Capítulo 30
El sol ya empieza a picar y Esther no t a cómo el sudor se desliza por su espalda.
Se detiene un momen t o para quitarse la chaqueta y g uarda r la en la m o chila.
Aunque pesa menos de lo q u e debe r ía, sabe que tiene to do lo que necesita pa r a est o s días.
M ient r as está de camino a casa de Cady , ve a lo lejos pe r sonas car g adas con maletas.
Aunque al p r i n cipio cree que son l o s t ípicos t uristas que se van cada a ño a esa zona, cuando se está acercando más, distingue a un g r u po que le resulta m ás que f a miliar: Evan y sus amigos del insti t ut o .
Van car g ad o s con m o chilas, neveras p ort átiles y bolsas g r andes. Se ríen y discuten sobre quién lleva más peso o si alguien ha o l vid a do alg o .
—¡E y , Esthe r ! —le saluda Evan, avanzando un poco para alcanzarle y da r le un abraz o —. ¿Vas ya hacia el festival?
Ese abrazo le toma por so r presa. No esperaba que delante de sus amig o s le die r a una muest r a de cariño. ¿S a brían ellos que ya se hablaban?
—Sí, voy a casa de Cady p r ime r o. Tenemos que ultimar detalles antes de subi r nos al camping.
—Pe r fect o . Nosotr o s vamos a dejar las cosas en el camping antes de que empiece to do el mundo a llegar. ¡N o s vemos luego !
Tras este inesperado encuent ro , Esther continúa su c a mino hacia casa de su amiga.
Al llegar, ve que la puer t a está ent r eabier t a, pero que de fondo se escucha ya unas de las canciones f a vo r itas del g r upo.
Poco a poco se acerca a la puerta y, a pesar de que está un poco abierta decide tocar, anunciando su llegada.
—¡Esthe r , pasa! ¡Ya casi lo tenem o s todo listo! — le grita Cady desde la segunda planta de su c a sa.
Tan pronto como escucha a su amiga, entra, deja sus cosas en el descansillo y sube co rr iendo las escaleras hacia el cuarto de su amiga. Allí encuentra a Cady y a Dan mirando el escrito r io lleno de papeles, las en tr adas, pla no s del festival y una lista de cosas que no p o dían olvidar.
—¡Genial que hay a s llegad o ! —exclama Cady mientras mete una camiseta en su mochila—. Tenemos que r evisar q ue to do esté e n or den: ho r a r ios de los concier to s, puntos de e ncuent ro , zona de camping, linte r nas, cargado r es, a g ua, comida…
—Vale, vamos a divi d i r nos. —indica Dan—. Tú, Esthe r , revisa las t iendas de campaña y sacos de do r mi r . Yo me enca r go de la comida y Cady con l o s acceso r i o s. Así no se nos olvida nada.
Se inclina sobre la lis t a, t o mando no t a mental de t odo lo que tiene que revisar y piensa lo que lleva en su mochila.
Todo tiene que estar pe r fecto. Nada puede fallar, aunque conta r an con el comodín de que su padrast r o estaría trabajando en el festival y en caso de necesitar cualquier cosa pod r ía l levársela .
En menos de u na h o r a tienen to do list o , p r epa r ado y o rg anizando pa r a salir hacia el recinto. Ca d a cosa está su sitio: r opa extra en la p a rt e de a rr iba de las m o chilas, map a s del camping doblad o s con c uidado, y las en tr adas en un bolsillo seguro.
—¡Vamos! Tenemos q ue llegar al camping ant e s de que empiece a llenarse. — dice Cady, levantándose de su cama.
Cinco minutos después están en el coche de su madre, que les está espe r ando delante de su casa.
Nada más cer r ar las puertas y c o n los cinturones to davía por abr o char, Ima g ine Drag on s empiezan a sonar y , con ello, los tr es amig o s se unen para cantar como si de un co n c ie r to privado se tratase.
No es solo dive r sión; es un momento de p r epa r ación, una forma de que volver a conectar entre ellos.
Cuando llegan, el r ecinto ya no tiene la ap ar iencia de un simple descampado, aho r a es un mar de col or , d o nde todas las tiendas de campa ñ a son de diferentes tonos.
El griterio que se escucha ya anuncia que son más las pe r sonas que empiezan a org anizar sus per t enencias y a montar lo que va a ser su c asa en est o s d o s días de festival.
La emoción de la gen t e se siente en el ai r e. Esther cierra el maletero y entre todos revisan que nada se quede en el coche. Así, se despiden de la madre de Cady y empiezan a hacer f ila en el puesto de validación de ent r adas pa r a poder en tr ar a la zona del camping.
Tras la rg os minutos de cola, por fin se dirigen al bosque, donde la mayo r ía de gente ya ha p uesto su tienda de campaña y están empezando a beber y dive r ti r se.
—Aquí está bien —i n dica Cady, señalan d o un espacio ent r e d o s á r boles alto s —. Podem o s montar nuest r as tiendas aquí y estar ce r ca de los caminos pri n cipales.
Cady y Dan se ponen manos a la obra mient r as de fondo escuchan l a s p r uebas de sonido de l o s gr upos que van a a brir el festival.
M ient r as, Esther, está sac a ndo l o s sacos de d or mir y organizando t odas sus p e rt enencias.
De vez en cuando levanta la cabeza en busca de Evan que, desde que han llegad o , t o davía no lo había vist o .
—¡Ya están las tiendas montadas! —grita Cady—Vamos a meter todo dentro de cada una y vamos para el recinto.
Mient r as ajusta las esquinas de su s a co de dormir dentro de la t ienda, Esther nota un escalof r ío.
Una sensación que le recorre la colu m na ve r teb r al y le hace mi r ar hacia los árboles.
El bosque que bo r deaba el c a mping parece demasiado sil e ncioso, como si alguien estuv i e r a allí, oculto, observándoles.
—¿Cómo vas, Esthe r ? — p r e g unta Cady , sin no t ar la tensión de s u a m ig a —. Po r que noso tro s hemos t e r minado con las linte r nas y la co mida.
—¡Ya vo y !—cont e sta mientras sale de su tienda. — Chicos… una cosa — dice mi e nt r as baja la vo z — ¿No o s da la sensación de que a l g u i en nos está mirando?
—Vamos, Esthe r , seguro que solo es el viento entre las hojas. ¡Vamos a d i sfrutar d el festival, que está a punto de empezar !
El sol ya está b a ja n do y la música del escenario principal llena el recinto del Loom Festival.
La gente está animada y espera con ganas lo que está por venir en estos dos días.
Pero Esther no consigue quitarse de la cabeza la sensación de que hay alguien en el bosque que los observa.
Cierra los ojos un momento, respira e intenta tranquilizarse.
—Vamos.