Las muertes #5
El excelente, brillante administrador, ferviente patriota, devoto de su ciudad y leal al régimen ve crecer la hostilidad, la infamia de la discriminación y las medidas antisemitas; ve a sus hijos expulsados de los centros escolares públicos, a sus colegas despedidos de la administración pública, a sus familiares excluidos de clubes y asociaciones; ve morir a sus amigos Balbo y Nello Quilici en el trágico accidente aéreo de Tobruk, y cómo se hacen pedazos con ellos sus últimas esperanzas.
Desde entonces, a Renzo Ravenna le toca ser testigo también de la persecución y de la violencia que se esparcen por toda Italia, de la represión antisemita de la RSI, de las palizas a judíos en las grandes ciudades, del saqueo de comercios en Bengasi, del abofeteamiento público de Leone Leoni, el anciano rabino de Ferrara; asiste impotente a los actos vandálicos, a los incendios, a las detenciones, a las redadas y a la fugas del otoño de 1943 en la capital; presencia inerme cómo su ciudad es bombardeada, obligándolo a huir al campo.
Por último, los acontecimientos se precipitan, mientras las familias de sus parientes buscan desesperadamente una salida.
Lo ve todo, pero permanece en su puesto, ayudando a sus correligionarios lo mejor que puede.
Renzo Ravenna, a despecho de todo, permanece en su puesto hasta que la mañana del 20 de octubre de 1943 le llega un mensaje.
Se lo traen de Ferrara: el día anterior, una mujer se lo había entregado a un empleado de la estación de tren a través de la rejilla del vagón de ganado donde viajaba hacinada con su marido y su hija de diecisiete años, durante las horas de descanso antes de que el tren partiera hacia Polonia.
Unas palabras que dejaron a Renzo sin aliento: «Diga al abogado Ravenna que huya.
Soy su hermana Alba». El convoy se dirigía a los campos de exterminio.
Empieza así para Renzo y su familia «el viaje en la más densa oscuridad».
La noche del 19 de noviembre de 1943, escoltados por contrabandistas y retenidos durante días por los aduaneros, la esposa y los hijos del antiguo podestá fascista de Ferrara consiguen salvarse cruzando la frontera italosuiza en Cully-Riex, una pequeña localidad a orillas del lago Lemán.
Pero la historia de Renzo Ravenna no tiene un final feliz.
En absoluto. Tras la guerra, de la familia de Ravenna, además de él y sus hijos, solo han sobrevivido un cuñado y dos sobrinos.
Todos los demás han sido aniquilados en campos de concentración nazis por los aliados del régimen en el que él había creído y al que había servido durante gran parte de su vida.
De regreso a Ferrara, exonerado en dos distintos expedientes de depuración por su pasado fascista, Ravenna rechaza cualquier cargo público y vuelve a su profesión de siempre: la abogacía.
Los ferrarenses le reconocieron «el mérito de haber amado su ciudad y haber dedicado gran parte de su vida a embellecerla aún más».
Muere de un infarto en octubre de 1961. Descansa en el cementerio judío de Ferrara, en via delle Vigne.
C ESARE R OSSI Pescia, 21 de septiembre de 1887 – Roma, 9 de agosto de 1967
¿Qué fue de Cesare Rossi, el sindicalista revolucionario de ojos redondos y profundas entradas, el socialista toscano que se unió al frente intervencionista en 1914, el periodista incendiario de bigotes altos bajo la nariz respingona?
¿Qué destino corrió el fascista de primera hora, el más cercano colaborador de Mussolini, su único consejero fiel durante los años de su violenta toma del poder?
¿Qué fue del secretario de prensa del primer ministro, el organizador de la checa fascista, que en 1924 se convirtió en cómplice del asesinato de Matteotti para servir a su Duce?
Muy sencillo. Fue sacrificado como chivo expiatorio.
«Abandonado, denunciado, calumniado, aislado por orden de Mussolini», antes de entregarse a la policía tuvo el valor de acusar a su jefe del asesinato en un memorial publicado en el periódico Il Mondo , dirigido por Giovanni Amendola.
El suicidio político de un hombre sagaz.
Absuelto durante la instrucción preliminar y puesto en libertad, se ocultó en Francia, donde hizo alarde de su antifascismo en otros periódicos.
Desde entonces, pasa toda la vida exculpándose.
Atraído por Bocchini en agosto de 1928 mediante un engaño a Campione d’Italia, una pequeña franja de territorio italiano en Suiza, es arrestado, secuestrado y devuelto clandestinamente a su país en un baúl. El Tribunal especial le impone una condena de treinta años de prisión.
Durante doce años, suplica al Duce que se le reduzca la condena.
En 1940, es confinado en Ponza. No abandona la isla hasta 1942, cuando se le concede la libertad condicional con la orden de residir en Sorrento.
