El fuego tiene memoria (Birdsong Hills 2) 2 #2
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—¿De verdad me has hecho venir aquí solo para darme un mitin sobre mis dotes de canto?

—Te he hecho venir porque estoy harta de que el apellido Strong sea el chisme de la semana en Willow Creek. Los escándalos espantan a los inversores y dañan los negocios de la propiedad.

Mi sonrisa se evapora al instante.

—No he cometido ningún delito. Hago mi trabajo, pago mis propis facturas, incluso Drana y yo vamos a ampliar la hacienda. No creo que le deba nada a nadie.

—Me parece muy bien que hayas decidido buscarte la vida de otra manera. Que quieras ensuciarte las manos con esos caballos —responde ella—. Pero de ahí, a sabotear tu reputación un día sí y otro también con tus jueguecitos y una inmadurez que salpica a esta familia… No, no lo voy a conseguir.

—Qué drama, por favor.

—Soy realista. Te niegas a asumir cualquier responsabilidad.

Bebo un trago de café para quemarme la lengua y no soltar una burrada. Después, noto el líquido amargo bajar por mi garganta mientras sostengo su mirada.

—Ya sabes cuáles son mis planes, creo que a responsable no me ganada nadie. ¿Has terminado ya con el sermón?

—En absoluto.

Mi madre deja la cucharilla en el plato y junta las manos.

—He tomado una decisión. Y no vas a hacer nada con esa hacienda —anuncia. Mi estómago se contrae de inmediato—. Los terrenos del lindero oeste van a dejar de pertenecer a la familia de aquí a unos tres meses, cuando se hagan todas las inspecciones.

Casi me atraganto con el último sorbo de café.

—¿Qué? ¿De qué estás hablando?

—Me has oído perfectamente.

—Esos terrenos me corresponden a mí. Lo dejamos cerrado con los abogados hace semanas.

—Eran… tuyos —me corrige con frialdad—. Te recuerdo que había una cláusula que podía activar si lo veía necesario. He iniciado los trámites y las conversaciones con Southern Horizon Resorts.

La sangre se me congela. Sé perfectamente quiénes son: una multinacional que se dedica a comprar terrenos agrícolas a bajo precio para plantar macrocomplejos turísticos.

—No puedes hablar en serio, mamá.

—Nunca bromeo con el patrimonio.

Me incorporo en la silla, apoyando las palmas en la mesa y sintiendo cómo la sangre me empieza a hervir.

—¿Vas a vender las hectáreas que lindan directamente con Birdsong Hills? ¿Sabes lo que eso supondría para Darana? ¿Para mí?

—No es mi problema lo que le ocurra a ese lugar.

—¡Sí lo es! —exclamo, alzando la voz más de la cuenta—.

Darana necesita esa franja de terreno para ampliar los pastos y ya teníamos un trato apalabrado.

Camila ha diseñado un plan de gestión sostenible para el arroyo y las zonas cercanas.

Ethan y Kira tienen listos los informes de impacto ambiental.

Contamos con esa ampliación para que la zona crezca de forma ecológica.

Si metes hormigón ahí, vamos a joder todo el entorno.

Por no hablar de lo que ocurrirá con el turismo.

—Sigues sin entender el asunto —me interrumpe mi madre, sin alterar un ápice su tono de voz—. Mi único problema real eres tú.

Aprieto los puños, clavándome las uñas.

—¿Ah, sí? ¿Y qué tengo que ver yo con un puto macrocomplejo?

—Estoy cansada de esperar a que mi única hija se comporte como una adulta. No pienso delegar el control de una parte tan estratégica del patrimonio en alguien incapaz de mantener la estabilidad en su vida. Alguien que no se toma nada en serio.

Suelto una carcajada.

—¿Me estás diciendo que el destino de las tierras del valle depende de con quién me acueste? ¿Desde cuándo mi vida privada decide si soy apta para gestionar la propiedad?

—Desde que tu inmadurez afecta al nombre de la familia. Conviertes cada aventura amorosa en un espectáculo público para el pueblo, y eso no lo voy a tolerar.

Esto no me puede estar pasando. Esto NO ME PUEDE ESTAR PASANDO. El riego se me debe haber cortado de golpe, porque sin pensar… suelto:

—¡Pero es que ya no tengo ninguna aventura con nadie! Estoy saliendo con Joanie desde hace semanas y de eso ni te has enterado.

«Ay madre, qué acabo de hacer.»

Mi madre se queda estática, incluso más seria que antes.

Me da a mí que no se ha creído ni una sola de mis palabras.

Durante años pensé que le molestaba que también me gustaran las mujeres.

Con el tiempo entendí que era mucho peor: le traía sin cuidado mi orientación; lo que no soportaba era no poder controlar lo que hacía al salir de esta casa.

—Escúchame bien, Maddison —sentencia, cruzándose de brazos y después sonríe—.

Si de aquí a esos tres meses me demuestras que de verdad te importa el apellido Strong.

Que eres una mujer sensata, y que el pueblo va a dejar de hablar de ti…

romperé el precontrato con la constructora y las tierras serán tuyas.

—¿Y si no lo hago?

No duda ni medio segundo.

—Lo sabes muy bien.

El silencio que se instala en el comedor es asfixiante. Tres meses. Tres malditos meses para obrar un milagro. Me levanto bruscamente, haciendo que las patas de la silla chirríen contra el suelo y agarro el casco.

—Esto es un chantaje intolerable, mamá.

—Es una lección. Llámalo como quieras.

Niego con la cabeza, incapaz de seguir mirándola.

—¿Adónde vas? —pregunta a mi espalda.

—A respirar aire fresco antes de decir algo de lo que termine arrepintiéndome.

Salgo dando un portazo que hace vibrar las ventanas. El viento del exterior me golpea como una bofetada de realidad. Me subo a la moto, arranco y acelero a fondo por el camino de tierra, levantando la polvareda entre las acacias.

Maldita sea. Me importa una mierda la herencia, podría marcharme mañana mismo y empezar de cero en cualquier parte.

Pero esos terrenos… Aprieto el acelerador.

Esas hectáreas son vitales para Birdsong Hills.

Darana lleva años haciendo encajes de bolillos para conseguir ganarse un nombre.

Y en los últimos meses, Camila se ha dejado las pestañas diseñando las ampliaciones y los estudios.

Si mi madre vende, el proyecto se irá a la porra y el complejo turístico todo.

La pregunta del millón es cómo narices voy a detener a mi madre.

Quiere una hija modélica. Quiere que Willow Creek deje de verme como la mujer que se divierte bailando encima de una barra.

Suelto un bufido de frustración dentro del casco mientras tomo la curva hacia el pueblo. Necesito hablar con Joanie. ¿Yo? ¿En una relación con ella? Joanie es la única mujer en todo el jodido valle que jamás aceptaría una propuesta tan descabellada.

Y precisamente por eso… es la única persona a la que mi madre se creería sin dudar.