? —inquiero.

—Porque es un tiburón de los negocios y sabe perfectamente cómo hacer daño —afirma ella—. Sabe que esa ampliación es el pulmón que Birdsong Hills necesita. Es una jugada maestra. Y a mí no se me ocurrió otra cosa para intentar paralizar sus planes. Lo siento.

Las dos visualizamos el mismo panorama desolador. Me paso una mano por la nuca, sintiéndome repentinamente agotada.

—Esto es un desastre —murmuro, mirándola con reproche—. Yo no quiero fingir que tengo una relación contigo. No quiero volver a meterme en estos dramas. Y, desde luego, aborrezco la idea de que todo Willow Creek empiece a hablar de nosotras.

—Oye, lamento informarte de que el pueblo va a cotillear de todas formas. Está en su ADN.

Vuelvo a guardar silencio, librando una batalla campal en mi interior.

Por mucho que mi instinto de supervivencia me grite que huya de Maddie Strong a toda velocidad, hay algo que pesa mil veces más que mi orgullo: Birdsong Hills.

Este lugar me recogió y me dio una familia cuando sentía que el mundo se me caía encima.

Aquí aprendí a lamer el polvo tras los fracasos y aquí trabaja la gente que adoro.

No voy a quedarme cruzada de brazos viendo cómo una ricachona destruye nuestro futuro desde su casoplón.

Cierro los ojos un segundo, inspiro y, al abrirlos, la decisión ya está tomada.

—De acuerdo —suelto.

Maddie parpadea dos veces, completamente descolocada.

—¿Qué?

—Que acepto el trato —confirmo, clavándole la mirada—. Pero no lances las campanas al vuelo todavía.

Su expresión se tensa notablemente.

—Esto va a ser una simple farsa, Maddison —pronuncio su nombre completo adrede para marcar la línea—.

Solo actuaremos cuando haya testigos. Delante de cualquier vecino chismoso que pueda llevarle el cuento a tu madre; porque también habrá más de uno que lo criticará —añade—.

Pero en privado…, cada una irá por su lado.

No me liarás. Y ni se te ocurrirá mencionar bajo ningún concepto lo que pasó entre nosotras. ¿Ha quedado claro?

Maddie baja la vista un segundo. El tiempo justo para que a mí también se me encienda la memoria con el recuerdo.

—Nunca —responde ella—. Te doy mi palabra de que no volveré a sacar ese tema. Lo prometo.

La estudio minuciosamente, buscando cualquier atisbo de falsedad en sus facciones. Al menos, esta vez se está jugando el cuello.

—Bien —extiendo la mano entre las dos—. Tenemos trato.

Mira mis dedos durante unos segundos. Al final, adelanta la suya y me la estrecha.

Tiene la piel helada; la mía no está mucho mejor.

El contacto apenas dura un par de segundos, pero es suficiente para que una corriente me suba por el brazo y me despierte sensaciones que creía perfectamente anestesiadas.

Rompo el agarre de inmediato, dando un paso atrás.

—A partir de este segundo, solo somos pareja con espectadores.

—Entendido —asiente ella, aunque sus ojos oscuros retienen los míos un instante—. Fuera de los focos, cada una a sus asuntos.

Asiento con la cabeza, aunque el nudo del pecho se me aprieta un poco más. Tengo que salir de aquí antes de que la tensión me haga decir alguna tontería.

—Joanie —me frena.

Me detengo en seco, pero me niego a darme la vuelta.

—Gracias. De verdad. Significa mucho para mí. Y lo significará para el resto cuando lo sepan.

«Ya verás tú cuando se lo cuente a Darana.»

Me quedo inmóvil unos segundos. Una parte de mí sigue convencida de que acabo de cometer la mayor estupidez de mi existencia y que voy a terminar quemándome. La otra, solo espera haber reaccionado a tiempo para salvar Birdsong Hills.