Tras la caída del régimen en julio de 1943, consigue llegar azarosamente a Nápoles y aguarda la liberación de Roma.
Detenido y condenado por los fascistas, después de la guerra es detenido y condenado por los antifascistas.
Con todo, no pierde ni un ápice de su notoria indiferencia.
Se cuenta que durante el juicio por su participación en la marcha sobre Roma y la destrucción del orden constitucional, le espeta en voz alta al presidente del tribunal que lo estaba juzgando: «Recuerde que cuando usted llevaba una camisa negra bajo su toga de magistrado, yo estaba en la cárcel por antifascista».
Fue liberado por gracia soberana. Cuando al final se celebra un nuevo juicio por el asesinato de Matteotti, es absuelto por falta de pruebas.
En 1947, Cesarino Rossi regresa de este modo a su antigua profesión de periodista, alejado de la política activa, dedicado a escribir artículos para periódicos democristianos, memoriales sobre el Duce, llenando página tras página con el asesinato que segó la vida de Giacomo Matteotti y marcó la suya. Nunca convenció a nadie.
Muere en Roma, casi con ochenta años, el 9 de agosto de 1967, a esas alturas olvidado por todos.
G IUSEPPE B OTTAI Roma, 3 de septiembre de 1895 – 9 de enero de 1959
Era hijo de Luigi, un comerciante de vinos toscano, y Elena Cortesia, ambos fervientes seguidores de Mazzini. De hecho, no recibió educación religiosa, y fue su niñera quien lo bautizó a escondidas.
Voluntario de los Osados, herido y condecorado con una medalla de plata, futurista, poeta aficionado.
Fundador del Fascio de Combate en la capital, organiza las primeras escuadras de acción local y, durante la marcha sobre Roma, está al mando de la columna Abruzzo-Marche.
Elegido diputado en 1924, fundador y director del periódico Critica fascista y posteriormente de la revista Primato , defiende un ideal de fascismo legalizado e integrado en las estructuras del Estado.
Culto e inteligente, fue ministro de Corporaciones de 1929 a 1932, gobernador de Roma y posteriormente de Adís Abeba, superintendente de la educación de los italianos desde su Ministerio de Educación Nacional.
No comparte la « invertebrada filìa » hacia los alemanes y se opone a entrar en guerra, posiciones disidentes que lo convirtieron en un referente para los fascistas críticos, especialmente entre los jóvenes.
Sin embargo, su cultura e inteligencia no le impiden adherirse con entusiasmo a las leyes raciales y aplicarlas con celo.
Durante la sesión del Gran Consejo de julio de 1943, apoya firmemente la moción de Grandi.
A finales de agosto, es acusado —infundadamente— de conspirar contra el Estado: un intento de Badoglio para deshacerse de los jerarcas más importantes.
Es encerrado en la prisión de Regina Coeli.
Por lo tanto, está viviendo en la cárcel el 8 de septiembre y aún se encuentra allí cuando los alemanes liberan a Mussolini y ocupan Roma.
Para salvarle la vida, un amigo acude al jefe de policía Senise, quien firma la orden de liberación.
Al principio encuentra refugio en casa de un antiguo chófer suyo, luego deambula por hospicios y conventos.
Es en uno de estos donde se entera del decreto que concede reducciones o anulaciones de pena a aquellos jerarcas que se distingan por luchar contra los nazis.
A pesar de tener casi cincuenta años, y no queriendo enfrentarse a los italianos de la RSI, se alista en la Legión Extranjera.
Permanece en la Legión durante cuatro años, donde se gana los rangos de legionario escogido, cabo, cabo mayor y sargento.
Al final, su hoja de servicios reza: «C’est en bref un Légionnaire de coeur qui a tojours servi avec honor et fidélité» .
Después de la guerra, operado de una úlcera, es relegado a una mesa con funciones de chupatintas, copista y telefonista, y se pasa los días escribiendo y leyendo a Pascal, Gide y Camus.
Amnistiado en 1947, regresa a Italia al año siguiente.
El MSI, siempre que puede, lo tacha de traidor, o mejor dicho, de «supertraidor». En 1955 contrae la enfermedad de Parkinson, que empeora en 1958; fallece el 9 de enero de 1959.
Los ministros Aldo Moro y Mario Ferrari Aggradi, junto con un piquete del ejército, asisten a su funeral. No se vio a nadie del mundo de la literatura y el arte, que era el suyo.
A UGUSTO T URATI Parma, 25 de agosto de 1888 – Roma, 27 de agosto de 1955
En el país del moralismo hipócrita, solo hay una aspiración que siempre acaba revelándose fatal: la pureza. Lo aprende en sus propias carnes Augusto Turati, desde determinado punto de vista el jerarca más importante de la historia del fascismo después de Mussolini. Sin duda, el más olvidado.