El festival Capítulo 42
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Capítulo 42

Cady se aleja con p a sos rápidos, esquivando a la gente con la práctica de q u ien ya ha pasado d e masiadas ho r as dentro del festival.

El recinto está saturad o . Grupos que avanzan sin mira r , otros que se detienen de go lpe, personas sentadas en el s uelo ocupando espacios.

Hay g en t e que se r íe dem a siado al to , fru t o del alcohol que lleva encima y empujones cada dos por tr es.

El suelo está húmedo y pegajoso, y cada paso que da le cuesta un poco más de lo que debería.

Los baños portátiles aparecen al fondo, iluminados con una luz blanca que no promete nada bueno. Como era de esperar, la cola es larga y desordenada. Cady se coloca detrás de un grupo de chicas que hablan sin parar, casi atropellándose unas a otras mientras se sacan fotos.

—Tía, te juro que llevo aquí media vida —dice una.

—Me hacéis un corro y meo en el centro. No aguanto más— dice otra.

Al g uien pr o tes t a po r que se cuela o tr a persona. Nadie hace demasiado c a so. El olor a desinfectante se mezcla con a l cohol y sudo r .

Una chica sale de u no de los baños con mala cara.

—Oye, aviso —dice—. No queda papel.

—¿En serio? — r esponde alguien desde la fila.

—En serio.

—Bueno —dice otra—. Ya improvisaremos .

La cola avanza poco a p o co. Cady saca el m ó vil casi sin pensar, intentando hacer t iempo.

M i r a las fo to s que se han hecho y los vídeos que han grabado del conci er to de Imagine Drag o ns.

Decide s u bir una hist or ia en su perf i l de Insta gr am cuando le salta una no t ificación de Dan e n el g r upo de WhatsApp:

He tenido que ir al c a mping a por dine r o. N o encuentro la tienda. ¿Estáis por ahí?

Le quedan pocas personas delante para entrar en uno de los baños. Cady suspira. Se frota la frente con dos dedos.

¿Cómo que no la e ncuentras?. La cont e stación llega rápid o .

Todo está oscurísimo. Y las tiendas son iguales

«Voy yo ahora — contesta Cady —. Meo y me acerco, que ent r o ya.»

Cady guarda el móvil antes de darle más vueltas.

Cuando por fin entra al baño, lo hace deprisa.

El interior es estrecho y desagradable. No mira demasiado porque sabe lo que va a encontrar.

Mea en tiempo récord. Cuando sale del baño portátil, una chica entra empujándola, haciendo que casi se caiga en el suelo embarrado.

Se lava las manos sin ganas y se las seca en el pantalón.

¿Vas tú entonces? — l e escribe Esther

Sí, est o y de camino —contesta

Cuando deja el r ecinto a tr ás pa r ece que entra en un nuevo lugar.

El r uido se va apagando poco a poco y las luces del festival quedan a tr ás.

La o scuridad reina en la z o na de acampadas y solo se e scuchan las voc e s l e jan a s de gr upos de amigos que deciden re t i r a r se ya e irse a sus casas.

El camino hacia s us t i endas de campañ a e s t á muy poco iluminado y l a s p o cas far o las que e stán en c endidas apen a s hacen que Cady vea con claridad. « Pues sí que está esto oscuro», piensa.

Sin r ast r o de Dan. Saca el m ó vil pa r a mand a r un mensaje, pero antes de desbloq u ea r lo una mano le rodea con f uerza la muñeca y se lo tira. Es un ti ró n violento y seco, haciéndole que caiga al suelo de tie rr a.

La a rr astra fue r a del camino y la empuja hacia un la t e r al donde no llega la poca luz que hay en la zona. Cady intenta g r i t ar, pe r o el sonido se pierde en el ai r e, a bso r bido p o r e l ruido lejano del festival.

Siente un dolor agudo, breve, como un corte. Luego calor. El miedo le atraviesa el cuerpo entero. Reacciona sin pensar. Se revuelve, golpea hacia atrás con el codo y nota cómo la presión afloja apenas un instante. Aprovecha que la persona le suelta para salir corriendo.

C or re sin mirar at r ás. El ai r e le quema los pulmones. El co r azón le golpea el pecho con violencia. L a s ramas le arañan braz o s y pie r nas, se l e enganchan en la ro pa. Tr o pieza, se levanta, sigue.

Cady corre entre las t iendas b u scando a Dan. Una linterna. Una sombra. Nada.

—¿Dan? —d i ce, pe r o la voz apenas le sale.

Siente que l o s pasos d e tr ás de ella siguen a h í. O quizá es solo su p ro pio pulso. Se de s vía h a cia u na z o na más oscura, donde empiezan l o s á r boles. La luz desa p a r ece casi p o r completo.

Entonces lo ve.

En uno de los troncos que t iene delante de ella e stá dibujada la inte rrog ación r oja. El símbolo q u e apa r eció en el árbol donde encont r aron a Jessica.

No se detiene. El pie le resbala en la t ier r a húmeda. Tr o pieza y cae de bruces. El go lpe le ro ba el ai r e. Se queda unos segundos i n m óv il, con la cara cont r a el suelo frí o . Se ar r ast r a lo justo pa r a quedar medio oculta t r as un árbol.

Escucha. Nada.

El silencio es absolu t o . Tanto que puede escuchar los propios latidos de su corazón. C og e el m ó vil sin pensarl o , abre la aplicación pa r a mandar un mensaje de voz po r que sus manos no le permiten escribir en este moment o .

—Esther…—empiez a adecir. Entonces lo siente.

Una presencia dem a s i ado ce r ca. Una mano eme rg e desde la oscuridad y se p os a sobre su hombr o . Cady se queda paralizada. An t es de poder g r itar lo r ec o noce. Lleva a Dan atado de pies y manos con cuerdas. Ese olor le es familiar.

—¿Tú…?—susurra.