Capítulo 29
No son ni las seis de la mañana y Esther ya está con l o s ojos abiert o s.
Ha llegado el gran día. Se ha propuesto olvidar to do lo que le ha pasado en las últ i mas veinticuatro ho r as, para p o der disfrutar al máximo de lo que va a ser una de las mejores e x pe r iencias de su vida.
C o ge el móvil que está cargánd o se encima d e su me s ita de no c he, r evisa los mensajes y son r íe al ver que la cuenta a tr ás para el Loom Festival ha finalizado.
Se incorpora, todavía con el pelo revuelto por la almohada, y estiralos brazos hacia el techo. Se siente ligera, como si todo el peso de la traición y la confusión se hubiera quedado atrás.
Todo es t á en su sitio: los planes, l o s ho r ari o s, las entradas y, lo más impo rt ante, la sensación de que h o y puede ser un g r an día.
Baja a l a cocina, t o dav í a en p i jama, y e ncuent r a Richard prepa r ando café y revisando unos papeles sobre la mesa. Este levanta la vista y le son r íe.
—Buenos días—dice é l , con la voz suave pero firme—. ¿Do r miste bien?
—Más o menos — r esponde Esther, mient r as se si r ve un poco de zumo.
La noche de antes, Es t her había e sc u chado c ó mo su m a d r e y Richard habían esta d o hablando de su conve r sación con los amigos. Ella sabía que Richard no iba a estar muy de acuerdo en la d e cisión de p e r d o narles, pe r o aceptaría cual q uier decisión que t o ma r a.
—Tu madre me dijo que ayer quedaste con Cady, Evan y Dan… ¿t o do bien?
—Sí. Les he pe r d o na d o y he decidido intentarlo de nuevo. Tod o s. Cady , Dan, Evan… C r eo que por p r imera vez en mucho t iempo p o demos confiar ot r a vez.
Richard deja la t aza sobre la mesa y se acerca a ella, le da un beso en la m e jilla y se va a fre g ar las tazas del desayuno.
—¿Sab e s? Ayer me acordé de cuando jugá b amos a juegos de mesa tú, mamá y yo… Cuando pase el festival pod r íamos volver a hacer las ta r des de jueg o s y palomitas.
—Me encanta r ía — dice gi r ándose hacia la mesa donde está Esther desayunando. — Hablando del festival… ¿A qué ho r a t enéis que estar allí?
—A las 15:00 a br e n e l acc e so al c a mping, p e r o hasta las 20:00 no e s el primer concierto. Oye, ¿dónde está mamá?
—Ha madrugado para ir a la ciudad a hacer unas compras, esta r á aquí para la ho r a de comer. Yo me i r é e n breve, que tenemos que preparar el dispositivo pa r a el f estival.
Esther se queda un momento mirándolo. Sabe que su padrastro siempre ha querido protegerla, incluso cuando eso significaba mantenerse al margen de sus decisiones. Ahora lo entiende mejor.
—Me hace sentir más tr anquila que estés est o s días. Aunque no voy a nec e sitar que me p r o t ejas t odo el tiempo, ¿ eh? —añade con un g uiño.
—Lo sé. Solo esta r é ce r ca, como siempre. Aho r a, ve y disfruta. Q ue es tu primer festival con tus amigos.
—Lo har é . —Le da un beso r ápido e n la me j illa ant e s de subir de nu e vo a su h a bitación.
Sube co rr iendo las escale r as y ent r a en su c u a r t o .
Empieza a me t er to do lo que va a nece s itar pa r a el festival: r opa, cargado r es, dinero suelto y la identificación.
C og e las pulse r as pa r a p o der acceder al r ecinto y empieza a vesti r se.
Vaqueros, una camise t a ligera y una chaqueta fina por si acaso refresca y que combina con sus zapatillas favo r itas.
Se mira al espejo y sonríe; el reflejo le devuelve a una chica lista pa r a disfrutar, sin miedo y con la fuerza de quien ha superado una de l a s s it uaciones más d i fícil e s que ha t enido con sus a mig o s.
Antes de salir, r evisa una vez más el mó v il. Los mensaj e s de sus amigos confi r man que han qued a do al mediodía en casa de Cady pa r a que su madre l o s lleve al festival y no ir cargados con las tiendas de campaña.
Se diri g e a la puer t a y la ab r e, encont r ándose con Richard. Él sostiene la ch a queta y la mochila de segur i dad que llevará al festival.
—Recuerda, nos vemos allí —dice él—. Y, E s the r , mantén los ojos abier to s y el t eléfono a mano, solo por si pasa alg o .
—Lo haré — r esponde ella, conteniendo una sonrisa nerviosa— Y… gr acias por todo.
El día acaba de empezar, pero ya siente que será inolvidable.
Con cada paso hacia el festival, tiene más claro que no se arrepiente de las decisiones que ha tomado.
El poco aire que hace a esas horas le despeja la cabeza y, por un momento, todo parece encajar: los amigos, las reconciliaciones, la música que sonará pronto y la sensación de que hoy puede ser solo suyo.
El móvil empieza a v i br a r le en el bolsillo.
Esther lo saca y, al abri r lo, algo cae con un lig er o go lpe sobre la palma de s u mano.
Una car t a del ¿ Q u ién es Quié n ? La mira un i nstante.
Al gi r a r la, su cor azón se acelera. El interrogante dibujado det r ás de la ca r ta le r ecuerda demasiado bien a la ma r ca del á r bol donde habían dejado a Jessica.
Aquella noche to davía estaba g r abada en su me m o ria, cada señal, ca d a de t alle, cada sombra que se movía e nt r e l o s troncos.
Esther se acuerda de que ayer estuvo jugando con sus amigos a ese juego. «Será de ayer», piensa. Aprieta la carta con fuerza, como si al sostenerla pudiera contener todo lo que está por venir. Respira hondo, se guarda la carta en el bolsillo y da un paso más, decidida.
El Lo o m Festival les espera.